EL DEBATE QUE DECIDIÓ LAS ELECCIONES.

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

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"Alea Iacta Est" (La suerte está echada). Julio César al cruzar el Río Rubicón.

Confieso que hasta la noche del tercer debate presidencial me asaltaban dudas sobre cuál sería el desenlace de las elecciones del próximo seis de noviembre en los Estados Unidos. Porque después de una victoria rotunda--reconocida incluso por la izquierda recalcitrante del Partido Demócrata--por parte de Mitt Romney en el primer debate, Barack Obama se había comportado como un agresivo gallo de pelea en el segundo.

Tanto republicanos como demócratas dijeron que su candidato había ganado el segundo debate, pero yo coincido con la mayor parte de los analistas independientes en que fue definitivamente un empate. De ahí la importancia del tercer debate como factor decisivo en las próximas elecciones. Fue el punto de partida de la última etapa de dos  semanas que nos separan de la meta final de la que ha sido una de las campañas más costosas, virulentas y sucias en la historia política norteamericana.

En este aspecto, ninguno de los dos partidos ha estado libre de pecados; pero los demócratas se pasaron de la raya porque, ante los fracasos de los últimos cuatro años y sin una agenda creíble para los próximos cuatro, no tenían otra alternativa que destruir a Mitt Romney. Y, cuando los norteamericanos vieron a un Romney sin el filtro de la prensa parcializada hacia Obama y las insidias de la propaganda demócrata, el tiro les salió por la culata.

Este marido, padre y abuelo de sonrisa jovial no era el plutócrata insensible y empresario rapaz cuya caricatura distorsionada había pintado la maquinaria propagandística de Obama. Ese Romney agradable y accesible fue el que vimos durante los tres debates y, sobre todo, la noche del 22 de octubre. La noche del punto sin regreso en que la suerte fue echada y en que, como César en el 49 antes de Cristo, Romney cruzó el Rubicón para consolidar su victoria el próximo 6 de noviembre del 2012.

Pasemos revista a algunos de los momentos más dramáticos del debate. Desde su inicio, el debate estuvo matizado por los resultados de las encuestas posteriores al primer debate que reflejaban considerables ganancias para Romney en el favor de los electores. Sobre todo en el sector de la población sin cuyo apoyo mayoritario  Obama está condenado a la derrota: el voto femenino. Encuestas recientes los ponen a ambos empatados en el favor de este sector.

Esto responde la interrogante de por qué vimos a un Romney cauteloso y a un Obama agresivo, irrespetuoso y hasta belicoso. Romney estaba defendiendo su ventaja de hasta un 6 por ciento sobre Obama a nivel nacional y Obama estaba desesperado por recuperar el terreno perdido en estados hasta hace poco indecisos y ahora en la columna de Romney como Virginia y la Florida. Y más preocupante aún, el empate virtual en un estado tan decisivo como Ohio. Si Romney logra la trifecta de Ohio, Virginia y la Florida, Obama puede despedirse de la Casa Blanca. El primero no podía darse el lujo de un error que redujera su ventaja. El segundo no tenía otra alternativa que jugarse el todo por el todo. Y así lo hicieron.

Obama le dijo a Romney:

1- "Su política es irresponsable, peligrosa y muy similar a la política guerrerista de la década de 1980".

2- "Usted se ha identificado con la política de George W. Bush y nos quiere llevar hacia el pasado."

3- "Mientras yo promovía sanciones contra Irán, usted tenía inversiones en una empresa china con estrechos lazos con Teherán."

4- "Su plan económico no tiene cinco puntos. Tiene un solo punto que consiste en 5 millones de millones de dólares de reducción de impuestos a los ricos."

5- "Usted ha enviado empleos a ultramar. Mi plan es reconstruir a América y reducir el déficit pidiendo a los ricos que paguen una proporción justa de los impuestos."

6- "Usted debe informarse sobre asuntos militares para no cometer el error de decir que estamos en peligro porque nuestras fuerzas navales son las más pequeñas desde 1916. En este momento no tenemos caballos ni bayonetas como en 1916 pero tenemos portaviones y submarinos."

Este último fue sin dudas el más devastador argumento de Obama contra Romney en todo el debate. Pero la gente no vota por argumentos sino por hechos y por el impacto de ellos en sus vidas. Obama tiene la ingrata misión de defender lo indefendible: una presidencia obtenida por la mentira, minada por la ineptitud y paralizada por la intolerancia ideológica. Además, cuando un presidente apela al sarcasmo pierde prestigio y credibilidad. Sobre todo, cuando utiliza argumentos infantiles que más bien parecen dignos de un aspirante a un concejo de barrio que del primer mandatario de la nación más poderosa de la Tierra.

Romney, por otra parte, estableció un marcado contraste. Ante los ataques y las provocaciones de Obama, adoptó un tono conciliador y hasta coincidió en algunos puntos con el presidente. Apareció relajado, sonriente y dando la impresión de que disfrutaba el momento. No se dejó provocar ni cayó en la trampa de que su adversario pudiera acusarlo de guerrerista al estilo de George Bush.

Esto no fue pura casualidad sino el patrón de conducta de un empresario experimentado que prefiere pasos calibrados antes que frases altisonantes y lapidarias. Romney pareció presidenciable y, como un estadista, habló de los grandes temas. Obama se comporto como un pendenciero y habló de los temas pequeños. Como diríamos en buen cubano todo estuvo fríamente calculado. El tramposo fue quien cayó en la trampa.

Sobre el tema principal del debate, política exterior, Romney lamentó lo que llamó la política de apaciguamiento del presidente y su crítica de los Estados Unidos durante su primer viaje al exterior. Criticó la decisión de Obama de desmantelar los proyectiles emplazados en Polonia y la República Checa en un intento fallido por complacer a su amigo Vladimir Putin, su indiferencia ante las súplicas de ayuda de los jóvenes iraníes de la revolución verde y su distanciamiento del estado de  Israel, el mejor aliado de los Estados Unidos en el Medio Oriente.

Puso especial énfasis en la negativa de Obama a tomar una participación más activa en la prevención de la masacre de 30,000 sirios y en el derrocamiento de un régimen que, por su estrecha alianza con Irán, constituye una seria amenaza a la paz en la región. Dijo que adoptaría una política firme frente a China Comunista encaminada a prevenir el robo de propiedad intelectual y patentes norteamericanos, así como acusaría a Pekín de ser un manipulador de su moneda para competir en ventaja con los productos de Estados Unidos. 

En respuesta a una afirmación de Obama en El Cairo de que Estados Unidos le había dictado políticas al mundo, Romney le dijo: "América no ha dictado políticas a otras naciones. América ha derrotado dictadores que han oprimido a otras naciones".  Y, como era de esperar, Romney estableció la interdependencia entre la prosperidad económica doméstica y la influencia internacional de Washington. En este sentido citó al Almirante Michael Mullen quien declaró recientemente que la crisis económica interna constituía una seria amenaza a la seguridad nacional.

La fórmula que propuso Romney para superar esa crisis consiste en: a) alcanzar  independencia energética, b)  aumentar el comercio internacional, especialmente con la América Latina, c) entrenar a los obreros y crear escuelas más interesadas en educar estudiantes que en proteger maestros, d) crear condiciones que faciliten el desarrollo de pequeños negocios y e) balancear el presupuesto nacional.

En este último punto, Romney acusó a Obama de no haber aprobado un solo presupuesto durante los cuatro años de su gobierno, en flagrante violación de las leyes norteamericanas. Y, como para cerrar con broche de oro, Romney dijo:"Coincido con el presidente en que no debemos volver al pasado siempre que en ese pasado incluyamos los 4 años de su gobierno". La cara de Obama se mostró desencajada. Sabía que le habían dado el jaque mate.

A pesar de todo, algunos se preguntarán si todavía es posible que Obama resulte victorioso en esta contienda electoral. Desde luego que es posible pero muy poco probable. En mi opinión, es más probable que el 6 de noviembre caiga un meteorito sobre la Casa Blanca que Obama gane las elecciones y siga siendo su morador el próximo mes de enero.

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COMENTARIOS


Es un articulo muy bueno
Hace 2262 dias.

muybueno
Hace 2277 dias.

Creo que se ha reconocido que estos debates pre-electorales felizmente tiene poquisima influencia sobre el resultado de las elecciones presidenciales. No se trata de seleccionar al parlamentario más habil en defender su criterio sino al ejecutivo mejor preparado para llvar a cabo la politica del gobierno, luego resulta irrelevante y engañoso hablar de ganar o perder unos debates limitadísimos de tiempo en que es imposible exponer adecuadamente una politica responsable. ABF
Hace 2277 dias.

Comentario
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