¿QUÉ ES GOBERNAR POR DECRETO?

Por Hugo J. Byrne

 

Definiciones de la Real Academia de la Lengua. 

Decreto ley: “Disposición legislativa provisional que puede dictar el gobierno de extraordinaria o urgente necesidad y que requiere para su definitiva eficacia la ratificación ulterior por parte del órgano legislativo”. 

Dictadura, Def.#3: “...régimen político que concentra todo el poder en una persona...” 

Hace algún tiempo que Marco Rubio, el más reciente Senador Federal por el Estado de Florida, ha estado trabajando en un nuevo proyecto de ley de carácter bipartidista. Dicha iniciativa propone resolver el estatus legal de muchos de los hijos de inmigrantes clandestinos quienes fueran traídos por sus padres a través de las fronteras norteamericanas. Esta iniciativa es harto conocida por el Presidente Obama y por las lideraturas de ambos cuerpos legislativos. 

Cronológicamente esa labor, que de acuerdo a la ley vigente corresponde sólo al poder legislativo, fue iniciada por Rubio después de que el Presidente Obama anunciara respeto por los sagrados parámetros que sobre el tema establece la constitución en su sección 8. Por supuesto, en la Casa Blanca de nuestros días lo que hoy es sagrado, mañana puede que no lo sea. 

Ayer, pisoteando la constitución e ignorando sus previas declaraciones, el Presidente anunció extender una amnistía a la deportación de esas personas. El antiguo “organizador social” no la llamó “amnistía”. En realidad la semántica en este caso carece de importancia. Lo significativo es que se trata de una acción ilegal, tal como el propio Obama la definiera anteriormente.  

Si él sabía que se trataba de algo ilegítimo, ¿por qué hacerlo? Simplemente porque piensa que afianza su base en la izquierda demócrata y refuerza el respaldo del voto hispanoamericano para noviembre. Obama tiene la escuela política tradicional de Illinois, donde dos sucesivos ex-gobernadores militantando en opuestos partidos guardan prisión de largos años por actividades ilícitas. Uno de ellos (el republicano) le hizo tantas carantoñas a Castro, que este propuso erigirle una estatua en La Habana. Esa mafia política es eminentemente poderosa en Chicago, origen de la meteórica carrera de Obama.  

¿Esperar por el proceso parlamentario? ¿Para qué? Barak Hussein Obama es demasiado demagogo y falto de ética para hacer algo que no le produzca dividendos políticos. Si el lector piensa que estoy insultando gratuítamente a Obama en vez de describirlo, podemos analizar objetivamente su proceder desde el momento mismo en que asumiera sus atribuciones ejecutivas, en enero del 2009. 

La reforma migratoria era una entre las muchas promesas electorales de Obama en las elecciones del 2008. Esa era quizás una con serias posibilidades de cumplir enseguida por la ventaja de un parlamento favorable durante los dos primeros años de su presidencia. Obviamente no fue su prioridad hasta ayer

Buscar un acomodo, sentándose a conversar con los regímenes teocráticos musulmanes, Corea del Norte, Castro y Chávez era otra promesa de Obama. ¿Qué podía perder el predestinado, aparte de tiempo? ¿Era esa una promesa sincera? No creo que fuera tan ignorante como para creerse su propia retórica. Pero nada es imposible. 

Claro que no pudo hacerlo porque “it takes two to tango”. Todos los sátrapas de las arenas y el crudo lo escucharon y lo ignoraron. Ni siquiera lo ayudó en un ápice la humillante reverencia al Rey de la Arabia Saudita. Se lo pude haber dicho. En el proceso un presunto “aliado” como Pakistán, parece darse de baja de la alianza para todo, menos el subsidio multibillonario.  

Para hacer las paces con Chávez es necesario pasar primero por La Habana y los Castro, quienes a pesar de sus protestas de lo contrario, nunca han estado en disposición de negociar algo honestamente, ni lo estarán hasta el día en que revienten. Sin embargo, dicen que Chávez está muy enfermo. Si muere ahora puede cambiar el escenario.  

La sangrienta dinastía de tiranos, Il Sung, Jong Il y el gordito de ahora en Corea del Norte, ha hecho larga y jugosa carrera burlándose de Washington. Para ellos Obama es el más reciente en una larga procesión de payasos. No los culpo.

Otra promesa electoral incumplida por Obama fue la de cerrar la prisión de Guantánamo. No lo hizo por ser imposible y esa es la misma razón por la que nadie lo hará en un futuro inmediato, no importa quien sea electo en noviembre. 

Algo que no prometiera Obama (al menos no explícitamente) fue el programa de salud que la gente bautizara como “Obamacare”, al que se opuso desde el principio la gran mayoría popular. Pero como en la zafra de los “diez millones” de Fidel Castro, Obama forzó su aprobación por el Congreso. Nadie pudo leer la ley completa porque comprendía casi 2000 páginas y fue concebida a puertas cerradas.  

Aunque contaba con una sólida mayoría demócrata en la Cámara, la Vocera Pelosi casi se queda sin transporte batiendo “a escobazos” a sus correligionarios para que se sometieran a votar por el proyecto. Al final “Obamacare” pasó sin penas ni glorias, por sólo cinco votos

Irónicamente la única legislación importante lograda por Obama durante todo su período presidencial, el “Obamacare”, está en inminente peligro mortal. Todo parece indicar que la Corte Suprema eliminará muchos de sus renglones principales, incluyendo específicamente la subscripción forzosa, lo que haría su implementación incosteable. Esa impresión desató la ira del Ejecutivo, quien de inmediato y sin éxito trató de intimidar al Poder Judicial.  

Finalmente, una promesa que hizo Obama muy explícitamente fue gobernar a la vista de todos. Pero se le olvidó silenciar los micrófonos durante la campaña del 2008 y sus comentarios sobre “religión y armas” quedaron para la posteridad.   Otro tanto ocurrió durante una reunión reciente con el ex-“presidente” ruso Medved, cuando las cámaras de televisión captaron un equívoco mensaje suyo a Putín, sobre paciencia hasta noviembre y extrañas promesas de futura “flexibilidad” después de su reelección. 

¿Tendrá repercusiones importantes esta última movida política de Obama? Acaso marginalmente. Lo que decidirá las elecciones presidenciales (y las parlamentarias) en el próximo noviembre será la tambaleante economía. Esa nos afecta a todos; nativos o extranjeros. Legales o ilegales.  

 

 

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