LA MIOPÍA CONSERVADORA

Por Hugo J. Byrne

 



Nota: Toda traducción es parcialmente “libre” porque el significado de palabras, usos y frases varía extensamente con cada idioma. He tratado de traducir este trabajo de su versión original; “The Conservative Self-Deception”, lo más literalmente posible. Planeo publicar la versión original en breve.

 

La anticipada victoria de la oposición en las elecciones parlamentarias norteamericanas de la mitad del período presidencial es un “secreto a voces”. El optimismo es sólido en los círculos del Partido Republicano. Retornar la Cámara de Representantes a la lideratura republicana y retirar a Nancy Pelosi como Vocera de ese cuerpo legislativo se consideran resultados seguros e inevitables. Se habla incluso de la posibilidad de alcanzar una mayoría senatorial republicana, esperanza dudosa pues en noviembre sólo se disputará la tercera parte de ese organismo.

 

Un déficit siempre creciente, una deuda nacional que cada día es más impagable, un sostenido desempleo apenas por debajo del 10% (con cifras más elevadas en la mayoría de los llamados “swing states”), el arrogante desdén del Ejecutivo ante las objeciones populares a su agenda y su evidente determinación a crear un estado paternalista que substituya a la república más exitosa de la historia universal, contituyen un record difícil de defender.   Son muchos los congresistas demócratas quienes no desean la ayuda de Obama en sus campañas del próximo otoño. Recordemos que sólo el 20% de los votantes en Norteamérica se consideran a sí mismos “liberales” (etiqueta que en la jerga política de aquí se define como “socialista”, o al menos “socialdemócrata”).

 

Todas las encuestas coinciden en que la popularidad de la administración Obama se desploma y que incluso enfrenta un decreciente entusiasmo por parte de su base política. Un sondeo reciente del respetado encuestador Rassmusen reveló que si las elecciones presidenciales del 2012 se celebraran hoy, el Presidente perdería ante todos los posibles candidatos del partido de oposición, incluso ante un candidato “genérico”. Otras encuestas indican que quienes se oponen con gran convicción a la política del presidente se aproximan a 46% de los votantes registrados, mientras quienes lo apoyan con la misma fuerza en el mismo grupo apenas si llegan a 28%. 

 

Sin embargo, todas esas posibilidades carecen de importancia cuando se tienen en cuenta las ingratas realidades que confrontan. Si lo que nos importa es el futuro de Estados Unidos, su salud social y económica y las implicaciones de esas metas en el futuro de la humanidad, dedicarnos a esperar pacientemente por los comicios de noviembre equivale a garantizar el fracaso.

 

Me explico: el mal ya está hecho. El Estado Norteamericano debe casi $13,400,000,000,000.00, cantidad que en el idioma inglés llaman trece trillones con cuatrocientos billones de dólares y en castellano trece billones con cuatrocientosmil millones de dólares. No es posible detener la bancarrota y recobrar nuestra autonomía individual sin primero eliminar todo el poder inconstitucional que el estado se abroga de manera creciente y contínua desde finales de la administración anterior. Ese poder obtenido ilegalmente es tanto social como económico.

 

Desde la inauguración del presente gobierno en Washington las prerrogativas del estado y su opresivo arbitrio sobre todos y cada uno de nostros ha crecido proporcionalmente al incremento de la deuda nacional y en razón inversa al ejercicio de nuestras libertades. Teóricamente Barak Hussein Obama es sólo el presidente de la República. Pero también se trata de un ideólogo irrestricto y económicamente ignorante, quien llegara al poder en la cresta de una ola de miedo y engaño. Un mandón arrogante, que aplica por decreto una agenda colectivista en la que cree fanáticamente, sin restricciones ni remordimientos.

 

Pensar que una nueva mayoría republicana en la Cámara de Representantes, incluso ayudada por otra simple mayoría de la oposición en el Senado puedan cambiar el curso ruinoso de Norteamérica es soñar una quimera.   Para empezar, aunque en teoría la Cámara es el único organismo con discreción constitucional para otorgar gastos, sólo la recuperación inmediata de todos los gastos que ha hecho intocables esa presente legislatura podría empezar a revertir el camino a la bancarrota. Esto no puede conseguirse sin una mayoría senatorial a prueba del veto presidencial y tal mayoría es matemáticamente imposible de alcanzar en noviembre de este año.

 

En realidad el poder ejecutivo ha devenido en el único poder real en U.S.A. durante la administración presente. El Congreso ha cercenado sus propios poderes mediante el abandono inicuo e irresponsable de sus prerrogativas. Los norteamericanos de hoy estamos siendo gobernados por organismos burocráticos semiautónomos y de corte totalitario, como la Administración de Protección del Medio Ambiente (E. P. A.). Recuérdese que la presente administración amenazó al Congreso recientemente que si no aprobaba la llamada ley de “Tax and Trade”, la E. P. A. se ocuparía de aplicarla por cuenta propia. Esa subversión de la legalidad está ocurriendo en Estados Unidos, no sólo en la Venezuela de Chávez.

 

¿Quiere todo esto decir que nuestro futuro en libertad está irremisiblemente comprometido? No necesariamente. Este triste escenario implica que tenemos que sacudirnos inmediatamente la nociva miopía conservadora que nos inmoviliza. La política no es juego, sino asunto muy serio y responsabilidad de todos. Tiempos exepcionales demandan labores excepcionales. Cada individuo pensante tiene la obligación inalienable, hacia sí mismo, su familia y sus vecinos, de convertirse en un activista de la libertad. Todo eso, por supuesto implica esfuerzo, dinero y tiempo. Nunca se logrará salir de este profundo hueco si simplemente esperamos por noviembre.

 

Comunicarse con los congresistas de cada distrito de manera respetuosa y firme (sin importar cuál sea su filiación), inundar las oficinas de la prensa “liberal” con mensajes denunciando sus deshonestos editoriales, asistir a reuniones masivas apoyando las causas del retorno a la libertad individual y a la responsabilidad administrativa, tanto pública como individual, mantenernos informados y educar a otros a través de la Red, son labores infinitamente efectivas y fundamentales en el retorno a la salud social

 

Recordemos nuevamente a Martí, quien tanto nos enseñara: “Es necesario poner de moda la virtud”.    

 

 

 

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