EL OPORTUNISTA JOE GARCÍA.

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

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Confieso con inmensa satisfacción que jamás he estrechado la mano y ni siquiera he saludado a este personaje sinuoso que ha hecho de la simulación y el oportunismo sus instrumentos para vivir del cuento. Se graduó de abogado pero, aunque no tengo información fidedigna, se me ha dicho que no pasó los exámenes para la certificación y por ninguna parte se ha visto que haya alcanzado éxito alguno en el ejercicio de esa profesión. Eso sí, ha mostrado un talento especial para ubicarse a la sombra de los poderosos desde que, como estudiante del Colegio de Belén, ganaba la simpatía de profesores y religiosos ofreciendo sus servicios como fotógrafo o ayudante en actividades extracurriculares.

Temprano en su vida adulta se ubicó bajo la sombra protectora y benefactora de aquel árbol gigantesco de la política cubana del exilio que fue Jorge Más Canosa. Desempeñó diversas funciones dentro de la Fundación Nacional Cubano Americana hasta que, andando el tiempo, trepó al cargo de Director Ejecutivo de la organización.

La Fundación y sus acaudalados directivos con influencia en la política estatal y federal le sirvieron sin dudas de trampolín para lograr el cargo de Presidente de la Florida Public Service Commission y, mientras desempeñaba ese cargo, presidió también la National Association of Regulatory Utility Commissioners. En el curso de su trayectoria burocrática y política fue Director de la New Democrat Network Hispanic Strategy Center y Presidente del Partido Demócrata del Condado de Miami-Dade.

Gracias a esas credenciales de servicio al Partido Demócrata, el Presidente Obama lo nombró en el 2009 para el cargo de Director de la Oficina de Minority Economic Impact del Department of Energy. Joe García había hecho su entrada a altos niveles de la burocracia federal y su olfato le dijo que su futuro político y su prosperidad personal estaban estrechamente entrelazados. Sobre todo, que ambos dependían de su expediente como militante de un partido cuya dirigencia está ubicada a la izquierda del escenario político norteamericano.

El estudiante de la escuela católica echó por la borda los principios que le inculcaron en sus años juveniles y decidió formar filas en las huestes seculares y demagógicas de Nancy Pelosi y de Barack Obama. Cambió el evangelio de Jesús por el de Barack. Adoptando esa ideología materialista, Joe García apoya con vehemencia y estridencia el financiamiento público del aborto al por mayor, el matrimonio entre personas del mismo sexo y el adefesio jurídico del Obamacare. Se opone al mismo tiempo a cualquier privatización del Seguro Social y a cualquier política energética que incluya exploraciones de petróleo frente a las costas de los Estados Unidos.

Teniendo en cuenta estos antecedentes, nadie debe extrañarse de las declaraciones y las acciones de Joe García en las últimas dos semanas. Cuando propone que diplomáticos de la tiranía visiten el Club San Carlos, en Cayo Hueso, y cuando aboga porque se realicen pruebas clínicas en los Estados Unidos sobre un tratamiento para la diabetes desarrollado en un instituto del régimen cubano, Joe García sabe que está hiriendo la sensibilidad del exilio militante que se niega a darle oxígeno a unos tiranos que oprimen al pueblo de Cuba. Pero su objetivo, como el de sus jefes en el partido, no es defender principios sino acumular poder. No es servir los grandes intereses públicos sino promover los estrechos intereses de quienes le financian las campañas.

Y prueba al canto. Uno de sus principales contribuyentes en la exitosa campaña electoral del 2010 fue nada menos que un siniestro personaje que proclama a los cuatro vientos su simpatía por la tiranía cubana. El Presidente de C&T Charter, John Cabañas, donó 15,200 dólares a la campaña de García utilizando los nombres de varios miembros de la familia Cabañas. Y por aquello de "dime con quién andas y te diré quién eres", Joe García posó en una fotografía durante la celebración de su victoria electoral acompañado por cuatro repulsivos fanáticos de la satrapía castrista. Hugo Cancio, Alexis Valdes, el "Gago" y Juan Formell rodean a Joe García desplegando una carcajada eufórica y aberrante en la que muestran hasta las amígdalas. ¡Qué asco este nido de serpientes!

Regresando al tema del San Carlos, citando conversaciones con el Departamento de Estado, García dijo que permitir la visita de los diplomáticos castristas a Cayo Hueso conllevaría a una “reciprocidad” por la cual se les permitiría a los diplomáticos de la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana que viajaran más por Cuba, donde podrían ayudar a disidentes oprimidos por el régimen de Castro. Y en un despliegue de su característico sarcasmo agregó:

“Estoy dispuesto a apostar que nadie se convertirá en comunista en Cayo Hueso. Pero sí creo que los disidentes en Cuba necesitan ayuda”. Después de estas palabras me cuesta trabajo atribuir motivos altruistas a cualquier acción iniciada por este agitador de opereta.

Ahora bien, la profundidad de la herida en el asunto del San Carlos fue descrita con diáfana claridad por el hombre que dedicó tiempo, tesoro y esfuerzo para salvar a la venerable institución del deterioro y el olvido. Un día antes de la ceremonia celebrativa de la restauración me encontraba yo en Cayo Hueso y pude ver al abogado cubanoamericano Rafael Peñalver barriendo escoba en mano los pisos de aquel pedazo de Cuba Libre.

Confrontando la ignominia de García, Peñalver ha dicho ahora que el San Carlos es “tierra sagrada para el pueblo cubano, sus ideales representan todo lo que el régimen opone”. Acto seguido acentuó la importancia histórica del lugar cuando señaló que el padre de la independencia cubana, José Martí, pronunció un discurso de hermandad y amor desde ese balcón el 3 de enero de 1892.

Desde una perspectiva patriótica, la propuesta de este individuo, que reniega de sus raíces cubanas, no es sólo un insulto a José Martí sino a todos aquellos mártires que han ofrendado sus vidas por la libertad de Cuba en este medio siglo de tiranía castrista. Quienes olvidemos el sacrificio y la inmolación de millares de patriotas cuya lista se extiende desde Plinio Prieto hasta Orlando Zapata y desde Virgilio Campanería hasta Oswaldo Payá no tenemos derechos a llamarnos cubanos.

La dimensión del insulto demanda, por lo tanto, una respuesta contundente. Quienes estamos en la posición y tenemos la oportunidad de honrar la memoria de esos mártires y reivindicar el honor de nuestra patria tenemos la obligación de actuar sin pérdida de tiempo. Tenemos que asegurarnos de que este farsante sea despojado de su escaño de privilegios en la Cámara de Representantes. Para ello, tenemos que postular y apoyar a un candidato con la capacidad y los recursos para derrotarlo en las elecciones parciales del 2014. Si no lo hacemos, todo se quedará en palabras como, para bochorno nuestro, pasa con tanta frecuencia entre nosotros los cubanos. Y lo peor de todo es que seremos nosotros quienes perderemos el derecho a llamarnos defensores de la libertad de Cuba.

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