LA BATALLA DE GUAM

Hugo J. Byrne

A mi amigo Jorge Maspóns veterano de Vietnam y aficionado a la historia militar

“Se ha demostrado claramente mediante varios argumentos que los generales romanos tenían a sus falanges (soldados de a pie) en mayor estima que a la caballería” "El Príncipe", por Niccolo Maquiavelo.

Hay muy pocas ocasiones en la historia reciente en que cargas de infantería o de caballería fueran ordenadas por jefes militares para enfrentar a unidades blindadas, o adecuadamente atrincheradas. Los más conocidos de esos absurdos intentos recientes fue cuando los “Rases” de Haile Selassie trataran de utilizar las lanzas de sus guerreros contra las tanquetas italianas de Pietro Badoglio o Rudolfo Graziani en la Abisinia que conquistara Mussolini en 1936. En 1939 unidades de la caballería polaca también enfrentaron con heroica e inútil determinación a los Panzers de Heinz Guderian.

Por supuesto, actos de insania suicida como esos nunca han tenido resultados positivos, pero... ¿nunca han estado cerca de obtener victoria? De acuerdo a las versiones de muchos combatientes de la 3ª División de Infantería de Marina, veteranos de la Isla de Guam en el verano de 1944, parece que los soldados del Sol Naciente estuvieron bastante cerca de lograrlo, al menos temporalmente. Conocí a uno de esos veteranos, oficial retirado del “Marine Corps”, cuando en 1969 ambos trabajábamos en el sur de California para un negocio llamado Varco Pruden que diseñaba y construía estructuras de acero prefabricadas.

La batalla naval por las Islas Marianas fue una de las más decisivas victorias de Estados Unidos en la campaña del Pacífico. Después del gran revés de los japoneses en Midway, el “Turkey Shoot” de las Marianas marcó el fin de la amenaza que representaban los portaaviones japoneses a las operaciones navales norteamericanas. Los aviones de combate que comandaba el Vicealmirante Jisaburo Ozawa fueron abatidos sin piedad por los decididamente superiores Grumman f6f “Hellcats” norteamericanos (346 nipones derribados contra sólo 30 del U.S. Navy). Al mismo tiempo, submarinos norteamericanos hundían dos portaaviones japoneses de los restantes después del desastre en Midway. La victoria del Almirante Chester Nimitz sobre las fuerzas de Ozawa era nada menos que espectacular.

Las bajas navales norteamericanas fueron insignificantes. Un acorazado fue ligeramente dañado por una bomba y la gran mayoría de los pilotos derribados sobrevivieron. Al día siguiente la escuadra japonesa en fuga fue atacada de nuevo: Ozawa perdió otro portaaviones, un esencial transporte de petróleo y casi el resto de sus aviones. A su regreso a puerto seguro le quedaban sólo 35. Había zarpado con más de 400. No tengo la menor idea qué fue de Ozawa. ¿Suicidio ritual quizás? Sin embargo, el combate terrestre por esas islas fue harina de otro costal.

Las Marianas son parte de un sistema montañoso parcialmente sumergido en el punto más profundo del Océano Pacifico y constituyen el extremo norte del grupo de islas llamadas Micronesia. Guam es la mayor de ellas y está ubicada al extremo sur de un archipiélago en forma de arco, cuya convexidad está en dirección este. Guam tiene un área de 544 kilómetros cuadrados y, de acuerdo al censo del 2010, una población de más de 180,000 habitantes. No poseo datos de su población en 1944.

Guam fue oficialmente cedida a Norteamérica por España en virtud del Tratado de París de 1898. En la actualidad Estados Unidos tiene allí una de sus bases militares más importantes del Pacífico, pero en el mes de diciembre de 1941 la isla estaba virtualmente desguarnecida y fue rápidamente ocupada por tropas japonesas junto al resto del archipiélago, dos días después del ataque a Pearl Harbor.

Reconquistar esas islas era un objetivo primordial tanto por razones morales como estratégicas. Sería el primer territorio norteamericano del Pacífico invadido por Japón en ser liberado. Al mismo tiempo las Marianas y especialmente las islas de Saipán y Tinian eran excelentes avanzadas para el comando del Cuerpo aéreo del Ejército en su proyectado bombardeo estratégico del Japón. Esa ventaja era muy evidente cuando el 6 de agosto de 1945 el Coronel Paul Tibbets, a cargo del Grupo Estratégico 509, despegara desde Tinian con destino a volar sobre la ciudad de Hiroshima.

A mediados de junio de 1944, los infantes de marina desembarcaron en Saipán, Tinian y Rota, encontrando una resistencia inesperadamente tenaz en la primera. Eso forzó demorar el desembarco en Guam. Cuando por fin se ordenó la ofensiva el 21 de julio, los marines habían permanecido en estática espera por más de 50 días. Nada peor que mantener tropas inactivas por largo tiempo justo antes de lanzar un ataque anfibio vital.

Aún así, la “siempre fiel” Infantería de Marina se comportó de acuerdo a su bien ganada fama y el desembarco ocurrió con la legendaria precisión de ese cuerpo. Lo que no se anticipaba era que la facilidad en desembarcar tropas también facilitaba una estrategia enemiga de contragolpe que se repetiría más tarde y aún con mayor éxito en Tarawa, Iwo Yima, las Filipinas y Okinawa.

De repente a las tres de la mañana del día 25 de julio y al grito de “¡banzai! una horda fanática de soldados dispuestos al martirio cargaron a la bayoneta y lanzando granadas de mano contra los marines, quienes en grupos de dos o tres recién habían ocupado sus “huecos de zorro” y descansaban del esfuerzo de cavarlos. Para poder identificar a los atacantes en medio de la obscuridad se lanzaron luces de bengala. Los oficiales nipones encabezaban el ataque suicida con sus sables brillando a la luz de los “flares”.

Aunque muchos enemigos cayeron víctimas del concentrado fuego automático, fue imposible evitar una sangrienta lucha cuerpo a cuerpo. Los “Shermans” norteamericanos abrieron fuego letal con sus piezas de 75mm a boca de jarro contra la masa rugiente de infantería japonesa. Los atacantes se subían a los tanques tratando de abrir las escotillas para liquidar a los tripulantes. Algunas áreas del perímetro defensivo fueron totalmente abrumadas, con algunos oficiales y soldados nipones llegando en su carrera desenfrenada casi hasta las playas, escena del desembarco de los infantes de marina.

En menos de una hora el desigual terreno se llenó de cadáveres japoneses y norteamericanos pisoteados por los atacantes, quienes apenas veían el suelo. A la carnicería dantesca se agregaba hedor de muerte, causado por intestinos humanos esparcidos por el terreno. A eso se mezclaba un penetrante tufo a “sake”, vino de arroz, consumido liberalmente por el enemigo como estímulo al combate. La combinación era nauseabunda.

Varios emplazamientos de artillería fueron abrumados y los atacantes, a fuerza de músculo, trataban de rotar las piezas para usarlas contra los infantes de marina y, al menos en un caso casi lo logran. Sólo fracasaron porque uno de los atacantes que portaba una mina potente con propósitos suicidas, fue derribado por una ráfaga que hiciera detonar el explosivo en el momento de pasar cerca de la pieza.

En ese momento y como alegoría al fanatismo que trasciende el código “Bushido”, un oficial del Imperio se irguió tambaleante sobre la pila horrenda de cuerpos destrozados, muertos o agonizantes de ambos bandos. El veterano nipón mostraba varias heridas cubiertas con sucios vendajes improvisados, negros por la sangre coagulada. Entonces cayó sentado, encarando a los asombrados marines y se puso una granada de fragmentación contra la cabeza.

La última carga ocurrió casi exactamente tres horas después de iniciado el combate. Esta vez los atacantes gritando y blandiendo bayonetas, sables y hasta palos largos, sucumbieron hasta el último hombre. La resistencia japonesa en isla de Guam continuó desde cuevas y túneles. El 10 de agosto de 1944 tocó a su fin.

El 24 de noviembre los primeros 111 bombarderos B-29 despegaron de las Marianas rumbo al espacio aéreo del Japón.

 

COMENTARIOS


buen artículo!
Hace 2151 dias.

Comentario
*El Administrador de la Nueva Nacion se reseva el derecho de no aprobar comentarios inapropiados.
 
Missing Image