TESTOSTERONA PARA UNOS REPUBLICANOS INTIMIDADOS.

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

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Después de perder las últimas elecciones, los navegantes de la barca republicana han arriado velas y lanzado por la borda la brújula que apunta al norte de su ideología conservadora. Algunos de sus dirigentes afirman que, para competir por los votos de las minorías, los jóvenes y las mujeres en una demografía cambiante, sería oportuno renunciar a los sólidos principios conservadores que hicieron posible la Revolución de Reagan en 1980. Ser mas populistas, mas demagogos y mas paternalistas que el Partido Demócrata. Comprar votos haciendo falsas promesas y otorgando prebendas a sectores seleccionados por su vulnerabilidad a este tipo de estrategia.

El problema es que, en ese campo, los demócratas cuentan con una vasta experiencia que les garantizaría una victoria sobre los republicanos. Y si los republicanos se aventuran por esa tembladera estratégica estarían no solo negando una legítima opción conservadora al pueblo norteamericano sino cometiendo suicidio político.

En el campo táctico, ya es hora de que los republicanos lleguen a la conclusión de que no lograrán ningún acuerdo beneficioso con un Obama que los desprecia y no pierde oportunidad de amedrentarlos. Un presidente que esgrime con su arrogancia característica un mandato electoral inexistente en la realidad. El 6 de noviembre pasado, Obama obtuvo 63.7 millones de votos populares frente a 59.7 millones de Romney, para un margen de 4 millones en un total superior a los 123 millones de votos.

Cuando hay casi 60 millones de norteamericanos que rechazaron su mensaje y su deplorable desempeño en el cargo, únicamente un autoproclamado Mesías puede reclamar un mandato absoluto. Lo que hay es un país profundamente dividido por la raza, la riqueza y el sexo como resultado de la estrategia electorera de Obama y de su equipo de campaña. Esos 60 millones son el mandato al Partido Republicano. El presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner, es la cabeza visible del Partido Republicano con la responsabilidad de representar a esos 60 millones. Pero, hasta ahora, su liderazgo ha sido débil y zigzagueante.

Caso en cuestión, las negociaciones para evitar el llamado abismo fiscal. Boehner comenzó a hacer concesiones antes de empezar a negociar con el presidente. Dijo que aceptaría aumentos en los ingresos fiscales como parte de las negociaciones siempre que se redujeran los niveles de gasto público. Obama, por su parte, no sólo duplicó sus demandas de un aumento de la deuda en 1.6 MILLONES DE MILLONES de dólares sino dijo que los recortes en el presupuesto serían negociados el año que viene. Para saber la forma en que este presidente cumple sus promesas solo tenemos que mirarnos en el espejo de los inmigrantes ilegales y la promesa de Obama de una reforma inmigratoria integral en el primer año de su  gobierno.

Por otra parte, ya es hora de que Boehner y los republicanos que lidera empiecen a negociar de pie y no de rodillas. Que comprendan que no están a la defensiva y que si el gobierno y la oposición no encuentran pronto soluciones satisfactorias a los apremiantes problemas nacionales ellos no serán señalados como los únicos culpables. Ambos partidos cargarán con la culpa.

Sobre todo, un Obama que ya no puede culpar a George Bush del desastre de la economía y de la debacle de una política internacional que ha traído como resultado un Medio Oriente al borde de una guerra regional y unos actos terroristas en Bengazi que costaron la vida a cuatro norteamericanos. Esta es la economía de Obama. Esta es la era de Obama y no de John Boehner. ¿Recuerda alguien el nombre del presidente de la Cámara de Representantes en 1934, bajo la presidencia de Franklin Delano Roosevelt? Se llamaba Jo Byrns, pero todos recordamos la era de Roosevelt, no la de Byrns.

Si Obama los amenaza con culparlos de un abismo fiscal el primero de enero, los republicanos deben aceptarle el reto y negarse a negociar sin una verdadera reducción de gastos en el presupuesto. Según destacados economistas, un aumento de impuestos a quienes cuentan con ingresos discrecionales para invertir y generar empleo conduciría a una profunda recesión, un nivel de desempleo de dos dígitos y un anémico crecimiento del Producto Interno Bruto. Una pesadilla económica que pondría a Obama a competir con su colega Jimmny Carter entre los presidentes mas ineptos de los Estados Unidos. Eso no lo quiere el Mesías.

John Boehner, por su parte, a la hora de negociar, tiene que desprenderse de su autoimpuesta camisa de fuerza. La política es un deporte de intenso contacto físico donde no siempre se triunfa con la razón sino con conductas valientes y con la capacidad de asumir el riesgo de esas conductas. Dos presidentes republicanos pueden servirle de inspiración. Abraham Lincoln arriesgando su futuro político en diciembre de 1865 con la aprobación de la decimo tercera enmienda a la constitución donde fue garantizada la igualdad de los ciudadanos de raza negra. Y Ronald Reagan en junio de 1987, desobedeciendo el consejo de sus asesores y gritando a viva voz en Berlín: "Mr. Gorbachev, derrumbe este muro".  

Puede incluso seguir el ejemplo de un Presidente de la Cámara que se distinguió por salvar a su partido de ser convertido en inoperante por la fuerza de un presidente popular y poderoso. Fue el demócrata Tip O'Neill, quién utilizó los poderes constitucionales de la Cámara de Representantes para, primero, confrontar a Ronald Reagan y, después, establecer una alianza estratégica con el presidente que produjo una verdadera era de prosperidad nacional.

Según explicaba recientemente otro gran antecesor de Boehner, el republicano Newt Gingrich, la Cámara de Representantes cuenta con una artillería constitucional con la capacidad de detener la marcha desenfrenada de Barack Obama hacia la consumación de su paraíso socialista.

Asignar fondos:  El presidente puede pronunciar discursos, emitir decretos y hacer que sus secretarios pongan en vigor regulaciones administrativas sobre  leyes ya aprobadas como el Obamacare. Pero no tiene un solo centavo para financiar esos proyectos si la Cámara de Representantes no asigna fondos para su aplicación. Ese poder lo tienen exclusivamente por los próximos dos años los republicanos en control de la cámara baja.

Legislar: El senado, controlado por los demócratas, puede negarse a aprobar leyes aprobadas por la Cámara de Representantes y el Presidente Obama puede vetar proyectos que hayan sido aprobados por ambas; pero nadie puede impedir que la cámara baja elabore y presente proyectos de leyes según el criterio de sus miembros.

Supervisar: La Cámara de Representantes y sus diversas comisiones tienen la facultad de someter a escrutinio las acciones del Poder Ejecutivo, tal como ha ocurrido recientemente con el escándalo de Bengazi.

Comunicar: La cámara baja tiene la facultad de dar a la publicidad y explicar a la ciudadanía en forma directa las medidas adoptadas para promover los intereses nacionales. Y en el proceso, destacar las acciones obstruccionistas del residente de la Casa Blanca y de sus aliados en el Senado. Todo ello, con la idea de que sean los ciudadanos quienes tomen las decisiones finales en los procesos electorales.

Negociar: Quizás sea esta una de las principales tareas de cualquier cuerpo legislativo. Llegar a acuerdos mutuamente satisfactorios a miembros de diferentes partidos o ideologías. Pero quien negocia de prisa o intimidado por amenazas del adversario esta destinado a perder la negociación. Es necesario utilizar las cuatro facultades anteriores antes de llegar a una negociación sin suficientes armas para salir exitosos. Los republicanos han caído en esa trampa. 

Quienes han hecho una profesión del análisis de los acontecimientos políticos en Washington no se atreven a vaticinar en estos momento cual será el desenlace de este pulseo entre Obama y Boehner. Yo tampoco tengo información fidedigna para hacer vaticinios pero si tengo una receta que podría ayudar a Boehner y a los republicanos: ingerir una buena dosis de testosterona que les permita confrontar las bravuconadas de Obama con sus mismas armas y en su mismo terreno.

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