LOS CINCO CAMAREROS

por Esteban Fernández, Jr.

 

Hoy los presentan como titanes. De la misma  forma que han presentado como héroes en el pasado,  desde Pancho el Gancho,  hasta el padre de Elián González. Ahora Mariela Castro los llama telefónicamente, y cuando sale retratada junto a los “gays castristas” tiene en sus manos un cartelito que dice “Obama, Give me five”. Muchos entendieron que era una felicitación para el presidente estadounidense,   cuando en realidad, la intención era pedir  la libertad de "los cinco espías"... 

Actores y activistas americanos, como Danny Glover, los visitan en sus celdas. Cuba entera ya reconoce sus caras. La campaña en su favor es monumental. Hasta en Japón piden la libertad de Gerardo y los demás agentes cubanos. Desde Baracoa hasta Buenos Aires, desde Remedios hasta Río de Janeiro,  los comunistas, castristas, tontos útiles, compañeros de viaje, políticos izquierdistas, líderes sindicales en el ámbito mundial, ya los conocen y  los defienden.  

Hasta ellos mismos están convencidos  que son “los bravos de la película”, que son Superman, Tarzan,  Batman, Roldán el Temerario y Leonardo Moncada. Por obra y gracia de la maquinaria propagandística del régimen,  han pasado de ser unos gatos pardos a unos tigres de la Malasia. Los “Rolling Stones”  y hasta los “Beach Boys” son unos  pencos al lado del quinteto “antiterrorista” rehenes en el "Norte Revuelto y Brutal". 

¿Se acuerdan cuando John Lennon de los "Beatles" cometió el sacrilegio de decir que el grupo era más famoso  que Jesucristo?  Bueno, en cualquier momento Fidel Castro dice lo mismo de "los cinco jinetes del apocalipsis cubanos" en una de sus atolondradas reflexiones.  

¿Y por qué sucede esta algarabía con respecto a estos hombres cuando en realidad  debían meter las cabezas en  cubos de mondongo? ¿Por qué hacen un escándalo cuando todos los gobiernos del mundo estarían silenciosos y apenados si fueran descubiertos en una infiltración descarada y en una flagrante intervención en los asuntos internos de otra nación? 

Simplemente,  porque a contrapelo de lo que piensa mucha gente, nuestra nación sigue gobernada tras bambalinas por un orate, por un viejo desquiciado, enamorado del protagonismo, todavía buscando reconocimiento, llamado Fidel Castro Ruz,  quien no se conforma, ni se acostumbra, ni acepta el ostracismo ni el retiro.  

 ¿Saben ustedes que sucedería si los sueltan y llegan a nuestro país? Serían recibidos  en La Habana como dioses griegos, como unos gladiadores romanos. Ministros, generales, la plana mayor de la tiranía los abrazaría,  irían a Tropicana rodeados de jineteras, fumarían Cohibas junto a Tony Castro, el pueblo carnero los recibiría de igual forma que al Papa.  Los Van Van les dedicarían  una guaracha parecida a la que le  hicieron a  la  zafra de los 10 millones. Pero en  lugar de “van van” sería:  “Damos Brincos Porque Llegaron los Cinco".  

La pachanga, la fiesta, las medallas, las lágrimas de los pioneros   durarían  43 días.  Y ¿qué viene después?  No los van a hacer generales ni coroneles, no irían al Comité Central del Partido Comunista, eso sería injusto, muy por debajo de su categoría de paladines nacionales. 

Esos cinco “patriotas” merecen algo mejor, lo más grande y preciado que todo cubano sueña  llegar a ser: Empleados en la “zona dólar”.  Serán camareros y porteros en los hoteles españoles Meliá. Allí estarán atendiendo a turistas extranjeros con cortesía y sumisión. Y para ellos, el gran premio serían  las propinas.  Los “verdes” que les van a interesar no serían olivo,  sino esos papelitos que tienen la  foto de Washington.  Las dádivas les van a llegar de los visitantes borrachos,  que entre maracas, guitarras, risotadas y mojitos,  les preguntarán: “¿Ustedes son los famosos cinco?” Creyendo que son un grupo musical. 

Y cuando el joven  cubano-americano,  Pepito,  visite de nuevo la Isla,  el que le va a abrir la puerta del  taxi y le baje las maletas quizás sea René, o  Antonio, o Fernando,  o Ramón... Gerardo no, porque ese estará en la piscina del Sol Palmeras, junto a Juan Miguel González, sirviéndole tragos a una pareja de canadienses... 

 

 

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