"EL BOLSÓN"

(Ardenas, Francia, diciembre de 1944)

Por Hugo J. Byrne

“En campos de batalla, luchando con delirio,

otros te dan sus vidas, sin dudas, sin pesar.

El lugar nada importa: ciprés, laurel o lirio,

cadalso o campo abierto, combate o cruel martirio,

lo mismo es, si lo piden la Patria y el hogar.”

Estrofa de“Despedida” por José Rizal (horas antes de su fusilamiento en 1896)

Con frecuencia subjetiva algunos lectores y amigos me estimulan a escribir de un sólo tema. Quieren que me ciña al debate político contemporáneo, sobre Cuba o de aquí. No siempre puedo hacerlo y eso me lleva a una pregunta retórica, ¿para qué, o para quién escribo? Escribo eminentemente para mi propia satisfacción, aunque al comienzo no fue así. Involucrado en la lucha por Cuba desde siempre, durante años me dediqué solamente a esos temas. Trataba de cavar “la trinchera de ideas” a que se refería Martí.

La búsqueda de información sobre situaciones paralelas a las de Cuba y su exilio, abrieron ventanas a otros escenarios. Por eso visito también la historia de otras tierras, como en el tema de hoy. Todos estos trabajos tienen un objetivo y una moraleja, siempre coincidentes con la búsqueda de la libertad.

Sobre sus actividades el 16 de diciembre de 1944, el Teniente General de la Whermatch Hasso Von Manteuffel escribió lo siguiente en su diario de campaña: “A las 16 horas los tanques empezaron su avance y cruzaron los puentes sobre el río Our a las 24. Eso fue en el instante mismo en que esos puentes se consideraron operacionales, pero fue necesario usar la luz de una luna artificial. Nuestras unidades establecieron contacto positivo con las fuerzas americanas a las 8 horas”.

Von Manteuffel carecía del “glamour” de Rommel: no era aficionado a la publicidad. Ahorrando adjetivos, describo brevemente su carrera de soldado. En 1939 era solamente Mayor. En diciembre de 1944 era General a cargo del Quinto Ejército Panzer. Ese año Manteuffel, recibió diamantes para su Cruz de Hierro (rango de Caballero), con hojas de roble y espadas cruzadas. Era el número 24 entre un ejército de millones en recibir semejante condecoración. Se había distinguido por su capacidad y valor en el frente oriental del que fue transferido para dirigir los esfuerzos tácticos en la contraofensiva de Las Ardenas, también llamada “Batalla del Bolsón” (“Battle of the Bulge”). Los éxitos iniciales de esa ofensiva se debieron a tres factores: la sorpresa, la mala calidad atmosférica, limitando temporalmente el uso del arma aérea... y Manteuffel.

Los 250,000 soldados utilizados en la “Batalla del Bolsón”, así llamada por la forma en la que se desarrollara en mapas militares, estaban comandados en teoría por el Mariscal de Campo Gerd Von Rundstedt, veterano de la “Blitz” de 1940 en Holanda, Bélgica y Francia. Ello era simplemente una pantomima de Hitler tratando de mimetizar la enormidad del contraataque. Rundstedt era conocido de los aliados como un soldado conservador, quien había tratado siempre de mantener las posibles cartas de triunfo en reserva (cuando existían).

El Mariscal había perdido gran parte de la confianza del Dictador durante el desembarco aliado y la cabalgata de Patton y su III Ejército en Francia. Ahora representaba sólo un cebo. Una engañifa.

El verdadero director de la operación era el propio Hitler, con la asesoría de su Estado Mayor. Este último estaba básicamente compuesto de “yes men” y mediocridades como Wilhelm Keitel, quien eventualmente danzaría al final de la soga del verdugo en Nüremberg.

El objetivo de Hitler era reconquistar el estratégico puerto belga de Amberes. Esa instalación, recién obtenida por los canadienses a fuerza de sangre y coraje, era vital a la logística aliada. Su pérdida representaría un retroceso enorme en el frente occidental, extendiendo las líneas de aprovisionaminto de forma crítica e incompatible con la estrategia de Eisenhower y el alto mando aliado. La victoria alemana en las Ardenas habría forzado una rápida retirada de los angloamericanos y la consolidación del frente occidental. En la mentalidad del “cabo bohemio” eso garantizaba el abandono a la exigencia de “rendición sin condiciones” por parte de los ejércitos angloamericanos.

Para Eisenhower el 16 de diciembre de 1944 representó una fecha imposible de olvidar: en el mismo día que se desatara la ofensiva que amenazaba todos los logros de su “cruzada”, recibiría la promoción a la máxima autoridad militar norteamericana en Europa: su quinta estrella. En esa misma mañana había contestado una carta del Mariscal de Campo Bernard Montgomery, quien trataba de cobrarle una apuesta de 5 libras esterlinas hecha un año antes. Montgomery apostaba que Berlín se rendiría antes de las Navidades del 44, victoria que en ese momento parecía a punto de lograrse. Eisenhower contestó que las Navidades eran el 25 y que esperaría hasta el 24.

A pesar de la gran improbabilidad de su éxito, la contraofensiva tenía una posibilidad de culminar en triunfo: que su horario se mantuviera sin la menor interrupción. Desde el punto de vista militar, aspirar a semejante logro no es una actitud racional. Aún menos cuando se ponen en uso hombres y material bélico que no tienen reemplazo: la intuición sólo triunfa cuando va acompañada por la suerte. Diciembre de 1944 no era mayo de 1940.

Los alemanes abrumaron algunas de las muy dispersas unidades comandadas por el General Troy Middleton en el centro de la zona de combate. En algunos sectores los norteamericanos pelearon con una desventaja numérica de 6 a 1. La preparación de artillería en la ofensiva forzó el cerco y captura de varios miles de prisioneros norteamericanos que habían tratado heroicamente de confrontar los tanques “Mk. IV” y los mastodónticos “Tigres”, “Tigres Reales” y “Panteras”, usando sólo armas de infantería.

Para sus operaciones tácticas Manteuffel contaba con dos “comecandelas” de categoría. Uno era el General de la SS Joseph (”Sepp”) Dietrich, antiguo guardaespaldas de Hitler en la época inicial del Partido Nazi. Dietrich era un antiguo “bouncer”, quien se había distinguido en la lucha callejera, carente de un formal entrenamiento castrense, pero de valor probado.

El otro era un prusiano de linaje militar y quizás el soldado alemán más destacado en esa ofensiva: el Teniente General Joachim Peiper. Peiper permanece en la historia como una figura misteriosa e intrigante. Aunque educado y culto era un fanático nazi y lo demostraría con su conducta rayana en el suicidio, antes y después de la guerra. Junto a Dietrich, Peiper fue procesado por crímenes de guerra y después de servir prisión algunos años, liberado. Las unidades a su comando fueron acusadas de asesinar a más de 300 prisioneros, incluyendo más de 80 ametrallados en el pueblo de Malmedy. También fue acusado de masacrar civiles, incluyendo niños. Peiper fue asesinado en 1976 en Francia, donde residía desde 1972.

El asalto alemán parecía una repetición de la campaña de 1940. Sin embargo, desde el principio era evidente que las considerables pérdidas de Estados Unidos podían remplazarse, mientras que las germanas no. Además la moral de los jefes y la tropa norteamericana se reforzaban a diario ante el espectáculo de la tenaz resistencia demostrada en muchas zonas.

La Sexta División Panzer en el sector norte, el Quinto Ejército en el centro del asalto y Séptimo Ejército en el flanco sur, presionaron primero hacia el oeste y después al noroeste. Desde el 16 hasta el 25 de diciembre, los alemanes avanzaron con relativa rapidez. Clervaux, Donnage, Houffalize, Saint-Vith y Wiltz cayeron rápidamente ante el empuje teutón. Ese día tomaron Celle y estaban a las puertas de Dinant.

Sin embargo el pueblo de mayor importancia estratégica de toda la zona y cruce de cuatro carreteras, Bastogne, resistió todas las embestidas alemanas. Fue necesario flanquearlo para continuar hasta el río Meuse, pero entoces la marea germánica había llegado a su cenit y a partir de ese momento declinó. Habiendo rehusado capitular dos veces, el Comandante de la Plaza Brigadier General Anthony C. McAuliffe de la archifamosa División 101 de paracaidistas inmortalizó su respuesta a la invitación a rendirse: “Nuts!” (Co...).

Cuando el Teniente Coronel Craighton W. Abrams a cargo de los primeros tanques de la Cuarta División Blindada irrumpiera en Bastogne tras cinco días de lucha fiera, su unidad había sufrido más de 1,000 muertos y los bravos de la 101 más de 2,000 durante el sitio. Los alemanes continuaron tratando de rendir Bastogne hasta el último momento.

Estados Unidos perdió casi 77,000 hombres entre muertos y heridos en la batalla del “Bolsón”, la más sangrienta durante toda la guerra para este país. Alemania perdió casi 82,000. Menos importante fue la pérdida de 700 tanques norteamericanos contra 325 alemanes.

¿Qué hace a un hombre batallar contra toda esperanza, enfrentando la más precaria de las situaciones? Al final la victoria sonríe sólo a quienes rehúsan la derrota.

 

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