ERRORES POLÍTICOS

Por Hugo J. Byrne

 

“En política los errores se pagan más caros que los crímenes”.

 Napoleón Bonaparte.

 

Mucho se ha escrito sobre la ventaja que el presidente Obama supuestamente tiene en su campaña de noviembre próximo. Esa ventaja es definida como el evidente y decisivo apoyo con que cuenta Obama en los medios de difusión.

 

Sin duda la inmensa mayoría de la prensa escrita y televisada está compuesta por individuos y organizaciones cuya agenda política es la que llaman por estas tierras, “liberal”. Esa tendencia se manifiesta de muchas formas y no sólo editorialmente. Quienes hayan observado por años la influencia de la prensa en el acontecer político nacional, aprecian y respetan el poder que emana de ella.

 

En nuestros días hay algo que trasciende el honesto partidarismo en la prensa norteamericana. En declaraciones televisadas el jerarca supremo de NBC ha roto lanzas oficialmente por el Presiente Obama y, en consecuencia, por su campaña para la reelección. Echando por la borda toda traza de imparcialidad, el mandamás de la National Broadcasting Corporation leyó ante las cámaras lo que equivalía a un anuncio político... ¿Pagado? Si tenemos en cuenta pasadas y dudosas relaciones económicas de Washington con la industria ¿tenemos derecho a sospechar “sweet deals”? Entre la presente administración y la General Electric, (consorcio que poseía NBC hasta hace poco), ciertamente las hubo. ¿Es el estado norteamericano una nueva república clientelista?            

 

Pero aún teniendo en cuenta ese poderoso elemento, me parece que en el caso de las próximas elecciones presidenciales los viejos “gurus” políticos están confiando demasiado en esas razones y quizás perdiendo la brújula en el proceso. Los factores son ahora diferentes y las condiciones distintas a las que prevalecían en noviembre del 2008. Reconociendo tácitamente esa realidad Obama y sus partidarios se concentran en el ataque personal.

 

El Ejecutivo no puede prometer “nuevos cambios”, pues los de sus primeros tres años han sido devastadores para el país. Esta lista tiene un orden quizás arbitrario, pero no altera en nada el ruinoso producto.

 

Libertad individual y respeto al orden constituído: el Departamento de Justicia está dirigido por quien siendo vice Fiscal General en la administración de Justicia de Janet Reno, recomendara al entonces presidente perdón para terroristas convictos y hasta para un fugitivo de la justicia. Su actuación ante el pedido de un Subcomité de la Cámara de Representantes investigando el desastre de “Fast and Furious” ha sido deleznable.   Eric Holder y su jefe Obama, han burlado a los votantes desdeñando la promesa electoral de mantener puertas abiertas en todas las funciones ejecutivas. Obama está esencialmente gobernando por decreto. Holder ha demostrado parcialidad y racismo, tanto en declaraciones públicas como en decisiones judiciales.    

 

Deuda nacional: hace unos dos o tres días Obama superó (durante menos de cuatro años) toda la deuda que Bush II acumuló durante los 8 años de su presidencia. Al presente y aplicando numeración en castellano, la deuda nacional supera ampliamente los 15 billones de dólares y continúa acelerando su escalada. A menos que se cambie radical e inmediatamente la política fiscal de Washington, el futuro es bien predecible: quien gasta más de lo que percibe termina en quiebra. 

 

Desempleo: a siete meses de las elecciones el desempleo que Obama prometió mantener por debajo del 8% si se aprobaban sus enormes gastos, ha fluctuado entre 10% y 8.3%. Eso a pesar de contar durante dos años con una Cámara de sólida mayoría demócrata y un Senado con 60 senadores del mismo partido (por tanto una mayoría a prueba de discusión indefinida), garantizando la aprobación de todo cuanto demandara Obama. La recuperación económica promete ser la más débil y larga en la historia de Estados Unidos.

 

Crisis de combustible: El precio del combustible se ha más que duplicado desde la toma de posesión de Obama. Esa subida de los precios que ahora la Casa Blanca declara no controlable por el gobierno, se está reflejando en el precio de todo producto que requiera ser tranportado. Por lo tanto la inflación empieza a mostrar su pérfida presencia. Pero mientras eso ocurre, Obama no ha suprimido su arbitraria moratoria a otorgar permisos de perforación en el Golfo de México y otras áreas costeras, negándose a permitir la construcción del oleoducto entre Canadá y la costa del Golfo. 

 

Como demostración de su desprecio por la voluntad popular que favorece el oleoducto (60 a 70%), Obama aprobó recientemente una construcción parcial del mismo en dos tramos separados para aliviar temporalmente el desempleo en áreas vitales a su reelección. ¿Un oleoducto que no transporta crudo? ¿Alguien recuerda el notorio “Highway to nowhere”? Cinismo elevado a la quinta potencia.

 

Seguro de Salud universal con pago individual obligatorio: el seguro nacional de salud forzado por Obama contra viento y marea, a pesar del sólido repudio popular, fue aprobado tras un reñido debate en una Cámara entonces con gran mayoría demócrata, pero la victoria se alcanzó con sólo 7 votos. Es obvio que muchos demócratas votaron en contra. En el Senado su aprobación fue estrictamente partidista (60 demócratas sobre 40 republicanos).

 

Ahora su incierto futuro depende de la decisión que sobre su constitucionalidad decida la Corte Suprema de Estados Unidos. El absurdo ataque de Obama contra el derecho de la C. S. a decidir la legalidad de ese aborto parlamentario y, en consecuencia, contra la fundamental separación de poderes, es un considerable disparate político que no abatirán retractaciones.

 

Por su parte, el veredicto popular sobre esa imposición es negativo y no se ha mantenido al mismo nivel, sino que se ha incrementado con el trancurso del tiempo. La pérdida de la Cámara por los demócratas en 2010 y la reducción de su mayoría senatorial, reflejó esencialmente el descontento popular con “Obamacare”. 

 

Sin embargo, en mi opinión podría haber otro elemento de juicio más crítico que todo eso. La popularidad del presidente en el 2008 comparada a la que le queda en la actualidad se dice que aún refleja su “aprobación como persona”, sobre el más probable candidato republicano. Éste, de acuerdo a recientes encuestas, carece del nivel de “simpatía personal” de Obama. La más reciente sitúa a Obama con cuatro puntos porcentuales sobre Romney (49% a 45%). La aprobación de un presidente en funciones con menos del 50% a pocos meses de la decisión final no augura bien para su candidatura.

 

Hay “errores” de Obama que han reflejado clara y singularmente su furtiva personalidad. Por ejemplo, al conversar temas fundamentales de seguridad nacional con “dudosos amigos” de los Estados Unidos, mientras el micrófono que creía silente aún transmitía.   La exposición de esos “errores” puede socavar efectivamente el tema de su “simpatía personal”. Sólo se requieren serenidad y elocuencia.  

 

 

 

 

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