LA MUTACIÓN DE UN BRAVUCÓN ACOBARDADO.

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

Sígame en: http://twitter.com/@AlfredoCepero

Desde que el inefable Barack Obama tomó posesión como presidente de los Estados Unidos declaró que llevaría cabo una transformación integral de la sociedad norteamericana. El autoproclamado Mesías no escondió su vanidosa aspiración a que, como en los textos bíblicos, la historia futura de este país se dividiera en: "Antes de Obama y Después de Obama".

En este sentido, aunque por razones diametralmente opuestas a las del diletante ensoberbecido, concurrimos con él en que ha logrado su cometido. Bajo su presidencia, la sociedad norteamericana atraviesa por la mayor etapa de odios, envidias y resentimientos desde una guerra civil cuyo saldo macabro fue de más de 600,000 muertos. Los muertos de Obama no están en los cementerios sino forman filas entre los empresarios forzados a declararse en quiebra, los desempleados que se han cansado de buscar empleo y los parásitos que han perdido la autoestima y optado por vivir de la caridad del gobierno.

Obama es una página negra en la historia política de los Estados Unidos. Ahora bien, para neutralizar el calificativo de racista que podrían endilgarme sus alabarderos carentes de otros argumentos, aclaro que mis discrepancias con Obama no son por el negro de su piel sino por el rojo de su ideología y por lo deplorable de su desempeño como mandatario.

Por eso estoy convencido de que este presidente no será recordado como el padre de la patria, George Washington, o el salvador de la unión norteamericana, Abraham Lincoln, sino será comparado con fenómenos de destrucción y miseria como el terremoto de San Francisco en 1906, el huracán Katrina en el 2005 y, más cercano a su patio de formación como agitador político, el incendio de Chicago en 1871. Ese será su castigo por haber infligido tanto dolor y haber causado tanto daño al pueblo que lo eligió con tantas esperanzas de redención social.

¿Cómo ha logrado este hombre producir tal descalabro en relativamente tan poco tiempo? La respuesta es obvia para quienes hayan seguido el exitoso experimento de república constitucional diseñado por los constituyentes de Filadelfia en 1776. La transformación integral anunciada por Obama no habría sido posible sin una total violación y un marcado desdén por la Constitución de los Estados Unidos. Su conducta se ajusta como anillo al dedo a la descrita por Arthur Schlesinger, Jr en su obra La Presidencia Imperial, publicada en 1973. Según el autor, una presidencia se convierte en imperial cuando ejerce poderes que trascienden los permitidos por la constitución.

La Constitución Norteamericana estableció tres poderes no solo por razones de eficiencia sino para evitar abusos de poder por cualquiera de las tres ramas, muy especialmente el Poder Ejecutivo. Aunque Teddy Roosevelt y Andrew Jackson se excedieron en sus poderes presidenciales dejaron un legado beneficioso para su pueblo y han sido perdonados por la historia. Ese no fue el caso de un Richard Nixon cuando se arrogó poderes de declarar la guerra, manipular presupuestos y evitar todo tipo de supervisión por parte del Poder Legislativo. Esa ha sido la misma conducta de Obama en los cinco años que lleva en la Casa Blanca. A Nixon la prensa le pasó la cuenta y le costó la presidencia. Obama hace alardes de sus fechorías y la prensa mantiene un ignominioso y cómplice silencio.

Durante estos cinco años, Obama no ha cumplido la obligación constitucional de someter un presupuesto anual que haya logrado la aprobación del Congreso, ha dado instrucciones a su Departamento de Justicia que no someta a procesamiento criminal a delincuentes que hayan violado leyes de inmigración y de uso o distribución de determinadas drogas, puso en vigor elementos del llamado Dream Act cuando el Congreso se negó a aprobarlos, ha utilizado poderes ejecutivos para regular industrias en el campo de la energía y ha suspendido, sin contar con el Congreso que aprobó la ley, la aplicación de aspectos como el "Mandato Empresarial", en su legislación bandera de Obamacare. La Constitución no ha sido un obstáculo para el "emperador" cuando sus cláusulas se han interpuesto a sus intereses políticos y a sus caprichos ideológicos.

En el mismo sentido, su desprecio hacia la constitución se hizo patente en el campo internacional cuando ordenó operaciones militares contra Libia en marzo del 2011 sin contar con la aprobación del Congreso. En este aspecto, los autores de la Constitución determinaron que el poder de iniciar una guerra corresponde exclusivamente al Congreso. El objetivo fue evitar que un presidente belicoso comprometiera al país en onerosos y peligrosos conflictos internacionales sin el consentimiento del pueblo expresado a través de sus congresistas.

Demos ahora un salto a la campaña presidencial del 2012 y los alardes de un apaciguador que, además de reclamar para sí todo el crédito por la muerte de Osama bin Laden, quería aparecer como un valiente defensor de la democracia y la libertad en el mundo. Dijo haber trazado una línea roja y se llenó la boca para amenazar a Bashar al_Assad con drásticas acciones militares si utilizaba armas químicas contra los rebeldes sirios.

Aunque aún existen discrepancias en cuanto a si fueron utilizadas por Assad o por los rebeldes, el hecho incontrovertible es que las armas fueron utilizadas y que causaron la muerte de centenares de civiles sirios. Obama quedó atrapado en su propia retórica y la opción era tomar medidas o quedar como un bravucón acobardado. Pero este manipulador político nunca se ha distinguido por darle el frente a los acontecimientos. El ratón que se escondió tras las faldas de Susan Rice y de Hilary Clinton con motivo de la horrenda masacre de cuatro diplomáticos norteamericanos en Benghazi para evitar cualquier daño a sus aspiraciones reeleccionistas no iba a convertirse en tigre de la noche a la mañana.

Como un consumado camaleón político, optó por refugiarse en las mismas clausulas de la Constitución que ha burlado en repetidas ocasiones durante su presidencia. Decidió no solo consultar el asunto al Congreso sino esperar por el regreso de sus miembros dentro de una semana. Se ha ido además a San Petesburgo a una reunión donde coincidirá con el dictador ruso, Vladimir Putin, nada menos que el matarife que mantiene en el poder a Bashar al_Assad. Con ello demuestra que no tiene interés en confrontar a los enemigos de Estados Unidos ni en ganar la guerra, sino en salvar el poco prestigio personal que le queda haciendo un gesto vacío que en nada cambiara el balance del conflicto sirio.

Las guerras se echan para ganarlas o no se echan, porque es inmoral derrochar recursos y poner en peligro la vida de seres humanos cuando el único objetivo es satisfacer la vanidad de un hombre. Tampoco se le informa al enemigo sobre los objetivos que serán atacados, las armas que serán utilizadas y el tiempo que durará el conflicto. Esa es la guerra al estilo de un agitador comunitario y renuente guerrero convertido en Comandante en Jefe del Ejército más poderoso de la Tierra, que una vez salvó a Europa del holocausto nazi.

También resulta inaudito excluir como objetivos las instalaciones y armamentos que conceden ventaja al enemigo. Ese es el caso de la exclusión de la lista de potenciales objetivos de los 8 principales aeropuertos militares desde los cuales Assad está ganando la guerra con su control de los aires. Resulta igualmente sospechoso que no se contemple como objetivo la base naval en el puerto sirio de Tartus, construida por los rusos y desde la cual Moscú se asegura acceso al Mediterráneo Oriental.

Como ha demostrado con sus gestos de apaciguamiento hacia Putin, lo último que quiere hacer el agitador comunitario es provocar las iras del verdugo ruso. Por otra parte, Obama parece no haberse enterado de que, perdido el elemento crucial de la sorpresa, las guerras avisadas ni matan soldados ni terminan en victoria.

De lo que si se va a enterar muy pronto es de que el resto de su presidencia estará marcado por la más absoluta inconsecuencia. La empezó haciendo desplantes sobre sus habilidades para apaciguar a los enemigos de Estados Unidos, pisoteando la constitución que ha servido de brújula a este país por más de dos siglos, despreciando a los amigos de Washington y atacando con saña a sus adversarios políticos desde su Olimpo de vanidad y arrogancia.

La va a terminar habiendo convertido a los Estados Unidos en una nación que una vez fue temida por sus enemigos y a la cual ya nadie respeta, escondiendo su cobardía personal detrás de la constitución que tantas veces ha violado, abandonado hasta por tradicionales amigos de Washington como los ingleses y como un paria político que encaneció en forma prematura bajo el peso de un cargo para cuyas responsabilidades nunca estuvo preparado.

La Nueva Nación es una publicación independiente cuyas metas son la defensa de la libertad, la preservación de la democracia y la promoción de la libre empresa. Visítenos en : http://www.lanuevanacion.com

SI NO DESEA SEGUIR RECIBIENDO LA NUEVA NACION, PINCHAR ABAJO

FAVOR DE BORRARME DE SU LISTA DE DIRECCIONES

 

COMENTARIOS


Comentario
*El Administrador de la Nueva Nacion se reseva el derecho de no aprobar comentarios inapropiados.
 
Missing Image