¿QUIÉN LE CREE AL LOBO FEROZ?

Angélica Mora Beals

angelicamorabeals@yahoo.com

Las débiles señales de apertura que trata de enviar el régimen de La Habana a la población cubana y a la comunidad internacional son como pequeños petardos en medio de una fiesta de fuegos artificiales.

Mientras el mundo marcha de acuerdo a las exigencias de lo moderno, el gobierno de Raúl Castro trata de marcar el paso con una cojera lastimosa, que además nadie toma en serio.

El gobierno cubano quiere dinero, pero sin abrirse a las exigencias que conllevan los cambios económicos. Cierra la libre iniciativa, persigue a los cuentapropistas y solo busca que entren los dólares, pero sin ceder en nada y siempre apretando.

Lo mismo sucede con la libre expresión ciudadana: Se pide que se hagan denuncias de corrupción y de fallas en la administración, pero luego los reclamos no se toman en cuenta debido a que en el fondo se quiere preservar a toda costa el poder político.

Solo surte efecto la represión contra los opositores, demostración de fuerza que mantiene al resto de la población atemorizada.

El problema es que la Cúpula Gobernante Cubana quiere dinero, pero sin capitalismo y sin modificar en lo más mínimo, las estructuras apolilladas de su economía.

 

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