OBAMA: CÓMPLICE DEL CASTRISMO.

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

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Durante las elecciones presidenciales del 2012, muchos cubanos que durante toda nuestra vida hemos combatido a los Castro advertimos sobre el peligro que representaba para la libertad de Cuba la reelección de Barack Obama. Nuestra advertencia estuvo basada en las similitudes entre la historia, la ideología y la personalidad de los tiranos de Cuba y las del frustrado aspirante a tirano que hoy ocupa la Casa Blanca. Para quienes sostenemos que la libertad es el mayor regalo de Dios al hombre, aquellos que se proponen multiplicar sus fortunas asociándose con los tiranos son unos traidores a la patria y aquellos que cambian libertad por seguridad no merecen ni libertad ni seguridad.

Por otra parte, no tengo la más mínima duda de que los votos de esos cubanos y los fondos aportados por una arrogante y oportunista élite empresarial cubana del exilio contribuyeron a la victoria de Obama en el estado de la Florida, y por ende en los Estados Unidos, en las últimas elecciones. Al igual que a los Castro, la historia revelará sus nombres y los condenará por poner sus mezquinos intereses personales por encima del amor a la patria y de la libertad de su pueblo. Los nombres de muchos de ellos ya son de conocimiento público porque actúan a cara descubierta y mostrando un total desprecio por la opinión de sus compatriotas. Un día, quizás no muy lejano, los conoceremos y denunciaremos a todos.

Regresando a las similitudes, tanto Obama como los Castro iniciaron sus vertiginosas carreras en círculos políticos donde predominaban la corrupción, la demagogia y la violencia pero nunca fueron cuestionados por una prensa siempre en busca de cualquier mesías carismático. Tanto Obama como los Castro, fanáticos de una ideología de izquierda que ha demostrado no tener inhibiciones en utilizar métodos totalitarios, despojan al ciudadano de sus derechos fundamentales y promueven un gobierno todopoderoso que se proclama capaz de solucionar todos los problemas. Y tanto los Castro como Obama han hecho de la mentira y de la demagogia un arte de cautivar multitudes cada vez más dispuestas a cambiar libertad por limosna, aunque esta última traiga consigo la aceptación del yugo que siempre acompaña a las tiranías.

Todas esas similitudes explican por qué Barack Obama ha sido tan complaciente con los tiranos del pueblo de Cuba y fue tan tolerante con el grotesco y maledicente Hugo Chávez. Estoy convencido de que, en su fuero interno, Obama envidia el poder absoluto que delincuentes como los Castro y los Chávez han ejercido sobre los pueblos de Cuba y Venezuela. Su conducta desde que llegó a la presidencia y, sobre todo, las noticias de los últimos días indican que, ahora que ya no necesita el voto de los cubanos para ganar la Florida, Obama está en disposición de sustituir a Hugo Chávez como financista de los Castro en su proyecto de seguir oprimiendo al pueblo de Cuba.

Durante la presidencia de Obama se han incrementado tanto los mal llamados contactos de pueblo a pueblo como las visitas de propagandistas del régimen disfrazados de artistas, músicos y académicos. Hasta la sarcástica hija del tirano sustituto ha recibido permiso para promover su hipócrita defensa de la diversidad de estilos de vida entre la comunidad homosexual de los Estados Unidos.

Aunque la estadísticas sobre el tema varían según la fuente, se calcula que en los cuatro años y medio que Obama lleva en la Casa Blanca las remesas de dólares de exiliados cubanos a Cuba han aumentado en alrededor de 1,000 millones de dólares anuales. Se estima que dichas remesas alcanzaron la cifra total de 2,500 millones de dólares en el 2012, superando los ingresos por concepto de turismo y por las exportaciones de níquel y de azúcar.

Hace solo unos días, los gobiernos de Estados Unidos y Cuba iniciaron conversaciones encaminadas a restablecer el correo directo entre ambos países que había sido suspendido desde 1963. Un hecho sin importancia si tenemos en cuenta que la correspondencia había continuado activa a través de terceros países; pero un gesto que pone de manifiesto la nueva mentalidad de urgencia por parte de los Castro y de apaciguamiento por parte de Obama para llegar a un entendimiento en un futuro cercano. El objetivo es evitar a toda costa una rebelión interna que tendría efectos adversos para ambos países.

Pero la noticia de mayor trascendencia es la relacionada con una nueva ronda de conversaciones migratorias entre Washington y La Habana pautada para el 17 de julio en la sede del Departamento de Estado en la capital norteamericana. Por años, la tiranía castro estalinista ha chantajeado a los Estados Unidos con la amenaza de otra masiva invasión demográfica similar a la del Mariel en 1980.

Washington sucumbió al chantaje otorgando 20,000 visas anuales a cubanos que desearan emigrar a este país, pero las cifras reales han superado ese número. Se estima que en los últimos diez años han llegado a los Estados Unidos casi medio millón de cubanos no en busca de libertad sino de mejores condiciones de vida.

Estos hijos de la revolución se sienten asfixiados por la miseria material pero no son opositores al régimen. Porque son una pobre gente que nació sin patria, que no conoce la democracia, que nunca ha vivido en libertad y que creció acostumbrada al yugo. De hecho, contribuyen a la permanencia del régimen regresando como turistas y enviando dólares al país donde dijeron que eran perseguidos.

Eso explica en gran medida el aumento de las remesas en los últimos años y la reducción de restricciones de viajes de cubanos al extranjero decretada por el régimen el pasado 14 de enero. Los Castro se preparan para una Cuba sin el petróleo de Chávez y se aferran a la tabla de salvación de los dólares de Obama en la forma de una legalización del turismo norteamericano.

La triste conclusión es que la mesa parece estar servida para una tercera traición de Washington a la lucha por la libertad de Cuba. Cuando las traiciones de Bahía de Cochinos y de la Crisis de los Cohetes parecían nublarse en la memoria de los viejos guerreros aparece con todo su impacto demoledor esta repugnante complicidad de Obama con los tiranos más brutales y longevos de América. Una lección que deben mantener presente los gobernantes de una Cuba democrática dando prioridad a nuestros intereses nacionales por encima de cualquier otra consideración a la hora de estructurar nuestras futuras relaciones internacionales.

Pero, conociendo a los Castro y conociendo a Obama, los Castro seguirán exigiendo y Obama, tal como lo ha hecho dejándose intimidar por Vladimir Putin, seguirá complaciendo. Fuentes dignas de crédito afirman que legisladores aliados de Obama en el Congreso están considerando proyectos de ley encaminados a levantar o aliviar las sanciones de Estados Unidos contra la tiranía cubana. Se proponen, por ejemplo, sacar a Cuba de la lista de países promotores del terrorismo y levantar el embargo comercial decretado por el Presidente Kennedy en 1962.

El último obstáculo que confrontan Obama y sus aliados para la materialización de esta iniquidad es la actual mayoría republicana en la Cámara de Representantes. Un control de ambas cámaras del Congreso por los demócratas sería desastroso para la causa de la libertad de Cuba. De ahí la importancia de confrontar y derrotar a estos cómplices del castrismo en las elecciones parciales de 2014. El más notorio en el sur de la Florida, ese personaje incondicional de Obama que responde al nombre de Joe García.

Por lo tanto, para quienes hemos decidido no claudicar jamás en esta sagrada misión de liberar a Cuba a pesar de las traiciones, la lucha sigue en todos los frentes y por todos los medios. Para nosotros en el exilio el frente son las elecciones del 2014 y el arma es el voto en contra de los aliados de nuestros tiranos. De ello depende no solamente la libertad de Cuba sino el respeto a nosotros mismos.

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