LA BATALLA POR LA DEMOCRACIA AMERICANA.

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

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"Uno de los métodos tradicionales de imposición (estatismo o socialismo) en un pueblo ha sido por la vía de la medicina… La cuestión principal es que no queremos medicina socializada…Si no quieren hacer esto y si yo no lo hago, uno de estos días ustedes y yo vamos a utilizar el ocaso de nuestros años contándole a nuestros hijos, y a los hijos de nuestros hijos, que hubo una vez una América donde los hombres eran libres". Ronald Reagan antes de hacerse republicano y cuando todavía era miembro del Partido Demócrata.

La esencia de la democracia consiste en facilitar el intercambio entre los miembros de una sociedad que, aunque sostengan ideas diferentes y a veces contrapuestas, acaten las decisiones de las mayorías, respeten los derechos de las minorías y decidan dirimir sus diferencias por medios legales y procedimientos pacíficos. Ese estado ideal de la democracia que tuvo su origen en la ciudad de Filadelfia en el verano de 1776 se encuentra bajo asedio en los Estados Unidos del 2013.

El uso indebido de los organismos de gobierno y la manipulación de las leyes por la administración de Barack Obama, donde se impone el criterio del partido gobernante sobre el otro partido y sobre aquellos segmentos de la población que discrepan de sus ideas tiene, aunque mantenga la etiqueta de democracia, todas las características de un régimen totalitario. Porque la democracia no consiste en una forma de gobierno proclamada por las leyes sino en la manera en que los gobernantes ejercen el poder que han recibido de su pueblo por tiempo limitado y sujeto a revocación.

Esa batalla entre la democracia y el totalitarismo es la que tendrá lugar en las próximas semanas entre republicanos y demócratas en el Congreso de los Estados Unidos. En el centro de la disputa se encuentra un adefesio legislativo ostensiblemente llamado por sus promotores Ley de Cuidado Asequible y bautizada por una ciudadanía que la rechaza en un porcentaje superior al 50 por ciento como Obamacare.

Para no abusar de mis lectores, señalare solamente algunas de las mentiras de Obama y de las barbaridades de Obamacare. Durante su campaña para la aprobación de la ley, tal como lo ha hecho a lo largo de su carrera política, Obama mintió con el mayor desenfado. Mentira: "Todo el mundo podrá mantener su actual plan de seguros". Según la Oficina del Congreso sobre Presupuesto, el Obamacare causará la pérdida de programas patrocinados por empleadores a 7 millones de norteamericanos. Mentira: "Ninguna familia que gane menos de 250,000 de ingreso anual vera aumentados sus impuestos," Docenas de impuestos escondidos entre los servicios médicos, como el impuesto sobre individuos y corporaciones que no compren seguro y el 2,4% de servicios sobre $100, gravaran a familias de todos los niveles de ingresos.

Mentira: "No firmaré ningún plan de seguro que añada un centavo a nuestro déficit". Según la Oficina del Congreso sobre Presupuesto, el Obamacare costará MIL MILLONES DE MILLONES DE DÓLARES en los próximos diez años. Mentira: "Mi programa reducirá el costo de las primas para una familia típica en $2,500 al año" Tu propio Servicio de Rentas Internas, señor Obama, ha dicho que el Obamacare aumentara en $4,000 anuales la prima de una familia típica.

Mentira:"No creo que el gobierno debe de administrar los servicios de salud". La Junta Asesora de Pagos Independientes tendrá el poder de reducir pagos por servicios médicos, lo que a su vez reducirá la calidad de servicio a personas de la tercera edad. Mentira:"Las Bolsas Estatales sobre Seguros estarán funcionando a tiempo". La Oficina del Congreso sobre Presupuesto ha dicho que es muy poco probable que estas bolsas estén en pleno funcionamiento para la fecha prometida del mes de octubre.

Y si todas estas mentiras no fueran suficientes para demostrar la arrogancia y la conducta totalitaria de esta autoproclamado Mesías, baste recordar que las DOS MIL páginas del Obamacare fueron aprobadas en medio de la noche por una mayoría demócrata que no había leído su texto y sin una sola enmienda o voto republicano. Que las 20,000 páginas de regulaciones emitidas hasta el momento serán administradas por burócratas por quienes nadie ha votado. Y en el colmo de los colmos, el senador demócrata, Max Baucus, uno de los mayores promotores del Obamacare, admitió en el 2010 que jamás había leído el proyecto de ley. Y hace solo unos meses, Baucus consumó su infamia y su cinismo diciendo que "el Obamacare es un tren en camino del descarrilamiento".

Por mi parte, albergo la esperanza de que el pueblo norteamericano, a pesar de ser noble y generoso, no sea tan carnero como para aceptar esta burla a su inteligencia. Pienso, asimismo, que este Obamacare es el consabido "talón de Aquiles" de Obama. Un presidente que es retado por el matarife de Vladimir Putin otorgando asilo a Edward Snowden y que se ha visto obligado a cerrar 22 embajadas norteamericanas porque ya nadie respeta ni teme a los Estados Unidos desde que este diletante llegó a la Casa Blanca. Irónicamente, los únicos que parecen temerle a este tigre de papel son los republicanos.

En las próximas semanas, los republicanos tienen una oportunidad extraordinaria para detener en seco al aspirante a tirano y restaurar el juego de "toma y daca" de la verdadera democracia americana que ha perdurado por 237 años en los Estados Unidos. La primera confrontación estará centrada en el presupuesto fiscal para el año 2014 que debe ser aprobado por el congreso antes del primero de octubre. Obama y sus aliados del gasto ilimitado demandan MIL MILLONES DE MILLONES en gastos discrecionales mientras los republicanos quieren limitarlos a los 967,000 MILLONES que el mismo Obama había aceptado con anterioridad.

La segunda podría producirse en noviembre y estará centrada sobre el límite de la deuda nacional, o sea, la cantidad que la administración Obama puede pedir en calidad de préstamo. El 24 de julio Obama dijo que su administración había reducido el déficit como porcentaje de la economía nacional. Y esta ha sido una de sus medias verdades. Sin embargo, la realidad es que el déficit nacional sigue siendo el porcentaje más grande de la economía en 62 años de los 68 que han transcurrido desde la Segunda guerra Mundial.

Armados con todos estos argumentos, cuatro senadores republicanos, todos los cuales fueron electos con el respaldo de Tea Party, han decidido trazar una raya en la arena y confrontar los blufs de Barack Obama. Mike Lee, de Utah, Rand Paul, de Kentucky, Ted Cruz, de Texas y Marco Rubio, de la Florida (los dos últimos hijos de cubanos que conocieron la naturaleza diabólica del comunismo) han propuesto un proyecto de ley cuyo fin es negar los fondos para la aplicación del tren descarrilado descrito por su colega demócrata Max Baucus. Dicho proyecto aprobaría todos los renglones del presupuesto propuesto con excepción de fondos para la aplicación del Obamacare.

Acorde con su forma de retar y amedrentar, Obama ha amenazado con vetar cualquier proyecto de esta naturaleza que sea aprobado por el Congreso. Como de costumbre, se han alzado las voces cautelosas de una izquierda republicana que siempre ha marginado al Tea Party y que advierte sobre el peligro de que el Partido Republicano sea responsabilizado por la parálisis del gobierno federal.

Una izquierda republicana liderada en los últimos 20 años por personas decentes como los Bush, los McCain y los Romney pero que han alienado a las bases de su partido, como lo demostraron las presidenciales del 2008 y del 2012, suplicando la aceptación de los radicales de la izquierda demócrata y olvidando los valores conservadores que hicieron del gobierno de Ronald Reagan uno de los más exitosos y prósperos del siglo XX.

Karl Rove, el vocero más destacado de esa izquierda y declarado adversario del Tea Party, predijo que le daría un pretexto a los demócratas para derrotar a los republicanos en las parciales del 2014 acusándolos de haber paralizado al gobierno. Haciendo una incursión por la historia para ilustrar su oposición al proyecto lo comparó con la carga George Pickett en julio de 1863 que selló la derrota de las tropas sureñas durante la batalla de Gettysburg.

Como yo también soy aprendiz de la historia, ahí va mi comparación. Era el 25 de diciembre de 1776 y las tropas revolucionaria encabezadas por Washington habían sido desplazadas cuatro meses antes de New York y languidecían descalzas y hambrientas en el invierno de Pennsylvania. En vez de retroceder, Washington cruza el río Delaware y derrota en Trenton a las tropas mercenarias alemanas que defendían el poblado. No fue una batalla de grandes proporciones con solo dos muertos en las filas revolucionarias y 22 en las alemanas pero cambió el curso de la guerra e inspiró esperanzas en los soldados de la libertad.

Los republicanos necesitan desesperadamente una luz de esperanza y un cambio en el curso de su hasta ahora deplorable record en su confrontación con Obama. La cautela del establecimiento republicano dominado por la izquierda ilustrada ha sido un fracaso rotundo. No podemos resucitar a Ronald Reagan pero podemos resucitar su doctrina. Es hora de que el partido sea más inclusivos con el Tea Party y regrese a los valores conservadores del hombre que salvó al país de la decadencia y el pesimismo de Jimmy Carter.

Esta generación del relevo de Lee, Paul, Cruz y Rubio podría hacer el milagro y ganar la batalla por la democracia americana. Si la suerte les resulta adversa, los republicanos tendrían por lo menos el honor de haber caído con las botas puestas.

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