NO HABRÁ LIBERTAD SIN SANGRE

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

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"El árbol de la libertad debe ser vigorizado de vez en cuando con la sangre de patriotas y tiranos: es su fertilizante natural". Thomas Jefferson, autor de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América.

Los acontecimientos de los últimos diez días en Venezuela deben ser motivo de preocupación no solo para venezolanos y cubanos demócratas sino para todos los amantes de la libertad en América. En una página sacada del prontuario de terror totalitario de los hermanos Castro, sus discípulos venezolanos han achuchado a sus perros represores--entre ellos esbirros comunistas cubanos vistiendo uniformes militares venezolanos-- contra ciudadanos pacíficos que solo reclaman el cumplimiento de las leyes y el respeto a la constitución.

Gracias a los medios de comunicación social hemos visto con horror las heridas sangrantes causadas por disparos de perdigones contra el abdomen, las espaldas y los glúteos de numerosos manifestantes. El objetivo, al menos hasta el momento, parece ser sembrar el terror manteniendo a un mínimo el número de bajas mortales a los efectos de evitar una adversa reacción internacional.

En la mejor tradición castrista no se ha salvado siquiera la mujer venezolana. Ellas son hermanas de nuestra heroicas Damas de Blanco. Hemos visto a mujeres semidesnudas pisoteadas por las botas de unos cobardes que deshonran tanto a sus madres, hermanas y esposas como al uniforme de las fuerzas armadas que se dicen depositarias de la tradición edificante y civilista de Bolívar.

Esa es precisamente la tradición que defendió en las urnas una oposición venezolana liderada por un digno hijo de Bolívar. Henrique Capriles se enfrentó a la aplastante e inmunda maquinaria chavista en una batalla que rememora la confrontación bíblica entre David y Goliat. Sin embargo, hasta el momento, todo indica que el desenlace en Venezuela será muy diferente de lo relatado en el pasaje bíblico.

La avalancha de votos que le dio una indiscutida victoria a Capriles no tuvo el efecto mortífero de la piedra lanzada por la onda de David para mandar al infierno a este hijo de los diablos de La Habana. Maduro se aferra al poder porque se ha aprendido bien la lección de que el soborno es más efectivo que la razón, que el terror es más convincente que la persuasión y que las balas son más poderosas que los votos.

Y ahí radica precisamente el problema. Los venezolanos, como los opositores que hoy se baten frente a la atrincherada tiranía comunista cubana, están utilizando las armas equivocadas contra un enemigo que no entiende de otra razón que la de la fuerza. Los monstruos que hoy oprimen a ambos pueblos interpretan la búsqueda de soluciones pacíficas como debilidad y dialogan únicamente para ganar tiempo hasta tener suficiente fuerza para imponer su monólogo. Que no es otro que: "nosotros mandamos y ustedes obedecen o nosotros los desaparecemos".

Quiero, sin embargo, dejar bien claro que la lucha de los cubanos contra la tiranía castro estalinista no ha utilizado siempre medios pacíficos. La prolongación de esta lucha ignorada y solitaria ha condenado al olvido a millares de cubanos valientes y patriotas que ofrendaron sus vidas en acciones militares contra los tiranos.

En función de la brevedad, omito nombres y paso una revista rápida. Las epopeyas de las cordilleras de Los Órganos, El Escambray y la Sierra Maestra. La Invasión de Bahía de Cochinos, las invasiones y ataques desde el exterior efectuados por Alpha 66, Los Comandos L y el Plan Torriente, las acciones de hostigamiento y sabotaje por grupos insurreccionales dentro de la Isla y los millares de cubanos fusilados y encarcelados durante la década que corrió entre 1960 y 1970. Sé que he olvidado a muchos y por ello les pido perdón.

Con el transcurso del tiempo, los viejos guerreros cayeron víctimas del cansancio, del desengaño o de la muerte. Una lucha de tres generaciones está condenada a cambiar de escenarios, de procedimientos y de actores. Eso es lo que ha pasado en la lucha contra los Castro a pesar de las admoniciones de quienes por medio siglo nos hemos mantenido firmes en la necesidad de confrontar a los opresores con sus mismas armas.

Por otra parte, la izquierda atrincherada en la prensa, en las universidades, en Hollywood y en el Departamento de Estado logró un éxito inusitado en neutralizar a los adversarios de sus tiranos favoritos como los Castro, los Chávez y los Ortega. La lucha armada fue asfixiada con argumentos de una falsa neutralidad norteamericana y los soldados de la libertad pasaron a ser calificados de terroristas. En realidad unos jóvenes idealistas y crédulos que Washington entrenó, armó y abandonó a su suerte en las playas cubanas por la cobardía del Presidente Kennedy. Esto le dio a los Castro el tiempo necesario para perfeccionar su maquinaria de terror y consolidar su control absoluto sobre la sociedad cubana.

El vacio de la lucha armada fue llenado por un segmento de la población que dio inicio a una tímida oposición que se autocalificó de "disidente". La mayoría de quienes comenzaron esta corriente habían integrado las filas del gobierno revolucionario. No estaban totalmente convencidos de las bondades de la democracia y de la libre empresa pero habían probado el comunismo y no les había gustado.

Más adelante surgieron verdaderos opositores con conceptos más claros de la democracia y de la función de la libre empresa, así como con posiciones más contestatarias al totalitarismo imperante en la Isla. Pero todos ellos, los disidentes y los opositores, quizás compelidos por circunstancias de aislamiento, de control policial o de carencia de recursos, han optado por utilizar medios pacíficos en su búsqueda peregrina de una transición sin violencia. Y eso le viene a Raúl Castro como anillo al dedo porque le da tiempo para consolidar su dinastía y designar como sucesor a ese nietecito con expresión de esbirro que le guarda las espaldas.

Un destino similar es el que tienen programado para el pueblo venezolano. Como en Cuba, están utilizando la táctica de ganar tiempo. El Consejo Nacional Electoral accede a la petición de Capriles de contar de nuevo los votos pero su vicepresidente dice que el conteo original es "irreversible". Eso si aclara que Capriles puede apelar después al Tribunal Supremo. Si sumamos los tiempos del recuento de votos y de la apelación ante el Supremo podrían transcurrir varios meses. El tiempo necesario para que Maduro, Cabello y su gavilla de ladrones afiancen sus garras sobre el pueblo venezolano.

De ahí que los cubanos y venezolanos que nos negamos a vivir sin libertad tengamos una decisión que tomar. Confrontamos a estos rufianes con sus propias armas o nos resignamos a vivir en esclavitud. Por el momento, no estoy hablando de balas, aunque esas vendrán después cuando pueblo y ejercito entiendan que son hijos de la misma patria y se nieguen a matarse entre sí para beneficio exclusivo de sus tiranos.

Ahora bien, primero hay que tomarles las calles con marchas periódicas que progresivamente aumentarán en número de participantes. Y sobre todo, con la disposición de que la primera sangre sea la de las víctimas que se oponen a ambos regímenes, pero con la certeza de que los victimarios pagaran más temprano que tarde su propia cuota de sangre. A los escépticos los refiero a la Primavera Árabe en Túnez, Sahara Occidental, Libia y Egipto, donde muchos de los matarifes fueron matados por sus víctimas.

Quiero, sin embargo, concluir dejando bien claro que en nada me agrada haber llegado a las conclusiones que he compartido con ustedes. Mi conciencia, mis principios y mi experiencia de que la violencia engendra más violencia me hacen preferir una transición pacífica para Cuba y para Venezuela. Pero no estoy tan ciego como para ignorar realidades convalidadas por años de conducta intransigente por parte de estos energúmenos ni soy tan iluso como para esperar compasión o altruismo de quienes han demostrado el más brutal de los ensañamientos y el más absoluto de los egoísmos. Creo firmemente que ni para Cuba ni para Venezuela habrá libertad sin sangre. ¡Quiera Dios que esté equivocado!

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COMENTARIOS


En la lucha entre los hombres libres y el Castro Fascismo han habido dos derrotados y una un gran vencedor. El vencedor, Los Estados Unidos de America. Los derrotados, los hombres libres y el Castro Fascisnmo. Lo que viene ahora es una componenda en la cual el Castrismo ira desapareciendo casi imperceptiblemente para que no haya disturbio, revoluciones o grandes protestas. Despues quedara un tipo de gobierno fuerte que, sin ser dictadura mantrendra a los pueblos tranquilos y hasta cierto punto satisfechos , pero sin libertad. Por el momento todo esta marchando bien para los americanos. Cualquier desorden que suceda en Cuba o Venezuela es, por supuesto, culpa de los Castro Chavistas. Si ellos desaparecieran violentamente entonces el problema tendrian que comprarselo los Yankees, y eso es precisamente lo que ellos no quieren.
Hace 2214 dias.

No hay de otra
Hace 2214 dias.

Lamentablemente no existe victoria sin sangre,contra una tiranis.Estoy plenamente de acuerdo con el Sr. Cepero. Si sumamos los muertos que la revolucion socialista ha causado en Cuba, en los decenios que lleva en el poder y los de las bombas que plantaron antes de conseguir derrocar la dictadura de Batista, habria sido menos sangrienta una guerra civil. Ya el pais se habria recuperado. Desgraciadamente tratar de evitar una lucha armada solo provoca mas abusos y asesinatos por parte de los tiranos y la creacion de nuevas generaciones que solo conocen la falta de principios y calidad amoral que les han inculcado. En Cuba se ha perdido mucho mas que los los muertos y encarcelados; se han perdidos generaciones de la vitalidad de la industria y el progreso al igual que han creado la erosion a lealtad a la familia y la patria por la mayoria del pueblo.Un triste ejemplo para no seguir por parte de los Venezolanos de conciencia.
Hace 2214 dias.

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