LOS MAYORALES NEGROS DE LA PLANTACIÓN CASTRISTA

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

Sígame en: http://twitter.com/@AlfredoCepero

Resulta incomprensible y hasta inaudito que una plantación de 11 millones de esclavos--más de la mitad de ellos negros y mestizos--en pleno Siglo XXI disfrute de la simpatía y de la complicidad de descendientes de esclavos negros. Esta afirmación queda demostrada por la reciente devolución de balseros cubanos por el gobierno de Bahamas a sus amos despiadados de la plantación castrista.

Pero, ni el abuso contra los balseros que tienen la desgracia de carenar en territorio bahamés ni la complicidad de ese gobierno con la tiranía cubana es una cuestión nueva. La congresista por el Estado de la Florida, Ileana Ros-Lehtinen, declaró hace unos días que: “El trato cruel, inhumano y degradante que los fugitivos de Cuba en busca de libertad reciben a manos de los guardias de las prisiones bahameses se sabe desde hace algún tiempo. Yo he sacado a colación estos abusos ante las autoridades bahameses y estadounidenses en ocasiones anteriores, y los bahameses siempre los han negado”.

Esta violación de derechos humanos por las autoridades de Bahamas alcanzó temperatura de ebullición cuando un video sobre apaleos, pateaduras y cuchilladas contra balseros presos fue transmitido en el mes de julio por estaciones de televisión de Miami. Como de costumbre, los bahameses negaron a principio la veracidad del video. Pero funcionarios del Departamento de Estado confirmaron más tarde a la congresista Ros-Lehtinen que "Nassau había confirmado ahora su veracidad y despedido a los guardias culpables".

En respuesta a las denuncias de políticos cubanoamericanos y del exilio militante de Miami, el gobierno de Bahamas se mostró inclinado a aceptar la mediación del gobierno de Panamá en la forma de un asilo político por razones humanitarias para los presos cubanos. Con tal motivo, el Ministro de Relaciones Exteriores panameño, Fernando Núñez Fábrega, dijo que la decisión se tomó con rapidez debido a “la naturaleza del caso y el peligro de las personas”, y Guillermo Cochez, ex embajador ante la Organización de Estados Americanos, fue nombrado enviado especial para ocuparse del caso.

El problema parecía resuelto hasta que apareció la mano vengativa del matarife Raúl Castro. El monstruo que comenzó su orgía de sangre fusilando sin juicio en Santiago de Cuba a docenas de militares gubernamentales en los primeros días de 1959. Que ni siquiera al final de su miserable vida ha desarrollado compasión por sus semejantes ordenando el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate y el hundimiento del Remolcador 13 de marzo. La soberbia de esta alimaña no le permitía dejar escapar a unos infelices que se negaban a seguir siendo sus víctimas. Conminó al Ministro de Relaciones Exteriores de Bahamas a que viajara a La Habana y le ordenó que le entregara a los presos. El Gobierno de Bahamas, por su parte, violó la palabra empeñada con el Gobierno de Panamá y sucumbió a las amenazas de sus amos cubanos.

Por otra parte, para quienes no conozcan el mundo alucinante de la tiranía castrista resultan incomprensibles los riesgos que asumen sus víctimas para escapar de ella y la conducta vengativa de los tiranos contra quienes se les escapan. Estos dos monstruos aprendieron su profesión de amos de plantación de un soldado español derrotado por los patriotas cubanos durante la guerra de independencia que se llamó Angel Castro. Terminada la guerra se hizo rico explotando el sudor y el trabajo de otros seres humanos. Un hombre que solucionaba los conflictos laborales con los braceros haitianos de su plantación de Birán con un pistoletazo en la cabeza del infeliz negro.

Ese fue el maestro perverso y la escuela de depravación en que crecieron y se formaron Fidel y Raúl Castro. Esa formación, les permitió hacerse dueños durante 54 años de los edificios, las tierras, las plantas y los mares que forman el Archipiélago Cubano. Pero, no conformes con la propiedad absoluta de las riquezas de Cuba, se han erigido en amos de la conducta, contaminadores de las mentes y corruptores del alma de tres generaciones de esclavos de todas las razas para ponerlos al servicio de su malhadada tiranía. El hombre nuevo creado por el castrismo ha perdido mucho de su naturaleza humana en lo que respecta a solidaridad hacia sus semejantes y a su responsabilidad personal como miembro de una comunidad. Su recuperación será un proceso largo, tedioso y desafiante.

Mientras tanto, los negros cubanos son los únicos negros en el mundo abandonados a su suerte por otros negros cuando son atropellados, torturados, encarcelados y muertos por sus opresores blancos. Los negros de Sudáfrica tuvieron el apoyo de las organizaciones negras norteamericanas y de las naciones negras que integran las Naciones Unidas. Nelson Mandela, un amigo de los Castro que también ha ignorado la opresión de los negros cubanos, en nada supera en cuanto a méritos a Berta Soler, Biscet, Antúnez, Ascuy, Fariñas o Bonne-Carcasses y, mucho menos, a mártires como Orlando Zapata y Margarito Lanza (Tondike). De igual manera, el concilio Negro del Congreso Norteamericano y mercaderes del racismo como Jesse Jackson, que una vez denunciaron el racismo del régimen sudafricano, cantan hoy loas a los opresores de los negros cubanos.

En cuanto al resto de los cubanos, los blancos y los negros, los de Cuba y los de la diáspora, esta infamia de Bahamas no puede pasar inadvertida. Bebiendo en la fuente de la sabiduría unificadora y del amor martiano, tenemos que decir con el Apóstol: "No se diga blanco ni se diga negro, dígase hombre y ya se ha dicho todo". Como la entrega de Elián González por Bill Clinton, la entrega de estos balseros por Bahamas constituye una especie de trofeo macabro para apaciguar las iras de la tiranía castrista. Ambos casos constituyen una falta de respeto y una afrenta a la dignidad de todos los cubanos que hemos sido despojados de libertad y de patria.

Estos miserables gobernantes de Bahamas han optado por obedecer las órdenes de nuestros tiranos y burlarse de nosotros con la expectativa de que, como hemos hecho en el pasado, seamos tan carneros como para continuar gastando nuestros dólares en sus centros turísticos. Nos están diciendo, con el lenguaje contundente de sus acciones, que nada valemos ante sus ojos, que no somos hombres para defendernos, que se ríen de nuestras amenazas y que no temen a nuestras represalias.

Yo digo que en algún momento tiene que llenarse la copa de nuestra indiferencia y que los pueblos que aceptan sin rebelarse los insultos a su dignidad nacional no tienen dignidad ni merecen la libertad. Por lo tanto, instó a aquellos compatriotas que se sientan solidarios con los desgraciados que todavía sufren dentro de la patria que no gasten un centavo en los centros turísticos de los mayorales bahameses que reprimen cubanos para satisfacer a los amos de la plantación castrista.

Para aquellos cubanos que sigan visitando Bahamas como sibaritas y hedonistas que anteponen el placer personal al deber patriótico, no tengo adjetivos para describirlos que puedan ser incluidos en este artículo sin ofender la sensibilidad de muchos lectores. Por lo tanto, como no puedo dejarlos a la conciencia de que carecen, opto por ignorar su traición y me refugio en la convicción de que, como ha ocurrido antes en nuestra historia, la patria de todos será construida por una minoría de iluminados de la libertad.

La Nueva Nación es una publicación independiente cuyas metas son la defensa de la libertad, la preservación de la democracia y la promoción de la libre empresa. Visítenos en : http://www.lanuevanacion.com

SI NO DESEA SEGUIR RECIBIENDO LA NUEVA NACION, PINCHAR ABAJO

FAVOR DE BORRARME DE SU LISTA DE DIRECCIONES

 

COMENTARIOS


Comentario
*El Administrador de la Nueva Nacion se reseva el derecho de no aprobar comentarios inapropiados.
 
Missing Image