COLABORACION HISPANO-CUBANA A LA INDEPENDENCIA DE LOS EE.UU.

Dr. Salvador Larrúa-Guedes

 

RESUMEN

La ayuda de España a la independencia norteamericana se conoce mal. Muchos españoles y la gran mayoría del público norteamericano la ignoran. Este trabajo da a conocer su importancia, porque sin ella la independencia norteamericana hubiera sido más costosa y quién sabe si imposible. La ayuda de España fue vital desde los puntos de vista logístico, financiero, y de suministros de boca y guerra. Parte importante de la armada y el Real Astillero de La Habana se pusieron al servicio de la contienda. Miles de hombres de España y sus colonias participaron. España cerró los accesos del Mississippi, guardó la retaguardia del Ejército Continental y controló el Mar de las Antillas, y la ayuda económica de las arcas de Cuba y de los comerciantes criollos financió la victoria de Yorktown garantizando el triunfo de Estados Unidos, como lo prueban los documentos de época que aparecen en este trabajo.

 

Introducción

El 12 de octubre, Día de la Hispanidad, los residentes en este país y sobre todo los descendientes de españoles deben recordar y celebrar la antigua memoria de España en los Estados Unidos, que es la primera memoria de ese inmenso territorio, casi ha sido borrada por el paso del tiempo y por numerosas circunstancias inducidas o heredadas. Sólo ha quedado recogida parcialmente en  libros  académicos que no proporcionan una visión panorámica de la presencia hispana en Norteamérica y que reposan en el olvido de algunas bibliotecas, y en el recuerdo, no siempre trascendente, de numerosos académicos, profesores e historiadores. Entre éstos se destaca la rotunda afirmación de Charles F. Lummis:  

Porque creo que todo joven norteamericano ama la justicia y admira el heroísmo tanto como yo, me he decidido a escribir este libro. La razón de que no hayamos hecho justicia a los exploradores españoles es sencillamente porque hemos sido mal informados. Su historia no tiene paralelo y sin embargo nuestros libros de texto no han reconocido la verdad, si bien ahora ya no se atreven a discutirla. [...] En este país de hombres libres y valientes, el prejuicio de raza, la más supina de todas las ignorancias humanas, debe desaparecer. [...] Los hechos que levanta a la humanidad no provienen de una sola raza. [...] Amamos la valentía, y la exploración de las Américas por los españoles fue la más grande, la más larga y la más maravillosa serie de valientes proezas que registra la historia. En mi juventud no le era posible a un muchacho anglosajón aprender esa verdad y aún hoy es sumamente difícil, dado que sea posible. Convencido de que es inútil la tarea de buscar, en uno o en todos los libros de texto ingleses, un relato exacto de los héroes españoles del Nuevo Mundo, me propuse que ningún otro joven americano amante del heroísmo y la justicia tuviese necesidad de andar a tientas en la oscuridad como a mi me ha sucedido…[1]

Lo anterior significa que el ciudadano promedio no sabe nada al respecto. Aunque Jamestown comenzó a existir en 1607, las personas piensan que la historia de los Estados Unidos comenzó con los Peregrinos (The Pilgrims) que llegaron a Plymouth Rock el 11 de diciembre de 1620. Esa es la información que conocen desde niños, y son pocos los que tienen alguna noción del aporte español, que comenzó en la segunda década del siglo XVI con la labor paciente, minuciosa y heroica de los exploradores que recorrieron las costas, dibujaron mapas y planos, midieron alturas y profundidades, nombraron accidentes geográficos, realizaron trabajos de prospección minera en el terreno, conocieron primero a los indígenas y diseminaron una corriente indetenible de misioneros en las costas del Atlántico y el Pacífico, del golfo de México, y más allá por las extensas honduras del territorio de lo que hoy son los Estados Unidos.

Pienso que la mejor forma de demostrar un hecho es acudiendo a los documentos antiguos. Ellos nos hablan con la voz del pasado, cuentan los hechos con los escritos de los testigos, con los ojos de aquellos que estuvieron presentes. No hay referencia mejor, y por esa causa he escogido un tema breve dentro de la inmensa crónica de la ayuda española a Washington durante la Guerra de Independencia de los Estados Unidos: la ayuda financiera de La Habana, Cuba, que hizo posible la victoria norteamericana y francesa en la batalla de Yorktown. Esta ayuda, que superó 1 millón de libras tornesas en moneda de la época, y que hoy representaría 360 millones de dólares, permitió cubrir los gastos del Ejército Continental y sus aliados durante un estimado de cinco meses.

En este trabajo se consignan numerosos antecedentes históricos y eventos que prueban de muchas formas el significado de la colaboración española a la independencia de los Estados Unidos, para desembocar en el impulso final dado por el oro procedente de Cuba.

Para demostrar el hecho histórico de esa colaboración decisiva, presento en el trabajo a continuación cuatro documentos. El primero tiene fecha del 7 de abril de 1781, el último, el 31 de agosto del mismo año. Ellos permiten analizar la forma en que se proporcionó la ayuda, desde antes de que el jefe de la Escuadra Francesa de Barlovento, François Joseph Paul de Grasse, Conde de Grasse, echara anclas en Santo Domingo, las gestiones que realizó para conseguir que la Tesorería de Francia aportara el dinero necesario para continuar las operaciones militares, sin obtener resultado, las solicitudes infructuosas que hizo a los comerciantes franceses de esa isla, y después la petición al Intendente de la Real Hacienda de España en San Cristóbal de La Habana, quien aportó dineros de las cajas cubanas y completó la suma con aportes de comerciantes particulares que simpatizaban hondamente con la causa de la independencia norteamericana, a la que los vinculaban poderosos intereses económicos, hasta completar un millón de libras tornesas para socorrer al Ejército Continental. Previamente ya se había enviado por mar otra suma ascendente a doscientas mil libras.

En otros documentos se examina la entrega de dos partidas de medio millón de libras tornesas cada una, y su traslado en embarcaciones francesas hasta el lugar de destino: Yorktown.

Veamos un fragmento del segundo documento, de fecha 18 de agosto de 1781, cuyo contenido no puede ser más importante y expresivo. En él se pone de manifiesto que, aparte de los dineros entregados por el Intendente de la Real Hacienda, fueron convocados los habitantes de La Habana y que en seis horas juntaron, encajonaron y embarcaron las 500 mil libras (el texto dice: pesos) en la fragata, que no permaneció en el puerto más de un día (sic), así como el asombro de los oficiales franceses ante la generosidad con que estos habitantes concurrieron al servicio de su Rey franqueando todo el dinero que tenían… en ese momento, ya la escuadra estaba en el Canal de Bahamas, y se había orientado su rumbo al norte, hacia Virginia y Yorktown:

El Conde de Grasse pedia quinientos mil pesos y por consiguiente concordaba con el contenido de la orden; pero los navios enviados á Vera – Cruz por ese millon no havian llegado, y en la Tesorería no havia dinero alguno, y la fragata era necesario qe. partiese inmediatamte. // pa.[2] no exponer á la escuadra qe. ya era verosimil estuviese sobre Matanzas, ó á desembocar el canal de Bahama arrebatada de las rapidas corrientes del Seno Mexicano ó á ser destrozada por alguna de las violentas borrascas qe. en la actual estacion son tan frequentes en estos climas. En este apuro recurrio el Intendte. á estos havitantes[3], manifestó la urgencia en qe. se hallava, y en poco más de seis horas se juntaron los quinientos mil pesos, se encajonaron, se embarcaron en la fragta.[4] Y se hizo esta á la vela sin haverse detenido en el puerto mas de un dia. Los oficiales franceses quedaron asombrados de la generosidad con qe. estos havitantes concurrieron al servicio de su Rey franqueando todo el dinero que tenian y no pudieron dexar de hacer algunas comparaciones qe. hacen poco honor a los havitantes de Cabo Francés. La escuadra según noticias parece qe. ya esta en el Canal de Bahama siguiendo su rumbo al Norte: á la verdad no há sido poca felicidad qe. en semejante estacion haya salido bien del canal-viejo, pero se dexa conocer el sumo aprieto en qe. se vio el Conde de Grasse quando se resolvio á una navegacion tan peligrosa // con 28 navios de linea entre ellos quatro de primer orden.

En el cuarto documento se confirman aseveraciones que aparecen en los documentos anteriores. En el momento de recibir el dinero de La Habana, de Grasse se encontraba en un gran aprieto. No tenía dinero para hacer la expedición al norte, y gracias al eficiente y rapidísimo aporte de los cubanos, en menos de veinticuatro horas pudo levar anclas y tomar rumbo norte, el rumbo del destino con los últimos eventos que condujeron a la independencia de los Estados Unidos:

El Conde de Grasse se ha hallado en el mayor apuro posible. No tenia dinero pa. hazer su expedicion al Norte: en la Tesoreria no havia un cuarto: el comercio se escusaba diciendo haverlo enviado todo á Europa: en este conflicto recurrió a mi, y yo hé compuesto que de quinientos mil pesos qe. havia aquí pa. Puerto-Rico y Sto. Domingo se le dén cien mil baxo[5] la condicion de qe. se han de reintegrar inmediatamte. de un millon qe. según las ordenes de su corte se ha de entregar, á los Franceses en la Havana. Queria qe. fuese lo dho[6]. y asi se lo escrivi á V.E. por medio de una embarcon.[7] qe. salio de aquí ayer, pero en atencion a suma tal de dinero qe. hay en los mencionads. hemos convenido qe. tome aquí los dhos. y qe. una fragata qe. sale de aquí el 3 del qe. viene[8] pa. llevarme á mi á la Havana tome allá los dhos[9]. En este paso he tenido presente el bien comun, los inconvenientes de qe. una escuadra capaz de dar la ley en cualquier parte qe. se presente, quedase aquí en la inaccion, y la consideracion de qe. este dinero[10] no puede tardar mucho en ser reemplazado.

Además, estos testimonios antiguos nos presentan la situación en el teatro de las operaciones y esbozan las direcciones de los principales golpes conjuntos que España y Francia iban a dirigir contra las agrupaciones británicas de mar y tierra para poner fin a la contienda con la victoria de los Estados Unidos.

¿Qué más se puede decir? La situación del Ejército Continental formado por colonos voluntarios no podía ser más terrible cuando llegó la tan esperada y necesaria ayuda. Al respecto se destaca la afirmación siguiente:

Nada puede ser más miserable y penoso que las condiciones de los soldados, famélicos con frío y hambre, sin tiendas ni equipo de campamento. Los del contingente de Virginia están, literalmente, desnudos; y en gran parte completamente incapaces de cualquier clase de servicio.

En agosto de 1781 el oficial del ejército francés Ludwig von Closen describirá en forma semejante las miserables condiciones del ejército de Washington cuando atravesaba el río Hudson en los comienzos de su marcha hacia lo que sería la victoria sobre Cornwallis. En lo que puede considerarse una síntesis de sus sentimientos dirá von Closen: "le duele a uno el corazón al ver a estos valientes”.

Gracias a los esfuerzos de España, y a la inmensa ayuda material que vino de ese trozo de España anclado en el Mar de las Antillas que era entonces la isla de Cuba, la pólvora, los tacos y las balas de los mosquetes de avancarga, los mosquetes en sí mismo, las raciones con que se alimentaban los soldados, sus uniformes, las tiendas de campaña, los sables, la artillería, las municiones de cañón… estuvieron listos en el momento oportuno para que norteamericanos y franceses pudieran derrotar a los británicos de Cornwallis en el campo fortificado de Yorktown.

Una vez más se cumplió el afirmativo comentario de Napoleón Bonaparte en vísperas del combate de Löwenberg, después de haber garantizado los abastecimientos de la Grande Armée: los ejércitos marchan sobre el estómago…

Los documentos presentados en este trabajo son parte de los fondos formados por documentos originales y más de 270,000 imágenes digitales que se conservan en el Centro de Documentación Histórica de la Florida Colonial Hispana, que facilitan la profundización de investigaciones y estudios históricos sobre las Provincias Españolas de las Floridas Oriental y Occidental, la isla de Cuba y otras posesiones antillanas. En el caso de la Guerra de Independencia de los Estados Unidos, se cuenta con un fondo especialmente amplio, en el que se puede encontrar numerosa correspondencia de guerra, el diario de campaña del Mariscal Bernardo de Gálvez, cartas de Capitanes Generales, directivas y provisiones dictadas desde España, papeles de los servicios secretos españoles servidos por comerciantes cubanos en el territorio de los Estados Unidos…

El Centro, particularmente especializado en materiales asociados a la Florida Colonial Hispana, se fundó y se sostiene gracias al apoyo e impulso del P. José Luis Menéndez, y su base documental fue creada y organizada por el autor de estas líneas con el propósito de avanzar cada vez más en los tan necesarios estudios históricos… tal y como dice la célebre frase, el que no conoce la historia es un niño acabado de nacer.

Dr. Salvador Larrúa-Guedes

Miami, 14 de septiembre, 2012

 

Antecedentes históricos

Después de la victoria del Ejército Continental en la batalla de Saratoga, los gobiernos de Francia y España se percataron de que tenían una magnífica oportunidad para lograr la revancha del desastroso Tratado de París de 1763, que puso fin a la Guerra de los Siete Años (1756-1763) y que tanta amargura dejó a españoles y franceses. El reino de Francia, al cabo de unos meses de indecisión, firmó una alianza con Washington en febrero de 1778, brindando una apreciable colaboración por medio de financiamientos del erario primero y material de guerra y hombres después.

El reino de España comenzó a dar ayuda a los colonos rebeldes desde el primer momento con dinero, armas y municiones, pero se mostró cautelosa ante la posibilidad de la intervención directa, debido al temor de José Moñino y Redondo, Conde de Floridablanca, a las consecuencias de un conflicto armado; incluso aspiró a algo que, de momento, resultaba una verdadera utopía: la mediación entre los contendientes. Pero sus vacilaciones no duraron mucho tiempo y  no tardó en orientar la política exterior de Carlos III hacia un fortalecimiento de la posición española frente a Inglaterra, motivo por el que decidió apoyar a Washington en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos y declaró la guerra en 1779. Mientras se iniciaba la importante colaboración española, la Guerra de Independencia  pasaba por diversos altibajos.

Después de 1778, la lucha se trasladó al sur y el enfrentamiento ya había adquirido un cariz internacional con la entrada de Francia. Un año más tarde la realidad se impuso, España declaró la guerra a Inglaterra, y se llegó a considerar la posibilidad de invadir Gran Bretaña mediante el concurso de una armada francoespañola, plan que resultó de difícil ejecución y pronto fue desechado. Para su entrada abierta en el conflicto, el gobierno español había firmado el llamado tratado de Aranjuez, acuerdo secreto con Francia sellado en Aranjuez el 12 de abril de 1779, por el cual España conseguía una serie de concesiones a cambio de unirse a Francia en la guerra. Ésta prometió su ayuda en la recuperación de Menorca, Mobile, Pensacola, la bahía de Honduras y la costa de Campeche y aseguró que no concluiría paz alguna que no supusiera la devolución de Gibraltar a España. Esto provocó que los británicos tuvieran que desviar a Gibraltar tropas destinadas en un principio a las colonias.

De esta forma se lograron los objetivos españoles en América: expulsar a los británicos tanto del golfo de México como de las orillas del Mississipi y conseguir la desaparición de sus asentamientos en la América Central, aunque no se pudo restablecer la soberanía de la corona española sobre Gibraltar.

Los puertos de Toulon y Brest, en Francia, que estaban inicialmente bloqueados por los británicos, fueron desbloqueados por la falta de medios de los ingleses para mantenerlos en jaque. Con los puertos atlánticos abiertos, los franceses pudieron llevar tropas a América al mando de Marie-Joseph Paul Gilbert du Motier, Marqués de La Fayette, quien alcanzó el grado de general-mayor y comandante de las tropas de Virginia, y de Jean-Baptiste Donatien de Vimeur, Conde de Rochambeau, Mariscal de Campo y Teniente General de las tropas francesas, cuya ayuda fue de gran importancia para los colonos.

Tiempo después Holanda se incorporó a la coalición formada por España y Francia, con ambiciones de ganar ventajosas posiciones para el dominio de los mares.

En 1781, 8.000 soldados británicos al mando del general Charles Cornwallis fueron rodeados en Virginia, en el último reducto, por una flota francesa y un ejército combinado franco-estadounidense a las órdenes de George Washington, integrado por 16.000 hombres. Tras el sitio de Yorktown, Cornwallis se rindió, y el gobierno británico propuso la paz. En la batalla murieron 156 ingleses, 326 fueron heridos, y se rindieron 7.018 soldados. Del otro bando murieron 52 franceses y 20 independentistas, siendo los últimos muertos en combate durante la Guerra de la Independencia.

En los restantes frentes entre 1779 y 1781, España sitió Gibraltar, una vez más infructuosamente, y lanzó varias campañas contra distintos puntos estratégicos del golfo de México en manos británicas, la mayor parte coronadas por el éxito, como la toma de Pensacola. Por otro lado, una exitosa expedición a Menorca permitió la recuperación de la isla en febrero de 1782. El Tratado de París o Tratado de Versalles se firmó el 3 de septiembre de 1783 entre Gran Bretaña y Estados Unidos y puso término a la Guerra de Independencia de los Estados Unidos. El hecho de que Gran Bretaña perdiese todas las posesiones en el continente americano al sur de Canadá y al norte de Florida, hacía imposible un desenlace militar favorable para los británicos, solicitando éstos el cese de las hostilidades.

España entra en la guerra. La Capitanía General de Cuba

La entrada y participación del reino de España en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos es un episodio importante con raíces que se remontan al siglo XVI. A la altura del siglo XVIII, fue uno de los momentos culminantes de la contienda por el dominio territorial en tierras América y el control de las rutas marítimas entre el Nuevo Mundo y Europa.

La posición estratégica de Cuba la convirtió en una pieza clave para los objetivos de España, ya que los enfrentamientos por el control del Mar de las Antillas y las regiones sudeste y oeste de América del Norte convirtieron a La Habana en el centro de operaciones militares de esa región, circunstancia que aprovechó España para realizar grandes reformas económicas, administrativas, políticas y militares a fin de convertir la capital de Cuba en una poderosa plaza de armas. Las grandes inversiones realizadas para desarrollar la capacidad militar de la Isla, que tenía una gran tradición de lucha contra los bandidos del mar y por supuesto contra los ingleses desde el siglo XVI,  facilitaron su rápido desarrollo económico  y al mismo tiempo una apertura comercial y facilitó el desarrollo de fuertes vínculos con las Trece Colonias de Norteamérica.

Efectivamente, las relaciones comerciales de Cuba y las Trece Colonias tenían una larga tradición. Desde la fundación de Jamestown en 1607, los ingleses y los españoles de San Agustín comenzaron un tráfico ilegal de productos y artículos, que muy pronto fue indispensable para ambas colonias y que se extendió rápidamente a Cuba, el principal socio comercial de la Provincia de la Florida española. Durante los siglos XVII y XVIII, aquel intercambio se fue fortaleciendo con diversos altibajos, como veremos a continuación, hasta alcanzar un gran volumen y rendir cuantiosos beneficios, con resultados favorables para los colonos norteamericanos, la Florida española, Cuba e incluso el reino de España.

Las antiguas relaciones económicas de Cuba con las Trece Colonias contribuyeron a crear  un fuerte grupo de comerciantes que desde los inicios del siglo XVIII controlaban casi todo el intercambio, y a partir de su estrecha alianza con el sector de la Ilustración española que tenía por centro al Conde de Aranda, los ricos y poderosos negociantes habaneros también alcanzaron influencia en las decisiones militares, políticas e ideológicas. Sus vínculos económicos con las Trece Colonias estaban limitados por las disposiciones de la Corona británica en materia de comercio, disposiciones que también afectaban a los colonos de Norteamérica y que a la larga fueron una de las causas de la rebelión de las Trece Colonias, unidas a la clase rica de La Habana por grandes intereses comunes.

¿Cómo empezó a participar Cuba en el conflicto? ¿De qué manera la política de España y los intereses de Cuba desembocaron en una ayuda decisiva a la independencia de las Trece Colonias?

 

Relaciones entre Cuba y las Trece Colonias

En verdad se puede afirmar que el conflicto comercial de las Antillas fue una de las causas de la Guerra de Independencia de Estados Unidos, ya que el azúcar y sobre todo la melaza de las Antillas, en el decenio 1760-1770, eran el centro de un litigio en el que intervenían por una parte  intereses de las Trece Colonias y de las colonias españolas y francesas del Caribe, y por otra, los de la Corona británica y sus dominios antillanos. En 1764, por ejemplo, se dio una contradicción: en Cuba se permitió el comercio con barcos ingleses, casi todos procedentes de Norteamérica, y en ese momento Inglaterra puso en vigor la Sugar Acties Act, que eliminaba el comercio de mieles entre las Trece Colonias y las Antillas españolas y francesas, que suministraban esa materia prima con que los norteamericanos fabricaban ron.

Efectivamente, el West Indian Rum se fabricaba en Massachussets, y era un producto favorecido por una ley inglesa de 1731 que establecía que los marinos de la armada británica consumieran una ración diaria de ron. De esta forma se garantizaba la venta del producto, además de que el ron era una de las principales mercancías para pagar los esclavos que se adquirían en la costa de África. Al principio, las Antillas británicas suministraban las mieles, pero hacia 1760 disminuyó su producción y fueron sustituidas por las colonias españolas y francesas, que daban facilidades a los comerciantes norteamericanos y desplazaron a las colonias inglesas.

Por esta causa se desarrollaron las relaciones comerciales entre La Habana y los productores de ron y negreros de las Trece Colonias, y entre 1760 y 1770 las mieles cubanas se exportaban a Rhode Island donde funcionaban 30 destilerías que enviaban a África 1.400 bocoyes de ron al año. Los traficantes traían a Cuba grandes cargamentos de esclavos adquiridos con ron norteamericano fabricado en Norteamérica con mieles producidas en la isla, y los comerciantes habaneros y norteamericanos se otorgaban grandes facilidades de créditos y aceptaban pagos en azúcares y mieles, de esta forma crecía el intercambio entre Cuba y las Trece Colonias, independientemente  del conflicto entre España e Inglaterra, y ambas partes se beneficiaban. Los productores norteamericanos preferían el azúcar purgado de Cuba que contenía una proporción de miel mucho mayor que el de las otras Antillas[11], [12].

 

Tomando como base todo esto, se puede afirmar que la Guerra de Independencia de las Trece Colonias no tuvo su origen en las relaciones Cuba-Norteamérica, que eran muy antiguas, sino en el gran desarrollo que habían alcanzado. El comercio con Cuba era importante. A partir de 1763 el Capitán General Ambrosio Funes de Villalpando, Conde de Ricla, autorizó por razones militares la importación de harinas y productos de primera necesidad de las Trece Colonias. Cuando llegó a La Habana su sucesor, Antonio María Bucarely, encontró el puerto atestado de buques ingleses procedentes de Norteamérica. Desde entonces el comercio entre las Trece Colonias y Cuba creció de forma impetuosa y no hubo forma de impedirlo, porque hasta la Corona de España se interesaba en mantenerlo.

Otra razón que motivó fuertemente a los habaneros para entrar en el conflicto, fue la afrenta sufrida por la toma de La Habana por los ingleses en 1762, que no había sido olvidada...

 

El aparato del espionaje español a favor de Washington: los agentes cubanos

Las relaciones comerciales de Cuba y las Trece Colonias tuvieron gran repercusión política si consideramos que sus personajes más prominentes llevaron a cabo las labores de servicio secreto y el financiamiento y abastecimiento a los independentistas norteamericanos. Robert Morris, a quien se ha llamado el cerebro financiero de la guerra de independencia de Estados Unidos[13]negrero y capitán del puerto de Filadelfia, fue la figura más importante del contrabando legalizado en la etapa 1764-1778, actividad que afectaba sobre todo a Inglaterra y creaba grandes vínculos entre Cuba y las Trece Colonias.

Gracias a su amistad con el comerciante habanero Juan Miralles[14], que se desempeñó como agente del gobierno español ante los rebeldes norteamericanos, Robert Morris pudo adquirir créditos y garantizar un sostenido abastecimiento comercial y militar a los independentistas. Juan Miralles  era amigo personal de George Washington, en cuya casa murió atendido por el médico personal y la esposa de Washington. A su muerte se le rindieron los más altos honores militares. En el cortejo fúnebre figuraron Washington, Hamilton, Lafayette, Morris y otros grandes líderes norteamericanos.  Washington reconoció la gran ayuda de Miralles a la causa norteamericana y lo expresó de forma elocuente al despedir el duelo, con estas palabras; en este país se le quería universalmente y del mismo modo será lamentada su muerte[15].

Juan Miralles había creado un vínculo estable entre La Habana y San Agustín de la Florida, desarrollando relaciones ya existentes, con lo que facilitó el tráfico comercial en la frontera de los dominios español e inglés en América y creó un puente para el intercambio de las Trece Colonias con La Habana, y de ésta con varias regiones de España e Hispanoamérica. Además, creó una red de agentes comerciales en importantes ciudades de Norteamérica como Savannah, Charleston, Baltimore y Filadelfia. Muy pronto, los miembros de la red creada por Miralles pasaron a ser agentes de España en tierras de Norteamérica, porque cuidando los intereses de la Madre Patria, protegían los suyos propios ya que su prosperidad se vinculaba al comercio exterior de Cuba en el que tenían gran peso los comerciantes norteamericanos que simpatizaban con la independencia de las Trece Colonias.

 

Cuba en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos. Antecedentes: tropas cubanas y ataques ingleses

Las tropas cubanas tenían una larga tradición de combate contra los ingleses, porque desde el siglo XVI participaban en enfrentamientos por mar o por tierra con corsarios y piratas de esa nacionalidad, y en muchas ocasiones salían de La Habana las embarcaciones llenas de hombres de armas que iban en socorro de San Agustín de la Florida, acosado por los bandidos del mar. En los albores del siglo XVI estas tropas venían acompañando expediciones sucesivas que comenzaron en 1513 con la del descubridor Juan Ponce de León y continuaron durante medio siglo. Con los soldados llegaban colonos, buscadores de fortuna, frailes e indios taínos como cargadores. En 1564, una expedición dirigida por Hernán Manrique de Rojas salió de La Habana para confirmar si habían desembarcado hugonotes franceses en la Florida y arrasar sus establecimientos. Durante el resto del siglo XVI y el XVII, después de la conquista, la Florida pudo subsistir gracias a la continua corriente de víveres, armas, municiones y bienes que llegaba a San Agustín desde Cuba. Sólo de 1686 a 1695, la Isla envió 65,996 pesos para financiar la defensa del territorio. Durante el siglo XVIII menudearon los ataques de los ingleses desde el norte. Diversos contingentes se lanzaron sobre San Agustín y los establecimientos misioneros, pero desde Cuba llegaban los regimientos y milicias que fueron decisivos para vencer a los enemigos en 1702, 1706, 1719 y 1723. Era una larga tradición de lucha en la que la Isla de Cuba siempre jugó el papel de escudo y defensa de la península del norte.

Entre los objetivos de los ingleses se encontraba la gran Isla de Cuba, que desde su estratégica posición dominaba tanto el Mar de las Antillas como sus accesos desde y hacia Europa, siendo La Habana el punto de concentración de las Flotas que viajaban a España todos los años procedentes de sus posesiones americanas.

Conquistar la Isla de Cuba, que era el centro de las comunicaciones españolas desde el Nuevo Mundo hacia Europa, no era una tarea fácil. Las milicias cubanas eran fuerzas aguerridas y acostumbradas a la guerra tanto dentro como fuera del territorio, como ya hemos visto. En 1718, por disposición del Capitán General Gregorio Guazo Calderón, zarpó de La Habana una expedición de 1,200 hombres, entre ellos 1000 de las milicias criollas, dirigida por el teniente coronel Alfonso de Carrascosa, que arrebató la plaza fuerte de Pensacola a los franceses, siendo ésta la primera vez que la ciudad fue tomada por los cubanos, y las agrupaciones armadas de la Isla siguieron perfeccionándose. Por la importancia de La Habana, punto de concentración de las Flotas, se creó allí en 1719 el primer Regimiento de Fijos, primero que existió en tierras de América, integrados por hombres del país, armados y entrenados de la misma forma que las tropas de línea europeas, portador de una larga tradición de combatir a los invasores ingleses. En los años siguientes el Regimiento de Fijos fue reforzado por compañías de granaderos, caballería y artilleros, así como por fuerzas independientes de infantería y los batallones de pardos y morenos. Luego se formaron otros regimientos y agrupaciones, como el Regimiento de Voluntarios, los Dragones de América y el Regimiento del Príncipe.

Pronto se demostró que las tropas cubanas podían derrotar importantes agrupaciones enemigas que intentaran atacar la Isla, y así ocurrió con la armada y el ejército británicos bajo el mando del almirante Edward Vernon y el brigadier general Thomas Wentworth, cuando intentaron tomar Santiago de Cuba y establecer un puesto militar en Guantánamo, en 1741. La expedición inglesa contaba con 9,395 hombres entre soldados, marinos, tripulación y tropas auxiliares, 4,440 eran de tropas, y de ellos, 600 procedían de las Trece Colonias de Norteamérica. Uno de sus jefes era el capitán Lawrence Washington, hermano de George Washington.

En cuanto se produjo el desembarco inglés, el gobernador y Mariscal de Campo Francisco Cagigal de la Vega dio órdenes a las milicias para que comenzaran las hostilidades y estableció una rigurosa cooperación con las fuerzas regulares. Después de 134 días de enfrentamientos con los ingleses, Vernon tuvo que abandonar Guantánamo con más de 1,000 muertos, de ellos, más de 205 oficiales[16].

En 1762, la toma de La Habana por una poderosa expedición inglesa al mando de Lord Albemarle, que contaba con 12,000 soldados de línea reforzados por otros 2,000 de las Trece Colonias y Jamaica y unas fuerzas marítimas de 53 buques de guerra tripulados por 10,500 hombres, y alrededor de 200 buques de transporte[17] puso de manifiesto, sobre todo, la incapacidad del Capitán General Juan de Prado Portocarrero, que cometió errores imperdonables como la inutilización de los buques de guerra españoles,  ordenando quedaran encerrados  en la bahía de La Habana, y el abandono de las posiciones defensivas en las alturas de la Cabaña, error decisivo que permitió a los ingleses bombardear el Castillo del Morro y la ciudad desde esta posición elevada, lo que fue clave para el triunfo británico, y el desgaste de las fuerzas con que contaba en acciones innecesarias. Aunque la correlación de fuerzas favorecía claramente a los ingleses si consideramos que la guarnición de La Habana sumaba 3,000 hombres apoyados por 1,200 marineros de la escuadra y unos 1,200 más de las milicias, la heroica defensa que hizo el capitán Don Luis de Velasco, que estuvo a cargo de la defensa del Castillo de los Tres Reyes del Morro, fue reconocida por los más altos jefes militares británicos y demostró la capacidad combativa de las fuerzas criollas así como la efectividad de sus artilleros.

Al año siguiente, 1763, se firmó el Tratado de París, por el que La Habana fue devuelta al dominio español al tiempo que fue cedida la provincia de la Florida a los ingleses. Entre las primeras medidas adoptadas por el rey Carlos III estuvo la construcción de un gran castillo en las alturas de la Cabaña, el perfeccionamiento del sistema de fortificaciones defensivas alrededor del perímetro de la capital, y la reorganización de las defensas y de los regimientos y batallones de La Habana, equivalentes a tropas regulares de línea del ejército español, misión que fue encargada al Mariscal Alejandro O´Reilly, de origen irlandés, al tiempo que el coronel francés Antonio de Raffelin se dedicó a perfeccionar las fuerzas de caballería y los dragones.

En ese mismo año, la economía cubana estaba lista para dar un salto importante. El comercio exterior crecía rápidamente, en particular las transacciones realizadas con las Trece Colonias. La estratégica posición de La Habana, la acumulación de capitales, el crecimiento demográfico, el surgimiento impetuoso de nuevas fábricas de azúcar unido al desarrollo de la industria junto con el auge del café, el tabaco y en general de todas las ramas agropecuarias, fue estimulado por el gobierno central de la metrópolis española y en particular por el Conde de Aranda, quien puso mucho de su parte para facilitar el crecimiento acelerado de la economía de la Isla a fin de garantizar el sostenimiento de una fuerza militar capaz de defender el dominio español en América con la colaboración de los poderosos y ricos vecinos de la capital de Cuba. Muy pronto los regimientos y agrupaciones de infantería y caballería, formados por criollos armados, disciplinados y entrenados a la española, dirigidos por oficialidad también criolla, sumaban alrededor de 10,000 hombres.

Las condiciones estaban listas para derrota definitiva de los ingleses. 

 

Inglaterra provoca la crisis de las relaciones económicas entre Cuba y las Trece Colonias

Las relaciones económicas entre la Isla y las Trece Colonias se fortalecieron año tras año hasta llegar a 1776 y fueron la base del gran interés que tuvo Cuba en ayudar a los nacientes Estados Unidos. En ese año hicieron crisis las dificultades creadas por Gran Bretaña al comercio de melaza para la fabricación de ron en Norteamérica, creando un gran problema a los fabricantes en las refinerías de Massachussets y Rhode Island así como a los traficantes y negreros, lo que afectaba la introducción de esclavos en Norteamérica y en Cuba, que era el abastecedor más importante de esas refinerías. Por otra parte, los traficantes de Norteamérica mantenían un gran comercio con los comerciantes de la Isla y se había creado una importante corriente de intercambio entre ellos, apoyada por poderosos capitales invertidos en estas actividades por ambas partes, lo que creaba intereses y vínculos entre las Trece Colonias y Cuba que eran completamente ajenos a los choques y problemas constantes entre las metrópolis de Inglaterra y España 

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