UNA PALOMA LLAMADA YOANI

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

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Hace dos milenios hizo su entrada triunfal en Jerusalén montado en un burro y rodeado de discípulos empuñando hojas de palma el que, andando el tiempo, sería adorado como el Salvador del mundo. Esta última Semana Santa, después de un periplo mundial durante el cual fue objeto de numerosos homenajes y reconocimientos, llegó a Miami Yoani Sánchez. Siguiendo su ya conocido libreto y "modus operandi" en los medios sociales, Yoani aterrizó en el aeropuerto internacional de Miami en calidad de incógnita y anunció por twitter que se dirigía a la Ermita de la Caridad, según ella: "antes de quitarse el polvo del camino". ¡Qué hermosa imagen y que oportuno simbolismo para quien se presenta como la paloma de una paz cubana donde víctimas y victimarios coexistan en una armonía ilusoria y potencialmente precaria!

En la Ermita se habían congregado numerosos fieles para las acostumbradas confesiones previas a la comunión del Domingo de Resurrección. Allí estaba, cumpliendo su acostumbrado deber, el párroco de la Ermita de la Caridad, padre Juan Rumín Domínguez; así como administrando sacramentos y dirigiendo los preparativos para los servicios religiosos. Y, casualidad de casualidades, el Arzobispo Thomas Wenski había hecho espacio en su apretado calendario para estar presente en la Ermita. Llegó Yoani, llegó la prensa sedienta de cualquier noticia que le aumente el rating y estaba el arzobispo que visitaba el templo "por casualidad". Nada más lógico y apropiado que una fotografía de unos solícitos prelados con una dama de apariencia inofensiva y aspecto frágil que era aclamada como innovadora vocera de la libertad de Cuba.

¿Por qué digo todo esto que algunos considerarán conflictivo? La respuesta resulta fácil para quienes hemos visto al pueblo cubano encumbrar ídolos en forma festinada para pagar más tarde nuestros errores al alto precio de la pérdida de nuestra libertad y de nuestro bienestar. Me asaltan numerosas preguntas con respecto al ascenso meteórico del perfil de Yoani Sánchez a nivel mundial como símbolo y arquetipo de una nueva forma de oposición cubana.

En menos de cinco años ha recibido condecoraciones y premios en metálico de más de una docena de universidades, periódicos y organizaciones de derechos humanos. Hasta la prestigiosa y conservadora Sociedad Interamericana de Prensa la honró designándola para la vicepresidencia regional de su Comisión de Libertad de Prensa e Información. Me pregunto si estas instituciones consideran a Yoani representante de una oposición más moderada, menos beligerante y, por lo tanto, quizás más dispuesta a conversar con elementos de la actual tiranía. Confieso que, para esta y otras preguntas, no tengo respuestas. Y los errores que he cometido a lo largo de mi vida me han enseñado que cuando tenga preguntas sin respuestas ande con extrema cautela.

Por ejemplo, ¿por qué salió de Cuba en el 2002, una mujer que entonces llamó a la Isla "una inmensa prisión con muros ideológicos" y, dos años más tarde, en el 2004, regresó a esa "prisión" diciendo que el régimen era "un barco que hace aguas a punto del naufragio"? Ni el régimen ni las condiciones dentro de Cuba habían cambiado. De hecho, la situación en el 2004 era quizás peor que en el 2002. Y, a mayor abundamiento, ¿qué hay de cierto en anotaciones del archivo diplomático del gobierno de Cuba en Berna, Suiza, donde se afirma que Yoani Sánchez regresaba a Cuba a causa de "dificultades económicas" en aquel país?

Siguiendo con las preguntas: ¿Cómo es posible que el sitio que aloja el blog de Yoani disponga de un ancho de banda 60 veces superior al que dispone Cuba para todos sus usuarios de Internet? ¿Cómo es posible que el Presidente Obama le haya concedido una entrevista para su blog, cuando constantemente recibe centenares de peticiones de los más importantes medios informativos del mundo? ¿Por qué fue recibida la semana pasada en la Casa Blanca por Ricardo Zúñiga, asesor del Presidente Obama para el Hemisferio Occidental?

Y la última, al menos por el momento, ¿qué quiere decir Yoani cuando afirma desear para Cuba "un capitalismo sui generis"? ¿Será una especie de "arroz con mango" a la cubana de un capitalismo bendecido con las aguas contaminadas del socialismo que le taladró en el cerebro el maestro asignado por el gobierno mientras la niña Yoani iba a la escuela? No lo sabemos pero no podemos mantener silencio ni darle carta de crédito como vocera de nuestro camino hacia la normalidad democrática.

Lo que está en juego es nada más y nada menos que erradicar de nuestra patria, sin que quede un solo vestigio, el mundo alucinante de la tiranía comunista con sus cárceles, sus golpizas, sus miserias, sus mentiras y su exilio. El exilio sí, porque el sufrimiento no ha sido monopolio de quienes quedaron atrás. La pérdida de la patria es un bien que quienes salimos, por las razones que fueran, jamás podremos recuperar.

Por otra parte, hay una pregunta para la que si tengo respuesta. La razón por la cual Yoani ha recibido la acogida y el apoyo casi al unísono de Washington, de Europa y del Vaticano. Barack Obama, por motivos tanto ideológicos como pragmáticos, ha demostrado su interés en un mantenimiento del "status quo" en la Cuba de los Castro. Los Estados Unidos no quieren más oleadas de exiliados cubanos, sea masiva como la del Mariel o a cuenta gotas como las de los balseros. Además, los granjeros norteamericanos y sus cabilderos ante el Congreso presionan para un levantamiento del embargo que les permita venderle a los Castros y cobrarle a los contribuyentes norteamericanos cuando los tiranos no paguen.

Europa es casi exactamente lo mismo. Los europeos, como Obama, son en su mayoría partidarios de sistemas de social democracia política. No importa que sus economías estén sumergidas bajo el peso de prestaciones masivas a ciudadanos que han perdido la ética del trabajo. Está comprobado que, una vez concedida una sinecura, es muy difícil terminar con ella. Existe además el ingrediente de la influencia de España en la comunidad europea como experta en la cuestión cubana. Y, como sabemos, los españoles se resisten a perder su factoría caribeña. Una factoría que se proponen mantener contribuyendo a una transición mediatizada y precaria.

El Vaticano, por su parte, no hace otra cosa que continuar su política de 2,000 años de gestar alianzas que preserven sus intereses y su poder, adaptando el mandato y las enseñanzas bíblicas a las conveniencias del momento. Fue así como los dos últimos papas fueron a Cuba, rindieron su majestad ante la ignominia de los tiranos y se negaron a visitar presos o a reunirse con las Damas de Blanco. No me extrañaría que el tenebroso Tarsicio Bertone haya conservado suficiente poder en la Curia Romana como para promover un encuentro entre Yoani y Francisco cuando la primera regrese dentro de unos días al viejo continente.

No puedo afirmar que exista un plan específico o un acuerdo deliberado entre Washington, Europa y el Vaticano. Tampoco puedo decir si Yoani actúa impelida por sus convicciones o "teledirigida" por esos intereses mayores. Pero las motivaciones son secundarias. Lo que importa es el efecto debilitante que esta coincidencia de intereses y de estrategias puedan ejercer sobre el futuro de una Cuba que aspire a vivir en libertad, en democracia y en prosperidad sobre la roca sólida de un sistema económico de libre empresa.

Y en un plano más urgente, aquellos cubanos que trabajamos por una patria a la hechura de aquella por la que murió Martí en Dos Ríos y rendimos culto a la bandera idolatrada por Bonifacio Byrne en los versos donde dijo "no pueden haber dos banderas donde basta con una, la mía" tenemos que acelerar el paso para neutralizar esta embestida contra nuestra soberanía nacional. Cincuenta años de opresión nos hacen acreedores a una Cuba inoculada contra devaneos socialistas, no importa si se les llama "capitalismo sui géneris o socialismo del Siglo XXI". Una Cuba libre de toda hegemonía por parte de intereses políticos o mercantilistas foráneos.

En conclusión, muchos se preguntarán: ¿por qué Cepero asume las consecuencias de ser calificado de incrédulo, de divisionista o, por lo menos, de aguafiestas? Muy sencillo. Porque cuando salí de mi patria no renuncié a pensar, a mis derechos ciudadanos de expresar con libertad mi pensamiento, a mi cubanía, ni a mi responsabilidad de velar por el bienestar de mi pueblo. Porque me he inmunizado a mi mismo contra quienes, careciendo de argumentos sólidos, puedan acusarme con los gastados y débiles argumentos de que hablo desde la seguridad del exilio, de que divido a la oposición o de que beneficio a los tiranos.

Hablar desde el exilio no debe ser un estigma sino un mérito de quienes, disfrutando de los bondades de la libertad, seguimos preocupados por la opresión de nuestros hermanos en Cuba. La oposición no está dividida sino actúa de acuerdo con los principios de democracia que defiende y propone para la Cuba que ya se avecina. Y a los tiranos los benefician quienes no trabajen por una transición sin venganzas pero con justicia donde el pueblo cubano pueda confrontar y castigar a sus victimarios. Solo así tendremos una nación con la capacidad de construir un futuro de armonía porque habremos saldado las cuentas con nuestro pasado de oprobio. La Cuba martiana "con todos y para el bien de todos". Disparen sus dardos aquellos que discrepen, que yo estoy orgulloso de haber cumplido con mi deber.

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