¡VIVA CHILE!

 

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

 

 

 Lo que ocurrió esta semana en la Mina de San José, cerca de Copiapó, en Chile, fue al mismo tiempo un milagro y un testimonio. Un milagro porque, sin una profunda fe, los mineros atrapados no habrían sobrevivido por tantos días en condiciones tan precarias y los rescatistas no hubieran persistido por tanto tiempo a pesar de las pocas esperanzas de rescatarlos con vida. Un testimonio, porque los hombres y los pueblos demostramos nuestra entereza en circunstancias adversas. Y los chilenos dieron un testimonio contundente de su carácter indomable para enfrentarse con éxito a los mayores retos. 

En un mundo agobiado por guerras, miseria y malas noticias el espectáculo emocionante del rescate de estos hombres humildes fue recibido como una medicina para el espíritu. El acontecimiento fue de tales proporciones que hasta las cadenas de televisión de habla inglesa, para las cuales los hispanohablantes raramente contamos, transmitieron en directo y en vivo los detalles más ínfimos del dramático y complicado rescate.  

Tuve mi primera visión de Chile en una visita que hice al país en 1961 en misión de proselitismo para combatir la tiranía castrista. Se celebrara a la sazón en Santiago el Congreso Mundial de la Democracia Cristiana y Eduardo Frei Montalva aparecía como favorito para las elecciones de 1964 en que fue electo presidente. Quedé impresionado por la madurez, la mesura y la cordialidad en que se discutían los asuntos nacionales. Y la historia reciente ha demostrado que esos atributos han situado a Chile a la cabeza de nuestras democracias en un continente convulsionado por la violencia, la corrupción y hasta la vulgaridad.  

Chile es además el país que, cuando es necesario, es capaz de adoptar medidas enérgicas. Fue así como en septiembre de 1973 se enfrentó a la agresión castro-comunista, se levantó de la miseria y consolidó un sistema democrático donde la derecha y la izquierda alternan el poder a través de las urnas y sin paredones de fusilamiento.  

El legado de aquella cirugía dolorosa pero necesaria ha sido un país donde políticos y partidos respetan las reglas del juego de la democracia y adoptan políticas de beneficio ciudadano, Ya fuera bajo los gobiernos demócrata cristianos de Patricio Alwyn y Eduardo Frei, hijo, o los gobiernos de los socialistas Ricardo Lagos y Michelle Bachelet las ideologías no han interferido con las políticas de mercado libre y de libre empresa. El resultado ha sido un país libre, una sociedad próspera y un pueblo feliz.  

Chile es, por otra parte, un país que se enfrenta a las fuerzas destructivas de la naturaleza con estoicismo, con orgullo y sin pedir limosnas como lo hizo después del devastador terremoto del 27 de febrero de este año. Y ahora lleva a cabo esta hazaña del rescate considerado imposible de 33 de sus hijos ante los ojos incrédulos de un mundo, al mismo tiempo, asombrado y solidario.

 Conmovedores fueron las imágenes del rescate con un Sebastian Piñera dando gracias a Dios y recibiendo con un abrazo intenso y prolongado al primer minero liberado de las entrañas de la tierra. ¡Qué contraste este presidente pausado y sensible con las figuras atrabiliarias y vociferantes de los Castro, los Chávez, los Ortega, los Correa y los Morales! Hacia Chile tenemos que mirar, no solo con admiración sino con vocación de aprendizaje, los latinoamericanos que queramos servir a nuestros pueblos sacándolos de la opresión y la miseria. Su ejemplo podría muy bien ser la salvación de la América que habla en español.  

 

 

 

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