LAS COTORRAS DE OBAMA

Por Hugo J. Byrne

(English version follows)

“La libertad es el derecho que todo hombre tiene a ser honrado y a pensar y a hablar sin hipocresía” José Martí                                                                                                             

 

Desde principios de los años 60 cuando recién empezaba a preocuparme por esas cosas, aprendí que la prensa norteamericana importante editaba su información al público a través de un filtro decididamente izquierdista y que, incomprensiblemente para mí, esa prensa era llamada “liberal”. Era la época pionera del exilio y yo entonces comenzaba a digerir el sobrio mensaje de obras como “Red Star over Cuba”, “Dagger in the Heart” y “The Fourth Floor”, mientras hacía todo lo posible por ganar honestamente el sustento de mi familia. 

Mi primera impresión de la prensa norteamericana vino con los programas de noticias de la tarde por las cadenas de televisión ABC, CBS y NBC. A través de ellos es que supe de periódicos impresos del mismo bando, como el Chicago Tribune, Boston Globe, Washington Post, etc. Ya entonces sabía del notorio New York Times. ¿Qué cubano exiliado no sabía del Times y Herbert Mathews? 

A mediados de la década del 60 empecé a leer los editoriales de Los Ángeles Times y esto sin duda agravó mi creciente desagrado. Entonces el editor del Times era Otis Chandler, brillante hombre de negocios e inversionista multimillonario. Chandler había sido notable atleta en sus años de estudiante y era un deportista afamado, aspirando por esa época a la membresía en el exclusivo “Safari International”, organización de cazadores a nivel mundial. 

Por razones de trabajo y otras actividades en las que me involucré, que gracias a los estatutos de limitaciones legales puedo admitir hoy que eran consideradas “subversivas” por La Habana y Washington, me relacionaba entonces con personas de todos los estratos sociales y económicos. Entre esas personas conocí a un miembro del “Safari International” con quien, a pesar de su paranoia y difícil trato, entablé una amistad que duraría hasta su muerte.  

El finado Jacques Pesu Lott (“Jack”), sobre quién escribí un artículo have unos 14 años, no era rico, pero su residencia era un “show room” de trofeos de cacería de tres continentes, valuados a “ojo de buen cubero” en casi un cuarto de millón. Militante sincero de la causa cubana, Jack era un tornero hábil y un extraordinario armero. Además de cazar en Namibia y Botswana con frecuencia, Jack escribía regularmente artículos para varias publicaciones dedicadas a temas sobre armas de fuego y caza, como Pettersen Publishing Co. Jack cometió suicidio a principios de la década pasada (creo que en 1992), cuando la diabetes lo dejara casi ciego, forzándolo a periódicas diálisis. 

Jack me dijo en una ocasión que había enviado una carta renunciando a su membresía en Safari International por haber esa institución admitido como miembro a Otis Chandler. El elitista Chandler, regularmente demandaba en su periódico medidas confiscatorias y registración universal de las armas de fuego, en la convicción de que para él (y para otros de similar estrato económico) el acceso a las armas nunca peligraría. El predicamento de ancianos y pobres, viviendo desarmados en medio de peligrosas áreas urbanas, le tenía evidentemente sin cuidado. Por supuesto, también el derecho que codifica la segunda enmienda de la constitución de los Estados Unidos.  

Individuos como Chandler, quien murió durante la década pasada, han preferido sistemáticamente el privilegio al derecho, con la condición de que siempre sean ellos quienes disfruten del primero. La segunda enmienda nunca fue concebida como licencia de cacería o de tiro al blanco, sino como último recurso contra el establecimiento de un régimen tiránico que ignore las libertades fundamentales en las que se basa la sociedad norteamericana. La primera enmienda describe el más básico de todos los derechos y la segunda establece el mecanismo que lo define, garantiza y defiende. 

El liberalismo político en Estados Unidos no es otra cosa que el preámbulo a un régimen que nos programa de por vida, “protegiéndonos” de nosotros mismos hasta la tumba. Es la filosofía de quienes nada arriesgan, nada esfuerzan y en consecuencia nada logran para sí mismos o el prójimo. Es la utopía de un infierno donde todos somos indigentes. Es el reverso del sueño americano: la tierra de los esclavos y el hogar de los cobardes. Esta decantada hipocresía campea entre los publicitarios “liberales”, aunque se disimulen con adjetivos como “progresistas”, o “avanzados”. Su éxito final no reside en la aprobación popular, sino en la aceptación sumisa del “statu quo”, por fatiga, ignorancia o vicio. Sus aspiraciones se describen a continuación: 

“La apoteosis del liberalismo mediático ha llegado a Estados Unidos en alas de la presidencia del egregio Obama. Este es nuestro líder predestinado, capaz de resolver (si es necesario por decreto), todos los desafíos nacionales y universales. Desafíos creados por los capitalistas, con su fatídico mercado libre, su egoísta afán de lucro y la complicidad criminal de la oposición republicana.  

¿Se imagina esa oposición que puede desafiar impunemente a nuestro iluminado caudillo? ¿Creen posible detener el destino inexorable de la historia? ¿Cómo podrán oponerse a las decisiónes de nuestro mesías cuando ni siquiera los más altos tribunales de justicia se atreven?  

Los oposicionistas a Obama se escudan tras la vetusta constitución que escribieron una gavilla de viejos blancos, perversos esclavizadores, quienes aspiraban a un sistema anti egalitario e injusto, encubriéndolo con el embuste de la independencia americana y el fraude de la mal llamada libertad individual. ¡Que viva la justicia social que nos brinda Obama!  

Ya no necesitamos tergiversar ni confundir. Esas son tácticas obsoletas. Ahora podemos simplemente omitir todo cuanto pueda ser negativo a la victoria de nuestro mesías en la Casa Blanca. ¿Acaso no somos los amos del cuarto poder? ¡Papagayos mediáticos; esclavos por vocación, continuemos unidos! ¿qué podríamos perder aparte de nuestros últimos vestigios de vergüenza?” El escenario no es ficticio. Responde a una ingrata realidad.

 

OBAMA’S PARROTS

By Hugo J. Byrne

“Liberty is the right of every man to be honest and to think and talk without hypocrisy”  José Martí

 

In the early sixties, when I was enlightened about the wonders and dangers of the political world, I learned that most of the American media filtered its information through a leftist strainer.  The public called that media “liberal” and for the life of me I could not figure that one out then or now.   

For us exiled Cubans it was not an easy period. At the time, I was starting to digest the messages on political history encompassed in works like Red Star over Cuba, Dagger in the Heart, and The Fourth Floor while doing my best to support my growing family.  My first impression of the American media came with the evening news on television networks like ABC, CBS, and NBC.  

Through their broadcasting, I learned of politically like-minded papers such as The Chicago Tribune, The Boston Globe, and The Washington Post.  Also, of course, there was The New York Times, long despised by the Cuban people for its left-wing bias and its notorious Communist-sympathizer, former editorialist Herbert Matthews. 

During the mid sixties I started reading The Los Angeles Times and that aggravated my growing disgust with the liberal press and especially with their dishonest practice of always slanting the news.  The editor and publisher of The Times at that time was Otis Chandler.  Chandler was an accomplished newspaper publisher and a successful entrepreneur who had been a notable athlete during his college years and continued to be a dedicated sportsman.  In the sixties, Chandler was applying for membership in the exclusive Safari International, a very expensive and elite hunting club of worldwide reach.  I have no idea whether “Safari” still exists, but Chandler passed away last decade. 

In my working years, and long, active, militant involvement in the struggle against the present Cuban Regime, I related to people of very different walks of life and various social and economic strata. Thanks to Statute of Limitations, I can now declare that Washington looked at most of my activities, which were openly subversive to Castro with the utmost displeasure. After the Missile Crisis of October of 1962, those actions became radioactive to the U.S. federal government. 

Among my many relations at that time, there was a good hunter and excellent gunsmith called Jacques Pesu Lott (“Jack” for short), who was an active member of Safari International. Jack used to hunt periodically in foreign lands like Botswana and Namibia, and in spite of his paranoia and struggle to deal with reality; we started a friendship that lasted until his death in 1992.  A fervent, active sympathizer of the Cuban cause and a top firearms expert, Jack was a good shot, and an outstanding gunsmith. During the early nineties Jack lost his fight with diabetes and was facing kidney failure. When he started losing his sight and was forced to undergo weekly dialysis procedures, Jack took his own life. 

Once, Jack told me he had sent a letter renouncing his membership in Safari International. What prompted Jack’s decision was his learning of Otis Chandler being admitted as a full-fledged member.  Jack claimed that Chandler was a zealot insofar as his attitude towards the public right to bear arms.  Periodically, his paper ranted editorially in favor of ever more restrictive gun laws, licensing, and/or outright selective confiscation. That, Jack claimed, was abundant proof of Chandler’s elitism and hypocrisy.  

In spite of the fact that Jack and I seldom saw things from the same exact perspective I did agree with him on this particular subject. Chandler’s double standard was obvious: Access to firearms would always be within the reach of anyone enjoying the economic power he wielded. At the same time he was denying the right of self-defense for the downtrodden and/or elderly living within dangerous urban areas. Also he seemed contemptuous of the right of the people enshrined by the second amendment of the U.S. constitution.

The story epitomizes the real liberal attitude toward individual rights.   The experience also helped me in the formulation of clear thoughts on the subject. 

Modern political “liberalism” in the U.S. media is nothing but a precursor to the establishment of a tyrannical regime capable of a lifetime "programming” of our lives, protecting us from ourselves from crib to grave.  It is the philosophy embraced by those who never risk and never struggle and as a consequence achieve nothing for advancing their self interest or that of the society in which they live.  It is the promotion of a utopian inferno where everybody is an indigent except the state and –briefly- its court. It is the reverse of the American dream: The land of the bondage and the home of the timid.   

Its final triumph resides not on the popular approval, but on the abject surrender of society.  Reasons for that surrender are many, but the very first listed should be cowardice.  The present claim to power by those seeking the “liberal” protection should read as such: 

“The apotheosis of liberal media has arrived to America on the wings of the Presidency of Obama the Egregious.  He is our predestined leader capable of resolving –if need by decree- all domestic and universal challenges. The capitalists and their infamous free market created those challenges.  Their weapons achieving our ruin were their selfish lust for profit and the criminal complicity of the Republican Party. 

Is that opposition dreaming on defying our Enlightened Champion with impunity?  Do they believe possible to stop the inexorable march of history? How could they oppose our Messiah’s will when not even the highest courts dare? 

The opposition to the Egregious President Obama shields itself behind a decrepit constitution concocted by a gang of white male slave-holders dreaming of an anti egalitarian and unjust society.  They were trying to achieve that end with the pretense of independence for America and the fraud of the so-called individual freedom. 

We do not have to obfuscate and distort anymore.  Those tactics did what we needed in the past but are obsolete now.  At the present time we are strong and numerous enough to just omit any news or subjects capable of obstructing the victory of our great leader in the White House.  Aren't we the masters of the fourth power? Parrots of the media remain united for Obama! What could we lose but the miserable remnants of our shame?” 

If it seems horrific it is because it is so.  If it sounds like Castro's Cuba it is because we are becoming it.  But if it looks and sounds like something we can and must defeat next November, let's roll!  

 

 

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