LAS MENTIRAS DEL REY OBAMA

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

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El 9 de septiembre del 2009, el representante por Carolina del Sur, Joe Wilson, gritó a todo pulmón: "Tú mientes", cuando Barack Obama estaba vendiendo ante el Congreso los beneficios de su proyecto predilecto, la Ley de Salud Asequible. Una ley bautizada ahora con toda justicia como Obamacare, pues la misma será factor determinante en el legado que dejará este presidente cuya forma de gobernar despierta intensas pasiones tanto entre sus fanáticos defensores como entre sus declarados adversarios.

Cinco años después de estar sufriendo la arrogancia, las intimidaciones y las mentiras de Barack Obama ha quedado demostrado que Joe Wilson tenía toda la razón. Barack Obama y sus compañeros en una aberrante comparsa que está llevando al abismo a la nación americana mienten con excesiva frecuencia y sin el menor reparo. Veamos algunos ejemplos con la brevedad que demanda un artículo periodístico.

Bajo el gobierno de Obama fue puesta en marcha la operación de venta ilegal de armas "Rápido y Furioso" encaminada a detectar, perseguir y encarcelar a traficantes de droga mexicanos. Cuando la operación devino en un desastre que ocasionó la muerte del agente de la patrulla fronteriza Brian Terry y de centenares de mexicanos al otro lado de la frontera, Barack Obama y su compinche Eric Holder dijeron que el programa había sido iniciado por el presidente George W. Bush. Una mentira que Holder elevó a la categoría perjurio cuando repitió la misma mentira ante una comisión de la Cámara de Representantes.

Cuando fundamentalistas islámicos asesinaron a cuatro funcionarios norteamericanos, incluyendo al Embajador Chris Stevens, el 11 de septiembre del 2012 durante un ataque contra el Consulado de los Estados Unidos en Benghazi, el gobierno de Obama echó mano a su arma defensiva predilecta de la mentira. Hillary Clinton, Susan Rice y Barack Obama conspiraron para mentir cuando los tres afirmaron que el ataque había sido una reacción espontánea motivada por un video anti-islámico producido en los Estados Unidos.

Con posterioridad se ha sabido que un día antes del ataque terrorista, el 10 de septiembre, tuvo lugar en la Casa Blanca una reunión, con la participación del presidente, en que fueron discutidas las precarias medidas de seguridad en las instalaciones diplomáticas norteamericanas donde nadie mencionó el susodicho video. También se ha sabido que los funcionarios de la campaña de reelección de Obama estaban más interesados en mantener una imagen enérgica del presidente frente al terrorismo islámico que en revelar la verdad sobre la tragedia de Benghazi. La mentira fue la tabla de salvación de la reelección de Obama.

Cuando fue dada a la publicidad la persecución de las organizaciones integrantes del movimiento del Tea Party por parte del Servicio de Rentas Internas (IRS), el Presidente dijo que había sido una acción aislada por parte de varios empleados insubordinados de la oficina de esa dependencia en Cincinnati. Otra flagrante mentira. Ahora sabemos que altos funcionarios del gobierno como el Abogado del IRS, un Subsecretario del Tesoro y el abogado de la Casa Blanca estaban al tanto de los planes para perseguir a unos ciudadanos que simplemente ejercían el derecho de participar en los procesos electorales del país.

Cuando fue revelado el escándalo del espionaje de las comunicaciones telefónicas y electrónicas de ciudadanos norteamericanos por la Agencia de Seguridad Nacional, tanto el presidente como el director de esa agencia, General James Clapper, negaron que fuera cierto. Al igual que Holder con anterioridad, Clapper cometió perjurio cuando negó tal ilegalidad ante una comisión del Senado de los Estados Unidos. Cuando más tarde lo agarraron en la mentira tuvo que pedir perdón. Pero hasta ahora no he sabido que Holder o Clapper hayan sido castigados por un perjurio que habría mandado a la cárcel a cualquier ciudadano común.

Pero si reprochables fueron las mentiras ya enumeradas, detestable es la cabalgata de mentiras que ha rodeado la aprobación y los recientes intentos de implementación del Obamacare. Una ley que fue aprobada en medio de la noche sin un solo voto del partido de oposición, que quienes votaron por ella no la leyeron, que quienes tratan de implementarla no la entienden y que quienes están destinados a recibir su impacto no la quieren.

En los meses previos a su aprobación, el presidente mintió con el aplomo de fanáticos que se creen sus propias mentiras y dijo: "Si a usted le gusta su actual plan de seguro, lo puede mantener. Punto. Si a usted le gusta su médico actual, lo puede mantener. Punto. Sus primas bajarán en un promedio de 2,500 dólares al año por familia. El costo del programa nacional de Obamacare será menos de UN MILLON DE MILLONES de dólares. Los extranjeros ilegales no estarán cubierto por Obamacare y este plan no cubrirá el aborto".

Estas no fueron simplemente mentiras. Fueron mentiras diabólicas que Obama sabía que eran mentiras y las lanzó contra el público norteamericano para esconder la verdad del Obamacare y de su impacto sobre una ciudadanía que era mantenida ignorante de sus consecuencias adversas.

Surge entonces la pregunta de ¿cómo puede dormir un hombre que logra sus objetivos mintiendo a sabiendas a quienes lo eligieron para el cargo? Quizás porque en su mente de narcisista incurable Obama se considera una especie de rey de una democracia parlamentaria donde todo el poder reside en el Primer Ministro y en el gabinete. No en el rey. Él se considera un Mesías providencial que se reserva el papel de inspirar a los ciudadanos en los grandes temas nacionales sin ocuparse de las minucias de la administración cotidiana.

Por eso, cuando se espera que asuma algún tipo de responsabilidad por los problemas que él mismo ha creado opta por unirse a la indignación pública. "Nadie está más indignado que yo", exclamó hace unos días con respecto al desastre de la página creada para que los ciudadanos se inscriban en el Obamacare. Se cambia constantemente de disfraz para representar el personaje que más lo beneficie en ese momento político. En el ropero de este personaje hay más disfraces que en los de una vedette de Las Vegas.

La otra parte de este acertijo es que su profesión de organizador comunitario no lo preparó para las grandes responsabilidades de la presidencia. Su asesora e intima amiga Valerie Jarret dijo una vez que Obama no solamente carecía de experiencia en administrar operación alguna sino que jamás había tenido un empleo que lo obligara a trabajar de las 9 de la mañana a las 5 de la tarde. Cuando juró su cargo Obama no sabía lo que no sabía, pero su ego gigantesco lo llevó incluso a decir que él estaba más capacitado que su propio jefe de personal para desempeñar las funciones de ese cargo.

Sin embargo, a pesar de sus limitaciones como gobernante, Obama fue electo en el 2008 y reelecto 4 años más tarde. Con ello ha demostrado que, como aquellos vendedores de pociones a las que se atribuía cualidades milagrosas en el oeste americano, tiene una habilidad extraordinaria para cautivar a quienes creen en la supuesta capacidad del gobierno para solucionar grandes problemas. Una cantidad considerable de quienes lo defienden a ultranza son fanáticos que no quieren ser perturbados con hechos porque son felices en las falsas realidades fabricadas dentro de los parámetros de su ideología de izquierda.

Por otra parte, hay realidades cuyo impacto tienen la capacidad de despertar a los mas dormidos, perturbar a los más indiferentes y romper el encantamiento de los más fanáticos. Ese es el caso del impacto devastador del Obamacare sobre casi todos los estratos de la sociedad norteamericana. Obama ha sido capaz de capear los temporales de Benghazi, de Rápido y Furioso, del espionaje a los ciudadanos y de la persecución de los miembros del Tea Party porque los mismos han hecho un impacto limitado en segmentos parciales de la ciudadanía estadunidense.

Pero Obamacare es harina de otro costal. Su impacto desmoralizante y demoledor afectará el bolsillo de los pobres y de la clase media en proporciones gigantescas, la misma gente que Obama dijo que se proponía beneficiar en su obsesiva campaña por transformar radicalmente a la sociedad norteamericana. En el Obamacare el rey mentiroso fue demasiado lejos y anda en paños menores con las mentiras al descubierto que serán el santo y seña de su fracasada presidencia.

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