¿DÓNDE SE METERÁN LAS RATAS?

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

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Del tirano? Del tirano / Di todo, ¡di más!, y clava / Con furia de mano esclava / Sobre su oprobio al tirano. Jose Martí

Los tiranos más asesinos y longevos de América se acercan al final inevitable de su régimen de oprobio. No hago esta afirmación categórica porque estoy borracho, he consumido drogas alucinógenas, he perdido mi capacidad de diferenciar sueños de realidades o me dejo arrastrar por la pasión de ver a Cuba libre que consume y ha consumido mi vida por más de medio siglo. Todo lo contrario. La hago basado en la lógica irrefutable, incontrovertible e inapelable del almanaque y en el análisis de la conducta ego centrista y resentida de dos monstruos que siempre han puesto sus intereses personales por encima de la felicidad del pueblo de Cuba.

El Castro viejo hace más de cinco años que está políticamente muerto y ya vislumbra en el horizonte cercano su muerte física. Al Castro "chiquito"--no en edad sino en capacidad y principios--le han fracaso todas las fórmulas para motivar al pueblo a producir riquezas que con absoluto descaro le roba el gobierno. Y los padrinos internacionales que han mantenido a flote el casco agujereado de su desastre económico son cada día más pobres o han perdido interés en la posición geográfica de Cuba como factor de importancia geopolítica.

Para colmo de males, los tiranos no cuentan con una generación de relevo. Su paranoia los ha llevado a defenestrar a todo aquel pudiera algún día retar sus poder omnímodo de horca y cuchillo. Sus descendientes son una caterva de holgazanes y mantenidos. Desde el mediocre de "Fidelito", destituido de su cargo esporádico por su diabólico padre, hasta los vividores anodinos de la bruja Dalia han mostrado una total aversión a la difícil tarea de apuntalar una tiranía en caída vertiginosa.

Para el Castro viejo, la única alternativa de salvar el régimen, aunque fuera hasta su muerte ya cercana, fue trasladar el poder al matarife de su hermano con demasiados años y aún más problemas como para ser capaz de cambiar el curso del régimen hacia el precipicio. Y nada indica que ni la cínica mujerzuela que se proclama defensora de los homosexuales o el tuerto que preparan en el Ministerio del Interior como represor de opositores serán capaces de sustituir a su padre como administradores de la bodega castrista. En cuanto a castrados como Diaz Canel o cualquier otro que pongan en su lugar, estoy convencido que son solo elementos de distracción dentro de una agenda cuyo único objetivo es prolongar la tiranía.

¿A qué vienen todos estos argumentos que no son nuevos y que hoy comparto con ustedes? Un reciente titular de prensa narra el acoso justificado a que fueron sometidos dos esbirros de la tiranía que habían buscado refugio y hasta logrado beneficios gubernamentales en los Estados Unidos. Crescencio Rivero, oficial del sistema de prisiones en Villaclara, y su mujer Juana Ferrer, oficial de la Seguridad del Estado, pasaban desapercibidos en el exilio hasta que fueron denunciados por sus víctimas. Ahora han perdido los beneficios logrados en forma fraudulenta y, al menos Crescencio, se dice que ha regresado a Cuba para evadir el escándalo. Por desgracia no son los únicos, no son los primeros, ni serán los últimos en tomar este camino para escapar al castigo que se les vendrá encima cuando caiga la tiranía.

A propósito del castigo, uno de las más consumados patriotas cubanos de nuestro tiempo, Don Carlos Ripoll, en un artículo titulado "En Defensa del Castigo", lo puso con su acostumbrada claridad y coraje: "Para que mañana en Cuba no llegue un antiguo torturador de prisiones a policía, o un ladronzuelo a presidente de la banca, o que se les concedan cargos a miembros de la gavilla que hasta el fin apoyaron voraces la tiranía, con toda probidad se debe castigar a los culpables." Yo me suscribo a ese planteamiento con todas las fuerzas de mi ser.

Los dos personajes mencionados, sin embargo, no se encuentran entre las principales alimañas que han facilitado con su maldad la permanencia de la tiranía. No perderé su tiempo ni el mío citando frías estadísticas que no son capaces de transmitir o estimular emociones. Prefiero citar algunos hechos que si tienen la capacidad de ilustrar el argumento y fortalecer la voluntad como elementos que conduzcan a un castigo ejemplarizante cuando caiga la tiranía. En beneficio de la brevedad no tengo otra alternativa que limitarme a los más recientes. Para ello, cito los asesinatos de Laura Poyan, de Oswaldo Paya, de Wilmer Villar y de Orlando Zapata.

Ahora bien, tendríamos que remontarnos a la salvaje represión de Valeriano Weyler para encontrar en nuestra historia actos tan horrendos como el hundimiento del Remolcador 13 de marzo con sus 41 víctimas (entre ellas diez niños) cuyo único delito fue tratar de escapar de la horrenda pesadilla castrista. Lo mismo podemos decir del derribo por Migs militares cubanos de las dos avionetas civiles de Hermanos al Rescate donde fallecieron cuatro samaritanos en misión de rescate de náufragos en el Estrecho de la Florida.

Raúl Castro, cuyas órdenes directas fueron grabadas, Juan Pablo Roque que mandó la información a los tiranos y los dos asesinos ufanos de su crimen, Francisco y Lorenzo Pérez Pérez, irónicamente nacidos del mismo infortunado vientre, son ratas que tienen que ser perseguidas y castigadas en cualquier madriguera del mundo en que se escondan. Los judíos persiguieron y mataron a Adolf Eichman 17 años después de su participación en el holocausto. Ellos no olvidaron y, por ello, son respetados. Si los cubanos queremos ser respetados y, sobre todo, respetarnos a nosotros mismos, tampoco podemos olvidar.

Estos cobardes que hoy arrastran mujeres, golpean presos indefensos y asesinan ciudadanos pacíficos dirán que acataban órdenes superiores, que temían el castigo de sus jefes si se negaban a cumplir órdenes y hasta fingirán una total amnesia en cuanto a los delitos que se les imputen. Llegarán incluso a la cobardía de pedir clemencia como Gadafi en Libia y el Che Guevara en Bolivia. Ninguna de esas excusas debe impedir que sobre ellos caiga todo el peso de la justicia. Esos fueron los mismos argumentos de los esbirros de Hitler durante los juicios de Nuremberg y a los jueces no les tembló la mano.

En Cuba vamos a necesitar jueces con el coraje y la integridad de los de Nuremberg. Nuestros reos, como los de Nuremberg, deben ser juzgados bajo cargos de crímenes de guerra, conspiración, crímenes contra la humanidad y crímenes contra la paz internacional. Las pruebas las tendremos en los cementerios cubanos, los paredones de fusilamiento, el financiamiento de las guerrillas en todo el globo y las invasiones en África e Hispanoamérica. Como hemos visto en días recientes, esta gentuza comunista cubana todavía mantiene estrechos lazos con regímenes gemelos en el terrorismo internacional como Corea del Norte.

El italiano Aldo Baroni, dijo una vez con cierto sarcasmo y una buena dosis de verdad que los cubanos somos "un país de poca memoria". Quizás por eso hemos sufrido tantos descalabros y experimentado tantas decepciones. Esta vez no podemos olvidar y tenemos que castigar a los culpables. No para desmentir a Baroni sino para salvar a Cuba.

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