OJO CON EL JEFE

Por Hugo J. Byrne

 

El título de este artículo está basado en una frase popular del ambiente político cubano durante la campaña presidencial de 1948. Se refería a la candidatura del Dr. Guillermo Alonso Pujol, entonces aspirante a la vicepresidencia de Cuba por la Coalición Auténtico-Republicana. Alonso era el líder del Partido Republicano y la implicación de “ojo con el Vice” era de crítica hacia el candidato y hacía referencia a la acusación de tramar componendas políticas (“chanchullos” en el argot popular cubano de la época).    

Alonso Pujol fue electo vicepresidente en esas elecciones y derrocado junto al Presidente Carlos Prío por el cuartelazo del entonces Senador Batista, en marzo de 1952.   En el exilio su nombre se identifica con la primera transacción entre un supuesto exiliado y el régimen castrista. Se ha dicho que Castro aceptó $100,000.00 como rescate para el hijo de Alonso, quien era prisionero del régimen. Alonso Jr. fue capturado en abril de 1961 después del abandono de la Brigada de Asalto cubana por el Presidente Kennedy en Bahía de Cochinos. 

Se dice que el Dr. Alonso Pujol hizo entrega personal del mencionado rescate. No puedo confirmar que tal intercambio ocurriera y el tema a estas alturas no me interesa en lo absoluto. Ahora utilizo la frase que se originó con él, para referirme a otro “vice” mucho más cercano y potencialmente negativo a nuestras vidas; “Joe” Biden.  Pero en este caso, con quien se necesita mucho "ojo" es con su jefe. 

Joseph (“Joe”) Robinette Biden Jr. fue electo vicepresidente en noviembre del 2008 y entonces era Senador demócrata por el estado de Delaware, donde residía hasta enero del 2009. Biden nació en la ciudad de Scranton, Pennsylvania, en 1942. Algunos consideran a Biden irremediablemente bruto, al extremo de creer que su absurda verborrea pública sea capaz por sí sola de descarrilar la campaña para la reelección de Obama.   Lo dudo.  

Es cierto que Biden es malhablado, usa expresiones descabelladas y repite barbaridades a granel. Estas tienen una gama casi infinita. A veces Biden se confunde y no recuerda el estado de la Unión en que se encuentra, o el siglo en que vive. El Vicepresidente no es persona sutil y eso no es una virtud en la vida pública. 

Su referencia retórica a que el partido de oposición desea encadenar de nuevo a los negros en una especie de neoesclavitud surrealista, no es sólo ridícula en esencia, sino grotesca e irrespetuosa hacia el electorado en general. Es también especialmente ofensiva a la inteligencia de los votantes negros de su partido, como lo puntualizara acertadamente un antiguo Gobernador de Virginia, quien es mulato y demócrata activo. 

Aunque parte de la producción verbal de Biden sea errónea y contraproducente, quien debe cuidar exquisitamente su lenguaje y actuación es el Presidente Obama. Aunque el número dos del “ticket” presidencial sea capaz de galvanizar la base política y hasta modificar la dinámica de la campaña, como lo está haciendo con relativo éxito el Congresista republicano Paul Ryan, quien decide la elección es siempre el número uno

Obama termina una semana negativa a su campaña. Aún considerando que se ha mantenido distrayendo al electorado de su abrumador fracaso económico en base a una ofensiva personal contra el candidato Romney, la campaña de Obama sufrió dos reveses notables. El primero fue en la batalla de los avisos políticos, con uno que maliciosamente relacionaba a Romney con la muerte de una mujer, supuestamente víctima de carencia de seguro médico para combatir un cáncer terminal.  

Cuando se comprobó la falacia en la acusación, casi todos los voceros demócratas trataron infructuosamente de desasociarse de esa propaganda. Peor ha sido el resultado de la ofensiva inicial de la administración contra el candidato vicepresidencial Paul Ryan, atacando su pasado proyecto presupuestal en base al “terrible peligro” que dicha propuesta presentaba al Medicare. 

Un comercial demócrata en la televisión durante la campaña parlamentaria del 2010 presentaba una “abuelita”, sentada en silla de ruedas y lanzada al vacío desde un farallón imponente por un doble del “villano” Ryan. Curiosamente el doble de Ryan no lanzó la silla. Ahora sabemos por qué.  

Aunque la campaña del 2010 resultara en una ganancia republicana de más de 60 congresistas, quienes dirigen la campaña demócrata de Obama recogieron a “granny” en el abismo, la desempolvaron y la devolvieron al villano para que la tirara de nuevo, usando el mismo comercial político del 2010. ¿Ha perdido Axelrod toda su capacidad creativa?  

Además, esta vez Romney recogió el guante. Sucede que para financiar en teoría al leviatán “Obamacare”, la ley que lo impuso incluye la deducción de más de $700,000,000,000.00 de los fondos de “Medicare Advantage”. Los demócratas, incluyendo a Obama, ahora tratan de impugnar esa cifra. Perdieron de vista que en un video del 2009 aparece Obama reconociendo ese corte al Medicare. 

Aún veo con gran preocupación el futuro. Ese porvenir está lleno de escollos. Una victoria de la oposición no resolvería el mayor problema de los presupuestos deficitarios, solamente lo aliviaría. Le daría quizás un respiro al país, pero sólo un respiro. Una victoria de la presente administración es la garantía de la ruina económica norteamericana. Por eso, mucho ojo con el jefe del vice.

 

 

 

 

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