LA VANIDAD EN EL CONTEXTO DE LA PRENSA MODERNA

Dr. Oscar Elías Biscet

Presidente de la Fundación Lawton de Derechos Humanos

Medalla Presidencial de la Libertad

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El escenario estaba listo, sus condiciones no eran acogedora a pesar del número reducido de altos oficiales que observarían la obra dramática. Esta no se expondría en el celebre y culto teatro Bolshoi, sino en una de las dependencias secreta de la KGB, policía política soviética.

La trágica escena era un hombre atado a una tabla e introducido lentamente, en disposición de pies a cabeza, en un horno crematorio bien caliente. Este hombre que enfrento con dignidad y valentía tales tormentos, fue Oleg Penkovski.

Penkovski, por un problema de conciencia y evitar una guerra nuclear a la humanidad, se convirtió en traidor del ejercito de su patria al entregar documentos secretos de las instalaciones de misiles estratégicos y tácticos en Cuba al servicio secreto británico (MI6).

Sentenciado a un castigo ejemplarizante e intensamente espeluznante, para evitar que sus colegas de la KGB fueran cómplice de sus ideas. Era la consolidación de la Guerra Fría.

En 1950-53, en plena Guerra de Corea, pero en suelo americano, un matrimonio perteneciente al Partido Comunista de los Estados Unidos, entregó información secreta al servicio de la KGB. Documentos que permitían a su poseedor construir la bomba atómica. A partir de este hecho la Unión Soviética se volvió más arrogante en política exterior, al tener entre sus armamentos el arma nuclear. Eran los comienzos de la Guerra Fría.

El matrimonio los Rosenberg, Julio y Ethel, fueron acusado y juzgado por espionaje; condenados a muerte, y ejecutados en la silla eléctrica. En la historia estadounidense fue la primera ejecución civil por espionaje. Esta se realizó en la cárcel de Sing Sing, Ossining, Estado de Nueva York.

La silla eléctrica de la cárcel del Sing Sing tiene la triste celebridad de usarse para electrocutar a la primera mujer en la historia de los Estados Unidos, juzgada por asesinato y ejecutada en 1899, nombrada Martha M. Place. De la misma manera pero por espionaje fue Ethel Rosenberg.

La primera persona ejecutada por electrocución fue el criminal Harris A. Smiler, en el verano de 1891. Con todo, la primera mujer ejecutada por el Gobierno federal de los Estados Unidos fue Mary Surrat, ahorcada por participar activamente en la conspiración para asesinar al presidente Abraham Lincoln.

Penkovsky y los Rosenberg son individuos que traicionaron a su país, pero con ópticas muy diferentes. Oleg engrandeció la dignidad humana al evitar la Tercera Guerra Mundial; esta catástrofe sería realizada con armamentos nucleares, el fin de la raza humana. Penkovsky es un héroe y mártir de la Guerra Fría y de la humanidad.

Los Rosenberg al facilitar los documentos secretos nucleares al régimen soviético aseguraron la carrera armamentista y prolongaron el periodo de Guerra Fría. Apoyaron una ideología fracasada como el comunismo internacional y promovieron los antivalores de esa sociedad totalitarismo.

Para este periodo de penetración e influencia comunista en la Union Americana fue llamado macartismo. Las fuerzas de izquierda con su propaganda subversiva hicieron fracasar a su líder en la lucha contra esta penetración ideológica e implantaron la histeria en el país. Algunos analistas políticos con el paso del tiempo han manifestado lo bien ubicado que estaba el Senador Joseph MacCarthy en los problemas de la sociedad; y que el casos de los Rosenberg, fue uno de sus triunfos.

Julius y Ethel, se declararon inocentes en la vista oral del juicio y se mantuvieron en ese concepto hasta su muerte. La izquierda americana e internacional apoyaban esos criterios. Incluso, en la actualidad algunos izquierdistas como los del régimen de Castro siguen haciendo promoción de esas inocencias.

Sin embargo, la historia ha demostrado la veracidad del espionaje de los Rosenberg. Documentos de inteligencia desclasificados después de la caída de la Unión Soviética y las memorias de Nikita Jruschov, Primer Ministro de URSS, en esa época, confirman el excelente servicio prestado por los Rosenberg a los soviéticos. Jruschov manifestó sobre ellos, “la muy significativa ayuda en acelerar la producción de nuestra bomba atómica”.

En este siglo, en su última década, varios espías han llegado a conocerse medianamente en el mundo. No fueron del renombre, ni hubo la motivación política-ideológicas como la de la conspiración nuclear de los años cincuenta del pasado siglo promovida por la KGB soviética. La vanidad moderna de estos espionajes son los frutos de la cobardía y la arrogancia de militares que viviendo en naciones libre no enfrentaron con dignidad los pasos inadecuados de algunas agencias del gobierno de su nación.

Estos son los hijos de William Mark Felt, alias garganta profunda, quien destapo subrepticiamente datos secretos a la prensa y desencadeno el caso de Watergate, que fuera valiente y detalladamente expuesto por los periodistas Bob Woodward y Carl Bernstein.

Las nuevas gargantas profundas motivadas por la fama y la codicia, que buscan su grandeza en el eco de la prensa, están representadas por Bradley Mannig, Ana Belén Montes y Edward Snowden. Un militar de carrera sus actuaciones deben ser transparentes, honorables y valientes; y este debe presentar su denuncia a las autoridades correspondientes. Y si en ello pone en riesgo su vida, entonces, exponer la verdad de los hechos en conferencia de prensa nacional e internacional y enfrentar con dignidad y heroicidad sus consecuencias.

La acción de traidores como la agente Montes y de aquellos que en mi patria quieren legitimar a la dictadura castrista y prolongarla al futuro con falsas libertades; me hace estar alerta pero confiado en mis conciudadanos que buscan el mismo sueño de libertad total y perpetua para Cuba. Les recuerdo que los “traidores pueden poco, aunque sean muchos”.

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