UNA OPOSICIÓN DOMESTICADA

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

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Las estadísticas son tan abrumadoras que hacen innecesario demostrar que el diabólico binomio de Biran ha presidido sobre el peor gobierno que ha sufrido la Isla de Cuba desde su descubrimiento por Cristóbal Colon. Pero, si analizamos estos 54 años desde el punto de vista de los planes y las metas puestos en marcha a partir del Ataque al Cuartel Moncada en 1953 y que condujeron a una tiranía que utiliza cualquier medio para perpetuarse en el poder, lo que ha sido una tragedia para el pueblo de Cuba ha constituido un rotundo éxito para los tiranos. Ellos han logrado sus objetivos de poder absoluto sin el menor remordimiento por haber condenado al pueblo de Cuba a la más brutal de las tiranías y a la más abyecta de las miserias.

Fidel Castro era un pandillero sin credenciales políticas y apresurado por lograr la notoriedad que le habían negado los partidos políticos tradicionales que se oponían a la dictadura de Fulgencio Batista. Por eso tomó el atajo de la violencia, ocultó sus planes a los demás partidos de oposición y sedujo con mentiras a un grupo de jóvenes idealistas e ingenuos. Los mandó a una muerte segura mientras él y su cobarde hermanito se mantenían a buen recaudo.

Ninguno de los dos desafió las balas dentro del Cuartel Moncada. Castro necesitaba mártires para edificar sobre sus cadáveres la mística de una revolución nacionalista con la misión de restaurar el estado derecho y la Constitución de 1940. Cuando se hizo con el poder en 1959, mintió sobre su ideología política, designó un gabinete de marionetas, excluyó a los demás partidos y fusiló a todo el que le hiciera sombra.

Mientras tanto, un pueblo embriagado de triunfalismo, seducido por su carisma y desesperado por una paz donde se decía "cualquiera es mejor que Batista" le abrió las puertas de su corazón y de sus casas con el lema que resultó ser suicida de: "Fidel esta es tu casa". Después de esta horrenda pesadilla de medio siglo, hoy sabemos que su objetivo no era restaurar un estado de derecho sino establecer una férrea tiranía. Que dentro de su aberrada idolatría de sí mismo no había ni ha habido jamás espacio para el amor a la patria. La conclusión: el Castro decrépito y su despreciable sucesor son unos consumados sobrevivientes que han demostrado una habilidad extraordinaria para el engaño y para echar mano a cualquier argucia que les permita preservar el poder absoluto.

Saben que en su apremiante crisis actual no pueden contar con la ayuda de la Rusia de Vladimir Putin como contaron una vez con la ayuda de la Unión Soviética de Nikita Khruschev, que la Venezuela de Nicolás Maduro carece del liderazgo y de los recursos de la de Hugo Chávez para seguir manteniendo a un gobierno parásito matando de hambre a un pueblo venezolano que parece rebelarse ante tamaña injusticia.

Su último recurso parecer ser hincarse de rodillas ante el odiado imperialismo norteamericano, realizar algunos cambios cosméticos, tolerar débiles expresiones de inconformidad por parte de aquellos autorizados a viajar al exterior y, golpe maestro, fabricar una oposición domesticada que proyecte la imagen de una tiranía en transición a la democracia. Con esa tarjeta de presentación pretenden pedir préstamos de organismo financieros internacionales y obtener créditos del gobierno de los Estados Unidos para financiar las importaciones agrícolas norteamericanas, sin las cuales el pueblo sufriría una hambruna de proporciones siderales.

Por otra parte, para un gobierno que controla todos los aspectos de la vida de sus ciudadanos, desde la posibilidad de vivir en libertad hasta el confinamiento carcelario en condiciones inhumanas, desde el empleo hasta el lugar de residencia, desde los alimentos al vestuario, desde los estudios a la salud, desde la posibilidad de profesar un culto religioso hasta el ejercicio de una profesión y desde los medios transporte interno hasta el permiso para viajar al exterior resulta fácil reclutar cómplices para promover sus metas más sórdidas.

Únicamente hombres y mujeres de carácter fuerte y principios muy sólidos son capaces de escapar a la tentación de recibir una limosna de una tiranía que lo controla todo o de superar el miedo a sufrir las represalias de un gobierno que castiga a quienes se oponen a sus designios. Represalias que incluyen el asesinato y el hostigamiento de los familiares de quienes se rebelan. Como se ha demostrado, iluminados como Laura Pollán, Oswaldo Payá, Orlando Zapata y Wilmer Villar constituyen la excepción y no la regla dentro de cualquier proceso de confrontación con un enemigo tan poderoso y despiadado como el régimen castro estalinista. La posibilidad de correr la misma suerte mantiene en estado de parálisis a los opositores verdaderos que no están dispuestos a participar en la farsa montada por el régimen.

Es así como en los últimos tiempos hemos visto surgir una oposición cautelosa que no se atreve a pedir el único cambio con la capacidad de traer la felicidad al pueblo de Cuba: la salida inmediata de los Castro y de su comparsa macabra. En esta abigarrada mezcla de colaboracionistas están los oportunistas, los amedrentados, los cansados y, sin dudas, una buena proporción de espías encargados de informar al régimen sobre cualquier supuesto opositor que se atreva a salirse del libreto y pueda resultar un peligro para su permanencia en el poder.

Lo que vemos y escuchamos de estos opositores domesticados son peticiones de ayuda económica al exilio, admoniciones sobre paciencia para esperar que los tiranos se vayan cuando les venga en ganas y relatos sobre la forma en que ellos son tratados con deferencia por los mismos esbirros que han convertido en arte la represión de mujeres como las integrantes de las Damas de Blanco.

A propósito de este tema, mi amigo José Alberto Álvarez Bravo escribía hace unos días desde Cuba: "La frase de mi hermano de ideales Guillermo Fariñas, según la cual los segurosos son ahora más amables, contrasta con la escalada de maltrato físico que se ha ido produciendo con mi persona; “cada cual cuenta de la feria según le va en ella”, dice el refrán. Al “coco” lo tratarán mejor, pero lo que veo a mi alrededor es más violencia por parte de los esbirros de la policía política y los genízaros de la Policía Nacional Revolucionaria; hermanos y hermanas golpeados con saña, con furor, con odio, eso es lo que veo y oigo contar".

Pero el entramado va muchos más allá de la domesticada nueva oposición interna. A los efectos de poner en marcha su última estrategia, el régimen cuenta con la contribución entusiasta de empresarios cubanos en el exilio que ponen el lucro personal por encima del amor a Cuba. Son los buitres que se preparan para llenarse la panza con el cadáver de la patria. Quieren ser los primeros en llegar y, para ello, están dispuestos hasta a entrar en sociedad con los tiranos que una vez despojaron a algunos de ellos y sus familiares de bienes acumulados con esfuerzo y años de trabajo.

Sueñan con ser los zares de la industria azucarera, los magnates de los bancos, los dueños de medios de difusión y los constructores de los sistemas eléctricos, telefónicos y cablegráficos. Una transición cubana al estilo soviético donde los ricos se harán más ricos y los pobres seguirá siendo pobres. Estos miserables perdieron una vez bienes materiales recuperables. De continuar con su plan de asociarse a los tiranos, esta vez perderán el bien irrecuperable del honor.

Albergo, sin embargo, la esperanza de que cuando llegue la hora de nuestra libertad quedemos algunos cubanos con la vergüenza, el patriotismo y el coraje suficientes para denunciar a estos mercaderes de nuestra miseria. Para identificarlos por sus nombres y convertirles sus sueños de enriquecimiento y grandeza en la horrible pesadilla que merecen los traidores a la patria que hacen causa común con los opresores de su pueblo.

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