DE LÍDERES, CAUDILLOS Y MESÍAS.

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

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Tanto los hombres como los animales aprendieron desde muy temprano que su supervivencia en un mundo hostil y su éxito en la realización de grandes empresas dependen de su capacidad para organizarse y funcionar como grupo. Así lo entendieron tanto las hordas de Atila que sembraron el terror en el imperio romano como las abejas que habitan y producen la miel en la colmena.

Porque un grupo que actúe en forma anárquica es totalmente inoperante. Su eficiencia depende directamente de su cohesión y de su capacidad para actuar al unísono en las metas comunes que se pretenden alcanzar. Surge, por lo tanto la necesidad de que alguien dicte las normas que mantengan la cohesión y regulen las formas de interacción y de actuación del grupo.

Y nada hay de malo en que unos pocos manden y otros muchos obedezcan. La cuestión reside en la forma en que es ejercido el mando y los beneficios que acarree ese mando para aquellos que le profesen obediencia. Para simplificar este tema, hemos decidido clasificar a aquellos que ejercen poder y ostentan autoridad sobre sus semejantes en líderes, caudillos y mesías.

La experiencia ha demostrado que unos sirven a sus semejantes y otros se sirven a sí mismos. Que unos son benévolos y otros son vengativos. Que unos son verdaderos y otros son falsos. Estos últimos, no son otra cosa que la consecuencia del barro putrefacto de que están hechos aquellos seres humanos cuyo mundo no trasciende las fronteras de sus propios intereses mezquinos. Por desgracia, estos individuos han estado en mayoría desde los inicios de la humanidad.

Pero, a los efectos de ordenar nuestras ideas y de hacer comprensible este mensaje, creemos oportuno definir los tres términos a los cuales hemos hecho referencia en los párrafos anteriores. Entiendo por líder a aquel individuo que es jefe de un partido político, de una institución religiosa o de un grupo social. Considero caudillo al cabecilla de un grupo armado que utiliza la fuerza bruta para imponer su voluntad sobre quienes le rodean.

En cuanto a Mesías, acepto solamente a uno. El Hijo de Dios. Aquel que murió por nosotros para salvarnos de nuestros vicios, nuestros egoísmos y nuestros pecados. El resto son una caterva de farsantes y facinerosos que se presentan bajo una aureola de predestinados y proclaman unas dotes de infalibilidad encaminadas ambas a despertar en los pueblos una confianza inmotivada y desmedida, a veces hasta el extremo de la idolatría. Hijos de Lucifer que hacen de los espacios donde ejercen su poder omnímodo antesalas del infierno en la Tierra. A esta gentuza volveremos más adelante.

Por ahora pasemos revista a los líderes y a los atributos de aquellos que podemos considerar como verdaderos representantes de su estirpe. Entre ellos, merecen un lugar destacado figuras como George Washington, el presidente que se negó a perpetuarse en el poder, José Martí, el patriota que se inmoló por la libertad de su pueblo, Albert Schweitzer, el médico que renunció a la riqueza para curar enfermos en la villa africana de Lambarene, la Madre Teresa, la misionera que vio a Jesucristo en los recluidos en su leprosorio, Mahatma Gandhi, el místico que demostró que la no violencia es un arma más poderosa que los cañones, Martin Luther King, el predestinado que reivindico a los negros sin predicar el odio a los blancos y, Laura Pollán Toledo, la abanderada de la libertad de Cuba que se enfrentó a los tiranos empinada en su amor a la libertad. Aunque vivieron y actuaron en escenarios y tiempos diferentes, todos compartieron una serie de atributos comunes como pureza de sentimientos, solidez de principios y altruismo en el servicio.

De los caudillos, aunque el saldo de algunos no fue totalmente negativo en el aspecto material, no pueden ser considerados como ejemplos a imitar. Su poder y su influencia terminaron en el momento en que inhalaron su último aliento. La lista que les adjunto, aunque limitada, lo dice todo. Los nombres de Benito Mussolini, Juan Vicente Gómez, Anastasio Somoza, Rafael Trujillo, Alfredo Stroessner, Marcos Pérez Jiménez y Fulgencio Batista han desaparecido de la historia y de la mente de los pueblos que una vez sometieron a la obediencia con las armas de la intimidación y del terror.

Ahora bien, si los juzgamos de acuerdo a la dimensión de la miseria, destrucción y muerte causados a aquellos que tuvieron la desdicha de sufrir su hegemonía, nadie le gana a los falsos mesías. El mesías de la revolución rusa de 1917, Vladimir Lenin, fue uno de los más prolíficos. Según " El libro negro del comunismo " , una de las más completas investigaciones que se hicieron acerca de los genocidios, torturas , atrocidades y hambrunas provocadas por los distintos regímenes comunistas a lo largo de su historia, la cantidad de víctimas provocadas por este sistema en los países en los que llego al poder es cercana a los 100 millones de muertos.

El horror de la Segunda Guerra Mundial desatada por la megalomanía de Adolfo Hitler arrojo el saldo alucinante de 73 millones de muertos. Con respecto al Holocausto, las cifras varían según el criterio que se adopte. Si en las estadísticas totales son incluidos los homosexuales, los disminuidos físicos y mentales y los Testigos de Jehová las víctimas ascienden a más de 11 millones, de las cuales más de la mitad eran judíos.

Según la profesora del King's College, Jung Chang, que fuera miembro de la guardia roja durante la Revolución Cultural, Mao Zedong, el ídolo desde su juventud del carnicero analfabeto Raúl Castro, causó la muerte de más de 70 millones de chinos en tiempos de paz. En su biografía del monstruo, la profesora afirma que el Partido Comunista de China ha sobrevivido porque "es totalitario y no tiene en cuenta ni los sentimientos, ni los deseos, ni los sufrimientos de la población". Cualquier parecido con la Cuba de los Castro no es coincidencia sino consecuencia directa de la similitud de la naturaleza diabólica del maestro y de sus discípulos.

Por su parte, aunque los discípulos no han logrado alcanzar las cifras siderales del maestro, no ha sido por falta de esfuerzo. Estudios serios y documentados sobre el genocidio cubano arrojan una cifra superior a los 11,000 muertos por motivos políticos dentro de la Isla durante la tiranía castro-estalinista. Pero, es harto conocido y demostrado que el brazo del terrorismo y la subversión desatados por los diablos de Birán ha trascendido las fronteras geográficas de Cuba. El apoyo logístico, financiero y armamentista de la tiranía cubana a las guerrillas de la FARC, de los sandinistas y del Farabundo Martí ha causado destrucción y muerte en Colombia, Nicaragua y El Salvador con un saldo total de 165,000 víctimas (20,000 en Nicaragua, 70,000 en Colombia y 75,000 en El Salvador).

No puedo terminar sin mencionar al recién fallecido mesías venezolano. El hijo putativo de Fidel no acumuló las mismas estadísticas en muertes violentas durante su miserable vida, pero dejó tras de sí un rastro de millones de venezolanos consumidos por el odio y asfixiados por la miseria y por la delincuencia.

Encontró a un país que, a pesar de que el petróleo se vendía solamente a $10 el barril, ocupaba un lugar destacado entre las economías latinoamericanas. Doce años más tarde, aunque el precio del petróleo se había multiplicado por diez ($100 el barril), reinaban el desabastecimiento, la miseria y el desempleo. El resultado de regalarle a las sanguijuelas cubanas 120,000 barriles diarios de petróleo a un costo anual de $3,600 millones. A pesar de todo, las masas fanáticas lo reeligieron en el 2012 y se preparan a reelegirlo de nuevo en la imagen paupérrima de su delfín Nicolas Maduro.

Estos ejemplos aterradores constituyen una advertencia que no puede ser ignorada sobre la necesidad de inocular pueblos contra la enfermedad del mesianismo político. Tenemos que limitar tanto la dimensión de los poderes como el tiempo en el poder de nuestros gobernantes. Tenemos que educar, educar y educar a nuestros ciudadanos para que exijan repuestas a quienes los gobiernan en vez de envanecerlos con su idolatría. Que tengan bien claro que mientras más poder tenga el mandamás menos poder tendrán los ciudadanos de a pie. Que, a la hora de votar, apliquen la máxima maquiavélica de "divide y vencerás". Porque un gobierno con poderes limitados y divididos es siempre la mejor garantía de la libertad ciudadana. Ojalá que no se nos haya acabado el tiempo.

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Me encantò,yo siempre lo he dicho uniòn es la
Hace 2243 dias.

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