NADAR FUERA DEL AGUA

Por Hugo J. Byrne

hugojbyrne@aol.com

Recién recibí por gentileza de compatriotas residentes del área de Miami un libro titulado “Palabras Esperadas”. Esa obra consiste en una entrevista hecha por el periodista colombiano Gabriel E. Taborda al ex General del antiguo Ejército de Cuba, Francisco Tabernilla y Palmero. Aparentemente el libro fue publicado en el 2009 y la entrevista tuvo lugar en el año anterior, así que quizás estoy tratando de desmenuzar fiambre.

Sin embargo, para mí algunos de los detalles narrados son nuevos. Existe la tendencia absurda a creer que conocemos la historia de todo lo que sucedió en nuestro país hasta que salimos para otras tierras. Pero no tenemos el don divino de estar al mismo tiempo en todas partes y Cuba es un archipiélago de 114,000 kilómetros cuadrados de extensión.

No me interesan en un ápice las mutuas recriminaciones entre quienes le dieran “pié a la décima” al establecimiento de la tiranía totalitaria en Cuba, reintroduciendo la violencia como estribo a la conquista del poder político. Me interesan las conclusiones.

Esas inescapables conclusiones son las que el autor (Taborda), muy sutil e inteligentemente, deja a la discreción del público. Entre mis amigos y lectores los hay que han militado originalmente en diversas tendencias políticas, y siguen siendo cubanos exiliados legítimos. Un servidor de todos ellos era a los veinte años un hombre muy diferente al de hoy. Si tuviera la oportunidad de cambiar algunas de mis acciones y opiniones del pasado, no dudaría un instante en hacerlo: “quien esté libre de error, que tire la primera piedra”.

Me dispongo a hacer una lista de mis honestas conclusiones. Muchas, aunque no todas, alcanzadas mucho antes de leer este libro.

La primera es que nada de lo que ocurrió en Cuba que concluyera en la toma del poder absoluto por el castrismo fue inevitable. Más de un cubano exiliado inteligente cree que Castro, quien tratara de derrocar al gobierno constitucional de Carlos Prío desde muchos años antes, lo hubiera al fin logrado de una u otra forma. Respetuosamente discrepo. Recordemos a José Ortega y Gasset, el más logrado filósofo español del pasado siglo: “El hombre es una suma de sí mismo más su circunstancia.

Existe evidencia verbal de que Castro exhortó a quienes dirigían la muchedumbre masiva en el entierro de Eduardo Chibás a continuar hasta el Palacio Presidencial. Castro proponía deponer a Prío y declarar el establecimiento de un nuevo gobierno colegiado: nadie le hizo caso.

Desde mucho antes del 10 de marzo de 1952, Castro visitó a Batista y le propuso exactamente lo mismo que el antiguo sargento taquígrafo hiciera en esa fecha: Batista tampoco le hizo el menor caso.

La segunda conclusión mía es que Cuba estaba totalmente indefensa a partir de las elecciones presidenciales de 1948. En ellas, un Ejecutivo con frecuencia acusado de corrupción y ridiculizado en la prensa por excentricidades y gestos amanerados, pero de férrea voluntad y sutil olfato político, le entregó la presidencia a otro que era el reverso de la medalla. Prío daba la impresión de estar en posesión de las cualidades personales y políticas que hacen a un líder y jefe de estado, pero en realidad era un traje vacío: indeciso y pusilánime (si sueno algo maquiavélico es porque he leído bastante al burócrata florentino).

A diferencia de Grau San Martín, quien enterado de los deseos de Batista de regresar a Cuba, le envió un recado para que se “guardara de los muchachos díscolos”, Prío le extendió todas las garantías posibles. Esas garantías más tarde incluirían una guardia personal de su propia elección. De acuerdo a este libro, a la salida de la audiencia presidencial en que se le concediera semejante privilegio, Bastista afirmó que Prío “era un imbécil” Some gratitude!

La tercera conclusión (una a la que arribé desde hace muchísimos años) es que Cuba perdió toda su efectividad para su defensa nacional el 4 de septiembre de 1933. De acuerdo a Tabernilla Palmero, Batista era “sólo un político y carecía de formación militar”. Nacido en 1919, Tabernilla Palmero tiene que ser muy anciano, pero aún teniendo en cuenta eso no tiene derecho a tratar de tomarnos el pelo.

La realidad es que ninguno de los generales y coroneles del Ejército en los finales de la década de los 50 se enfrentó con efectividad a una rebelión, que hacía muy buen uso de la propaganda, pero que era militarmente un espantapájaros. Con la honrosa excepción del Teniente Coronel Sánchez Mosquera, ningún jefe militar comandó sus tropas en acciones ofensivas. Es muy fácil nadar cuando se está fuera del agua. Unos pocos indígenas bolivianos, comandados por militares reales acabaron en pocas semanas y a escobazos con el mito del Che Guevara.

A los amables lectores interesados en lo que realmente ocurrió en Cuba entre diciembre de 1956 y enero de 1959 les recomiendo “The Evolution of the Cuban Military: 1492-1986” por Rafael Fermoselle.

 

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