LOS AÑOS PASAN, LA LUCHA ES ETERNA.

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

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Los cubanos, tanto dentro como fuera de esa moderna Isla del Diablo asentada en El Caribe que se llama Cuba, despedimos el 2013 con el dolor de carecer de patria y la vergüenza de no haber sido capaces de sacudirnos el yugo y mandar al infierno a nuestros demonios. En la década de 1960, cuando todavía confiábamos en la capacidad de los buenos para el sacrificio e ignorábamos la intensidad de los malos para la destrucción y el odio, despedíamos cada año profesando nuestra lealtad a la patria, la decisión de liberarla y la convicción de que sería el último de la tiranía.

Pero 55 años de opresión, peregrinaje, cansancio, fracasos y traiciones han demostrado ser suficientes para erosionar, hasta en los más acendrados patriotas, el optimismo y la esperanza. Los más abatidos por estas circunstancias han caído víctimas del maleficio de Dante de "abandonar toda esperanza". Son los mismos que no sólo han dejado de combatir a la tiranía sino han llegado a aceptarla como un hecho consumado e irreversible. Para estos infelices, la patria es un recuerdo nebuloso y la obligación de contribuir a su liberación un molesto recordatorio.

Y, que conste, que estos que acabo de describir son los verdaderos patriotas que una vez abandonaron fortuna, posiciones, amigos y hasta familiares para enfrentarse a la avalancha de crimen, corrupción y odio de la chusma envalentonada que se apoderó de la patria aquel trágico primero de enero de 1959. Ni que decir de la ralea de apátridas que prolongan la agonía de nuestro pueblo enviando desde el exterior miles de millones de dólares a unos parásitos en Cuba que viven del cuento y del chantaje. Ya los he condenado en otros trabajos y no quiero empezar este año con el sabor amargo de recordar sus mezquindades.

Mi propósito en esta ocasión, y nunca escribo sin un propósito específico, es alimentar la esperanza y fortalecer la voluntad de servicio de quienes todavía llevamos a Cuba en el corazón y la tenemos presente en nuestra vida diaria como si nunca hubiésemos salido de ella. Los que nunca hemos echado raíces emocionales en otras tierras a pesar de haber fundado familias, establecido amistades, triunfado en nuestra profesiones y hasta adquirido fortunas. Creo que una vez lo dije: "Para esas tierras extrañas tenemos gratitud pero nuestra única lealtad es para nuestra patria oprimida, humillada y traicionada". Cubano hasta que Dios me llame ante su justicia que espero sea compasiva a la hora de juzgar mis pecados.

Así llegamos a un 2014 donde el reloj de nuestra libertad parece detenido en la hora de la inercia y de la desorientación. Como de costumbre, los mandamases anuncian proyectos fraudulentos para ganar tiempo en lo que saben es su ineludible despeñadero hacia el castigo ejemplarizante que se han ganado por sus horrendos crímenes. La oposición dentro del país desarrolla un activismo de calistenia que le permite mantener vigencia sin arriesgar demasiado la cabeza. Los asesinatos de Zapata, Payá y Poyan han producido en los opositores más recios el resultado de parálisis que se propuso la tiranía. Pululan, por otra parte, los opositores de poliéster que le hacen el juego al régimen.

Entre quienes vivimos en el exterior los exiliados comprometidos con nuestra libertad somos cada día menos numerosos y los opositores casi han desaparecido. El almanaque se ha encargado de hacerle el trabajo sucio a los tiranos. Por otra parte, los que han llegado en los últimos 20 años creen que Céspedes era un latifundista explotador de negros, que Maceo era una víctima de la discriminación racial entre los mambises y que Martí era un discípulo de Lenin. Se les enseñó que el ejercicio pleno de nuestra soberanía había comenzado el primero de enero de 1959, que la libertad ciudadana estaba condicionada a los intereses del estado omnipresente y que el máximo líder era la fuente de todos los beneficios. No debemos, por lo tanto, extrañarnos de que no crean en la patria, no confíen en nadie, no conozcan la libertad y no estén interesados en otra cosa que no sea la satisfacción de sus placeres hedonistas.

Visto así, de pasada, el panorama es negro y les aseguro que el calificativo no lleva implícito sentimiento alguno de racismo. Pero, si quienes nos hemos impuesto la tarea de servir a la causa de la libertad queremos mantener nuestra autoestima, no podemos dejarnos influenciar por circunstancias adversas ni tenemos la opción de renunciar a nuestros principios. Para hombres así la cuestión es de vida o muerte. No de muerte física sino de muerte moral, que es la más horrenda de todas las muertes.

Para nosotros, la lucha no puede ser una carga sino el alimento de cada mañana que nos dé fuerza para llevar a cabo la misión sagrada de servir a nuestros semejantes. Quienes en Cuba sufren, aún los equivocados que una vez se alinearon con los opresores y se han convertido hoy en sus víctimas, merecen nuestra solidaridad y nuestra compasión. Por esa patria grande donde cupiéramos todos murió Martí en Dos Ríos. Y quienes tuvimos el privilegio de conocerla tenemos la obligación de enseñársela a quienes la tiranía les negó esa oportunidad.

Como en los 55 años anteriores el 2013 vino y se fue sin que la prolongada noche de nuestra opresión diera paso a nuestro ansiado amanecer de libertad. Ahí están los esbirros dando palos y el pueblo aguantando callado, con excepción de unas pocas voces esporádicas amordazadas por la férrea censura de la tiranía. Nada indica que nuestra entrada en el 2014 nos traiga la libertad por la que hemos trabajado durante tantos años. Pero los años son unidades caprichosas con las cuales el hombre ha decidido medir el tiempo. Nada tienen de determinantes, de fatídicos, ni de eternos. Somos los hombres, con nuestra voluntad de lucha, quienes creamos los acontecimientos que determinan el curso de la historia. Y esa lucha no tiene otra medida que la eternidad, esencia y contexto de la creación divina.

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