CONTRA EL ABUSO DEL PODER SIN LÍMITES

(Dos temas)

Por Hugo J. Byrne

La abusiva violación de nuestros derechos continúa. Lo más trágico de cuanto está sucediendo en Estados Unidos no es la actitud de la rama Ejecutiva coartando el pleno disfrute de la libertad, sino la indiferencia de muchos ante esa corrupción de las instituciones. La permanente ofensiva contra el libre arbitrio no parece provocarlos. Lucen sordos, ciegos y mudos y en ocasiones parecería que procuran no enterarse del despojo constante a su dignidad individual. Son en potencia víctimas de una íntima y crónica corruptela: esclavos por vocación.

¿Qué hacer para evidenciar la mentira y reverdecer la virtud, o “ponerla de moda”, como genialmente afirmara Martí? Regresar al imperio de la ley es trabajo ingrato, pero simple. En realidad basta con informarse y actuar en consecuencia. Esta labor varía en profundidad, dependiendo de cuál sea el propósito. No es lo mismo decidir sobre el voto entre candidatos o agendas políticas, que informar al público sobre el tema. Para esto último, es necesario no sólo criterio firme, sino conocimiento preciso del pasado.

UNO

He leído dos libros del popular comentarista de Fox News Channel, Bill O’Reilly, quien domina los “ratings” del cable; “Killing Lincoln” y “Killing Kennedy”. Haré un discreto comentario crítico sobre el segundo. El libro está acompañado de una extensa bibliografía, que incluye “Fidel: “Hollywood’s Favorite Tyrant”, de mi amigo el afamado escritor Humberto Fontova. Sin embargo, la bibliografía de “Killing Kennedy” no cubre ninguna información del pasado de Castro, omisión absurda dado que este último aún se cuenta entre los probables autores intelectuales en un magnicidio que permanece asediado por el misterio después de 50 años.

En uno de los capítulos iniciales su autor sugiere que el desembarco en Bahía de Cochinos convirtió a Castro en un enemigo irreconciliable del Presidente Kennedy y de su administración. En otro capítulo, ya no lo sugiere: lo afirma. Error garrafal. El record histórico demuestra sin sombra de duda que Castro ha sido siempre un enemigo mortal de Washington, no importa cuál administración lo encabezara. La ojeriza vitalicia del notorio tirano, que permanecerá intacta hasta su esperada muerte, tiene raíces históricas y familiares. Su más completa fuente biográfica es “Fidel Castro” por Robert E. Quirk.

Quizás una de las pocas ventajas de la vejez para quienes observamos el ambiente, es haber vivido parte de la historia que hoy leemos. Por primera vez en mi vida vi a Fidel Castro en una reunión de estudiantes del Instituto de Segunda Enseñanza de Matanzas, celebrada en el venerable Teatro Sauto de esa localidad, a principios de los años 50.

Aunque no puedo determinar si en esa época el futuro Tirano ya había adquirido el diploma de abogado, asistió allí a título de “líder estudiantil” para hacer el resumen del acto. Por esa época el Instituto estaba cerrado por una huelga que duraría varios meses y cuyo origen es asunto ajeno a este artículo.

En su perorata Castro apenas se refirió al Instituto o la huelga, aparte de las consabidas generalidades. Su diatriba era más bien dirigida contra el gobierno de Cuba (entonces la administración constitucional del Presidente Prío) y contra el “imperialismo yankee”.

Nadie tiene que tomar mi palabra sobre esa ocasión en la que fui testigo. En el tema del genético y vitalicio antiamericanismo de Castro hay pruebas de sobra. ¿Contra quién estaba dirigido el motín en Bogotá de 1948 (llamado “Bogotazo”) durante la Conferencia Panamericana? ¿Acaso no existen pruebas documentales de la participación activa de Castro en actos de violencia criminal en esa asonada subversiva? ¿Es que no hay fotos del entonces Ministro de Estado de Cuba, Guillermo Belt, escoltando a Castro al aeropuerto para regresarlo a Cuba?

¿Acaso había ocurrido el desembarco del 17 de abril de 1961 cuando Castro llamó a Kennedy “millonario analfabeto” en 1960? Castro no robó negocios norteamericanos valuados en miles de millones de dólares en represalia por Bahía de Cochinos: lo hizo muchos meses antes. Tampoco ordenó secuestrar a un grupo de infantes de marina norteamericanos que estaban desarmados y en actividades lícitas, aún antes de adquirir el poder en Cuba por la fuerza. O’Reilly nunca ha sido ni es defensor de Castro: es un historiador insuficiente o deficientemente informado en ese particular.

DOS

Esclavizar a la gente con una estafa requiere mucha desinformación y por ello trataré de establecer la responsabilidad en el llamado “cierre parcial del gobierno federal”, tema al que muchos lectores no tienen acceso adecuado debido a la obvia parcialización de una parte substancial de la prensa. Como todos sabemos, la constitución establece que las leyes se originen en la Cámara de Representantes y que una vez aprobadas por ese cuerpo legislativo sean también sancionadas por el Senado. Aún entonces siguen siendo proyectos y sólo se convierten en leyes cuando el Presidente las firma. No cabe duda que “Obamacare” pasó por todo ese proceso legal.

Que la Cámara de Representantes tenía en esa época una abrumadora mayoría demócrata y que el “Obamacare” fuera aprobado por sólo un puñado de votos tras abundante “retorcida de brazos” por la entonces “Speaker” Pelosi y el Presidente Obama, carece de importancia legal. Sólo se necesitaba la mayoría de un voto. También es inconsecuente que la Corte Suprema aprobara las penalidades para renunciar al “Obamacare” por considerarlas un impuesto, cuando sus proponentes hasta el día de hoy niegan que lo sea.

Lo que no es admitido por la constitución de Estados Unidos es que el Ejecutivo, por capricho o conveniencias políticas, por decreto presidencial o a través de testaferros, modifique, elimine o aplique sólo parcialmente los mandamientos de la ley. Esa prevaricación, que ya ha sido usada por el Departamento de Justicia en el caso de la residencia ilegal, está en el vórtice del llamado “cierre parcial” del gobierno de Washington. Sucede que el “Obamacare” supuestamente ya en funciones, pero no lo está para todo el pueblo.

Las corporaciones y otros negocios con buenas relacione$ con la Casa Blanca son objeto de un año de alivio antes de que se vean conminados a sufragar el ruinoso “Obamacare” o pagar el rescate. No así los individuos, quienes ya confrontan una subida dramática en el costo del seguro de salud, en contradicción flagrante a las promesas electorales de Obama. ¿Igualdad para todos ante la ley? ¡Pamplinas!.

No me sorprende que quienes aplaudan el aumento irresponsable de la deuda nacional llamen “extremistas” a quienes se oponen a la ruinosa práctica, pero cuando era “Jr. Senator” por Illinois, el Presidente Obama combatió esa práctica, llamando “antipatrióticos” a sus ejecutores. ¿Exagerada retórica? Tal vez. Pero en esencia le asistía la razón. Hoy llama cosas peores a cuantos se opongan a la ruina nacional.

 

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