UNA PRENSA EN LA CAMA CON OBAMA

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

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Desde mis años de estudiante en mi nativa Cuba una de las instituciones norteamericanas que más admiraba era su prensa inquisitiva, independiente y valiente. Una prensa con esas características es la mejor protección que puede tener cualquier pueblo contra los abusos, la corrupción y las veleidades de sus gobernantes. Porque, como bien dijo Lord Acton: "El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente".

Sin embargo, 53 años y 11 presidentes después de haber pisado tierra norteamericana--desde Eisenhower hasta Obama--me han llevado a la terrible conclusión de que esta prensa ha abdicado de su obligación de proteger al ciudadano frente al poder omnímodo del estado. En mi opinión, la razón principal reside en que ha puesto militancia ideológica por encima de objetividad periodística y servicio al país. El lector que no tenga en cuenta la tendencia ideológica de sus fuentes de información corre el peligro de aceptar como verdades lo que no son otra cosa que consignas disfrazadas de noticias. 

Un par de ejemplos solo a manera de ilustración. El 17 de noviembre de 1973, en respuesta a periodistas que lo acosaban a preguntas,  el Presidente Nixon dijo: "El pueblo americano tiene derecho a saber que su presidente no es un delincuente..Yo no soy un delincuente. Todo lo que tengo en la vida me lo he ganado a base de trabajo". La prensa no se dio por vencida y lo siguió acosando hasta que un año después renunció en desgracia para ahorrarle al pueblo norteamericano el trauma de un presidente enjuiciado por el Congreso.

Marcha adelante al reloj de la historia y a la página ideológica del libro de juego de los periodistas que nos gastamos por estos tiempos. El 26 de septiembre de 2012, quince días después de la masacre el 11 de septiembre en Benghazi en que murieron cuatro patriotas norteamericanos, Obama dijo ante las Naciones Unidas que todo se debía a una reacción contra un video donde se vituperaba al profeta Mohamed. Unos días más tarde, durante una comparecencia en el programa Comedy Central, que dirige Jon Stewart, agregó la insensibilidad a la mentira cuando dijo: "La muerte de cuatro americanos no es nada favorable".

Este hombre muestra más tacto y compasión cuando se refiere a los musulmanes a quienes se niega a llamar terroristas que cuando habla de cuatro héroes norteamericanos. El asesinato de Chris Stevens, Glen Doherty, Sean Smith y Tyrone Woods negaba su lema de campaña de que Al Qaida estaba aniquilada y constituía un estorbo a sus aspiraciones reeleccionistas. Mintió como lo ha hecho a lo largo de su vida. La prensa que hostigó a Richard Nixon durante el escándalo de Watergate optó por la complicidad en la masacre de Benghazi para proteger al ideólogo totalitario que nos vendieron como Mesías idealista en 2008 y en 2012.

Para protegerlo aún más, concentraron su artillería contra Mitt Romney y lo acusaron de dañar la imagen internacional de los Estados Unidos cuando el candidato republicano pidió explicaciones con respecto al desastre de Benghazi. Romney se dejó amedrentar, no mencionó el escándalo durante el tercer debate y, con ello, perdió la presidencia y nos condenó a otros cuatro años de la pesadilla que se llama Obama.

He aquí una prueba irrefutable de que esta prensa, que siempre ha sido complaciente y aduladora con gobernantes demócratas como John Kennedy, en el caso de este personaje arrogante, manipulador y fanfarrón se ha despojado de toda pretensión de profesionalismo y hasta de pudor. Para comprobarlo solo hay que leer las informaciones tergiversadas de antiguos medios respetables como The New York times, The Washington Post, The Miami Herald y The Los Angeles Times: así como ver cadenas como ABC, CBS, NBC y CNN.

Todos estos medios se han convertido en agencias de prensa de la Casa Blanca y, durante las últimas elecciones, del Comité de Campaña de Obama. No importa que la nación se esté hundiendo en el abismo fiscal, que el desempleo ande por las nubes, que el valor del dólar haya caído a niveles sin precedentes, que la mitad de la población que se niega a trabajar esté siendo mantenida por la mitad que produce y que la república  esté contaminada por las aguas turbulentas del odio de clases y del odio de razas.

Por el contrario, el encubrimiento sigue a toda marcha. Hace una semana, el ex Secretario de Defensa, León Panetta, y el Jefe del Estado Mayor Conjunto, General Martín Dempsey, admitieron bajo juramento ante una comisión del Senado que el gobierno sabía desde el primer momento que la razón del ataque no había sido un video sino un bien coordinado ataque terrorista. Y escándalo de los escándalo, que en las horas posteriores al ataque contra el consulado norteamericano en Benghazi el presidente había sostenido una sola conversación de 15 minutos con su Secretario de Defensa y ni siquiera había hablado con su Secretaria de Estado.

Al día siguiente la prensa nos dio cuenta de un candidato Obama recaudando fondos de campaña en Las Vegas en total abandono de sus obligaciones como comandante en jefe y protector de los ciudadanos que envía como emisarios al servicio exterior. Podemos asumir con bastante certeza que el presidente no perdió esa noche un minuto de sueño al mismo tiempo en que cuatro grandes americanos eran asesinados en Benghazi. Las declaraciones de Panetta y del General Dempsey se han perdido en las páginas interiores de los diarios parcializados  y en menciones de segundos de duración de las cadenas empecinadas en promover la  agenda de izquierda que comparten con el presidente Obama.

Tampoco está interesada esta prensa comprometida en destacar las obvias contradicciones entre el candidato Obama y el Presidente Obama. Durante la campaña de 2008, Obama despotricó contra los sistemas de interrogatorios avanzados llevados a cabo por la administración del Presidente Bush en la Base Naval de Guantánamo y prometió cerrar esas instalaciones. Cinco años después, Obama no solo las  mantiene abiertas sino ha subido la parada.

Los interrogatorios avanzados, según Obama, son un trato cruel e inhumano que daña el prestigio de los Estados Unidos. Él ha puesto en práctica un procedimiento más humano para neutralizar a los enemigos del país. Los mata con proyectiles disparados desde aviones no tripulados sin escuchar los descargos del acusado,  sin aprovechar los informes de inteligencia que podrían proporcionar su interrogatorio y sin tomar en cuenta daños colaterales como la muerte de familiares del sospechoso o de  personas totalmente inocentes.

Todo esto en violación de preceptos constitucionales que éste autoproclamado profesor de derecho constitucional, quién fue solamente asistente de cátedra, debía de conocer y aplicar. Pero, ¿de qué vale un pedazo de papel cuando el mismo obstaculiza los caprichos de un ideólogo arrogante y fanático? Sabemos el uso que le está dando Obama al papel donde está escrita la constitución pero no queremos debilitar nuestros argumentos escandalizando a nuestros lectores.

De nuevo, ¿qué han hecho los aliados plumíferos de Obama? Absolutamente nada. Han optado por la forma menos obvia pero igualmente dañina del encubrimiento, ignorar el asunto. Dios habría tenido que librar a George W. Bush de la ira de esta prensa hipócrita si se hubiera aventurado por el campo minado de la inconstitucionalidad. Habrían demandado su cabeza y exigido su enjuiciamiento ante el Congreso.

Resulta alarmante llegar a la conclusión de que los próximos cuatro años de crisis económica y deterioro moral se los deberemos a esta prensa sin honor, sin pudor y sin vergüenza.  Y peor aún, a la influencia de esa prensa sobre un pueblo hedonista, secularista e ignorante que ha demostrado estar más interesado en las hazañas de sus atletas, los adelantos del último iPod, las fantasías de Hollywood y los regalos del gobierno que en los destinos de la nación. Para esta multitud, cada vez más numerosa, estos medios de información se han convertido en una especie de biblia de una religión que ha sustituido a Cristo con una deidad materialista. Precisamente la fórmula destructiva que ha llevado a la decadencia primero y a la desaparición más tarde a muchas grandes civilizaciones a través de la historia de la humanidad. 

15 de febrero de 2013.

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