BENDITOS LOS QUE NO TRANSIGEN

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

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Por una de esas razones inexplicable de la memoria me levanté esta mañana pensando en Juanito Pérez Franco. Recordé con meridiana claridad la visita que le hice en su lecho de muerte en septiembre del 2003. Aquel patriota excepcional que se lanzó en paracaídas en abril de 1961 para derrocar a la tiranía castrista y que presidió en seis ocasiones la Asociación de Veteranos de Bahía de Cochinos moría angustiado porque no podría ver el final de nuestra pesadilla nacional. Pero, siempre el hombre de carácter firme y principios sólidos, me ratificó que mantenía su posición de intransigencia frente al régimen diabólico que oprime a nuestra patria.

Desafortunadamente, los hombres de la estirpe de acero de Juanito han ido cayendo víctimas de ese enemigo implacable que es el tiempo. Lo que no lograron las balas castristas lo lograron los años, la enfermedad y la orfandad de patria. La lucha ha sido tan larga que los millares de heroicos guerreros y mártires de nuestra epopeya son hoy únicamente una nota al margen de una historia inconclusa que escriben nuevos actores, cuyas armas, estrategias y puntos de referencia son muy distintos a los de Juanito y a los de quienes compartimos su posición inconmovible de intransigencia frente a la tiranía.

Por obra y gracia de una prensa internacional controlada por las izquierdas, de los aspirantes a tiranos que visitan La Habana para recibir la bendición del sátrapa, de los mercaderes foráneos que medran con nuestra desgracia y de los apaciguadores internos que hacen el juego a los tiranos a cambio de míseras prebendas la "intransigencia" se ha convertido en una mala palabra.

Lo que está de moda son la "negociación", el "dialogo" y la "transición pacífica", tres falacias que solo benefician a la tiranía; porque el tiempo siempre está a favor de quienes detentan el poder por el terror y la violencia. Mientras tanto, ellos disfrutan de impunidad para apalear mujeres, encarcelar opositores, asesinar adversarios y reprimir con violencia a ciudadanos pacíficos. Sus opositores, en cambio, tienen que aceptar el castigo sin rebelarse si no quieren ser acusados de "intransigentes" o, peor aún, de "terroristas".

Antes de continuar se impone, sin embargo, una visita al Diccionario de la Real Academia para precisar el significado de términos tan maltratados por los alabarderos de la izquierda. El diccionario define "transigir" como: "Consentir en parte con lo que no se cree justo, razonable o verdadero.." De ahí que el "intransigente" sea definido como: "El que no transige o se presta a transigir". El intransigente es, por lo tanto, el hombre que lucha en defensa de sus principios sin importarle las consecuencias adversas mientras que el que transige se rinde antes de empezar la lucha y cambia principios por conveniencia.

En tal sentido, decimos con satisfacción que Juanito no estaba solo cuando desafiaba a los tiranos desde la roca firme de sus principios. Por el contrario, estaba acompañado de figuras que, en la defensa de sus principios, han determinado el curso de la historia humana. Empecemos por el principio.

Jesucristo se negó a transigir con la corrupción de los fariseos y no negoció con Caifás o Pilatos. A los primeros los llamó: " hipócritas!, que son como sepulcros blanqueados, bien arreglados por fuera, pero llenos por dentro de huesos de muertos y de toda clase de impureza.…". Cuando lo llevaron ante Pilatos, aunque sabía que el castigo sería la muerte por crucifixión, no le pidió clemencia sino lo retó con la verdad revelada de su naturaleza divina. El Evangelio de Juan nos relata el intercambio entre Jesucristo y el Procurado Romano. A la pregunta de Pilatos: «Conque ¿tú eres rey?», Él responde: <<Tú lo dices, soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo, para ser testigo de la verdad.>>

Desde un punto de vista mundano, intransigentes fueron los padres fundadores de los pueblos de nuestra América. Thomas Paine, cuya pluma incendiaria inyectó energías con su "Common Sence"a los guerreros hambrientos y descalzos de Valley Forge, escribió: "Un ejército de principios puede penetrar donde un ejército de soldados no puede hacerlo".

Por su parte, Bolívar, con su Decreto de Guerra a Muerte de 15 de junio de 1813, no anduvo con rodeos a la hora de salvar a su revolución de un inminente descalabro. Entonces advirtió: " Todo español que no conspire contra la tiranía en favor de la justa causa por los medios más activos y eficaces, será tenido por enemigo y castigado como traidor a la patria, y por consecuencia será irremisiblemente pasado por las armas".

Nuestra propia patria ha tenido el privilegio de hijos que han preferido sucumbir antes que transigir. Hasta aquel poeta pletórico de ternuras que fue José Martí entendió la necesidad de ser firmes frente a las fuerzas del mal cuando afirmó: "Al acero responde el acero, y la amistad a la amistad. Mientras la justicia no está conseguida, se pelea". A los autonomistas, que defendían la colaboración con España bajo la teoría de un cambio evolutivo los llamó: ""El partido de la equivocación permanente".

No se quedó atrás el General Antonio Maceo, el centauro de cien batallas, burlador de la muerte que lo asedió con 27 impactos de bala e iluminado de la Protesta Baraguá, el 15 de mayo de 1878, cuando rechazó las generosas condiciones de rendición que le ofreció Martinez Campos, y prosiguió más tarde a sellar con su sangre en San Pedro su frase inmortal de: "La libertad no se mendiga, se conquista con el filo del machete".

En el Siglo XX, el episodio más bochornoso de apaciguamiento frente a un tirano fue escenificado en Munich el 29 de septiembre de 1938 en el pacto entre Hitler y el Primer Ministro inglés Neville Chamberlain. El primero consiguió todo lo reclamaba mientras que el segundo obtuvo un pedazo de papel y regresó a Inglaterra diciendo que traía "la paz con honor, la paz de nuestro tiempo". Aún atormentados por los horrores de la Primera Guerra Mundial los ingleses no escucharon las advertencias de Winston Churchill quien se opuso a la negociación con uno de sus gráficos ejemplos cuando dijo: "Si un perro se abalanza contra mí, le pego un tiro antes de que me muerda".

En menos de un año los apaciguadores se dieron cuenta de los riesgos de negociar con tiranos. La cobardía y el apaciguamiento mostrados por Chamberlain en Munich envalentonaron a Adolfo Hitler en sus aspiraciones expansionistas y desencadenaron el holocausto de una Segunda Guerra Mundial con un saldo de cuarenta y siete millones de muertos.

Aquellos de mis compatriotas que se hagan ilusiones con una transición pacífica que resulte de la renuncia voluntaria de los tiranos a sus privilegios y a su poder absoluto harían bien en leer un poco de historia. Hitler ha sido, después de todo, uno de los ídolos del diablo mayor desde sus años de escuela secundaria.

Deben, sobre todo, tener en cuenta que no se puede convertir en templo de armonía y prosperidad lo que ha sido por más de medio siglo un páramo desolado y un infierno gobernado por los delegados del Diablo en la Tierra. Lo más lógico, aunque lo más doloroso, será derribar esta casa carcomida por el comején para construir desde sus cimientos a la nueva nación cubana.

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