ESBIRROS CON SOTANAS Y OPOSITORES ENTRE DOS AGUAS

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

 

"Dichosos los perseguidos por hacer la voluntad de Dios, porque de ellos es el reino de los cielos". Jesús en el Sermón de la Montaña.

Por uno de esos extraños designios del destino el 13 de marzo se ha convertido en una fecha de especial significado en el acontecer histórico del pueblo cubano. Un 13 de marzo de 1957, un grupo de patriotas cubanos ofrendó su vida en la defensa de la libertad de Cuba con el ataque a la madriguera del dictador de turno. Este 13 de marzo de 2012, trece hombres y mujeres salidos de las más humildes entrañas de nuestra patria apelaron a la acción desesperada de refugiarse en una iglesia para pedir libertad, democracia y respeto a los derechos humanos para el oprimido pueblo de Cuba. En la Iglesia de la Caridad ubicada en Salud y Manrique en La Habana sonó este 13 de marzo una campana de libertad tan sonora como la de La Demajagua.

Como los de 1957 y 1868, estos patriotas de 2012 sabían que se jugaban la vida porque están conscientes de que los monstruos que los oprimen no perdonan sino pasan la cuenta. Si no que se lo pregunten a quienes están al tanto de los asesinatos de Boitel, Zapata, Villar, Laura Pollán y los millares de mártires de la tiranía. La vida de estos infelices valdrá muy poco una vez que Benedicto haya regresado al Vaticano y la tiranía le haya sacado provecho a su visita.

Una visita en que la curia romana y la jerarquía cubana se han jugado el todo por el todo uniéndose a los sátrapas y prolongando el martirio de nuestro pueblo. Sin el más mínimo pudor, han violado la sagrada tradición de santuario de los perseguidos que ha prevalecido durante siglos no solo dentro de la iglesia católica sino dentro de religiones de otras denominaciones. Esto explica los extremos a los que han llegado Jaime Ortega y sus alabarderos para garantizar el éxito de la visita papal, incluso al riesgo de perder todo vestigio de respeto o credibilidad.

A los efectos de fortalecer nuestros argumentos, compartimos con ustedes solo unas cuantas citas y acontecimientos que tuvieron lugar entre el 13 y el 15 de marzo. El siempre locuaz Orlando Márquez, vocero de la Archidiócesis, dijo: "nadie tiene derecho a convertir los templos en trincheras políticas". Nuestra respuesta, ni el Cardenal Ortega ni el señor Márquez tienen derecho a utilizar los templos ni violar las enseñanzas de Jesucristo para apuntalar el régimen de unos tiranos que fusilan, reprimen y roban a los hijos de Dios. Al otro extremo de la Isla, los 18 opositores que buscaron refugio en la Catedral de Holguín fueron desalojados con violencia por una turba encabezada nada menos que por el Obispo Emilio Aranguren. Uno de ellos, Rubier Cruz afirma que el propio obispo le arrebató de las manos su teléfono celular. Ahora el obispo lo niega pero yo creo a Cruz, aunque sea por el solo hecho de que su apellido describe la ignominiosa muerte de nuestro Señor Jesucristo.

Pero, como de costumbre, la conducta más detestable fue la observada por el Cardenal Jaime Ortega. En la noche del miércoles 14, como todo un Capitán Araña que se sabe despreciado por sus feligreses, el Cardenal no tuvo el valor ni la compasión de visitar a los refugiados en la Iglesia de la Caridad y envió en su lugar a Monseñor Ramón Suarez Polcari. El Cardenal se encargó mas tarde de la infame misión de bendecir el desalojo violento de los refugiados y ofrecer cobertura política a su compinche Raúl.

Monseñor Suarez les prometió la visita de un representante del gobierno y eso sucedió al día siguiente pero multiplicado por 50 karatecas sin armas de fuego como había pedido el hipócrita de Jaime Ortega pero con las armas de sus llaves paralizantes y sus golpes mortíferos. Esta no es, sin embargo, la primera vez que tiene lugar una operación represiva conjunta entre esbirros de la tiranía y esbirros con sotana de la jerarquía católica. En diciembre de 1980, los hermanos Ciprián, Ventura y Eugenio García Marín fueron extraídos por agentes de la Seguridad del Estado de la Nunciatura del Vaticano en La Habana y fusilados en forma sumaria. Todo ello con el silencio cómplice de la curia romana.

Por otra parte, opino que un número considerable de opositores al régimen no estuvieron a la altura de las circunstancias. Una de las pocas voces que se levantó en señal de solidaridad con los refugiados en la iglesia fue la del Dr. Oscar Elías Biscet, quién dijo: "Dondequiera que un hombre o una mujer levante su voz contra las injusticias, Dios bendecirá a las personas y al lugar". El resto de la oposición pareció siempre navegar entre dos aguas en un momento que demandaba claridad y firmeza en apoyo de estos valientes.

En ningún momento se escucharon voces de respaldo a Vladimir Calderón Frías y sus aguerridos hermanos del Partido Republicano de Cuba. Tan pronto como el miércoles 14 hubo desde cuestionamientos hasta críticas veladas que parecían coincidir con la línea oficial del Arzobispado que, a todos los efectos prácticos, era la misma línea oficial del régimen comunista. El opositor Guillermo Fariñas manifestó: "Les aconsejo que tengan cuidado con realizar algún tipo de provocación que pueda perjudicar la credibilidad de la oposición pacífica".

Dentro de la misma tónica, Martha Beatriz Roque, hablando a nombre de la Red Cubana de Comunicadores Comunitarios, dijo: "Los miembros de la Red queremos dejar constancia de nuestro desacuerdo con utilizar a la Iglesia Católica para fines políticos en cualquier sentido". Y Yoani Sánchez, la mujer que ha acumulado más premios sin otro mérito conocido que manejar con habilidad las redes sociales, lanzó uno de sus acostumbrados dardos diciendo: "En lo personal , la acción de tomar el recinto de una iglesia como lugar de protesta me parece invasivo e irrespetuoso". ¡Qué doloroso y decepcionante es ver a los oprimidos coincidir con sus opresores en la mezquina tarea de vituperar a quienes tuvieron el coraje que le falta a tanto diletante cauteloso!

De hecho, Vladimir Calderón y los doce patriotas que le acompañaron en su acción heroica demostraron conocer la naturaleza arrogante y diabólica de unos autócratas que jamás renunciarán al poder por medios pacíficos. Ellos lo han dicho con frecuencia y ya es hora que se lo creamos. El tiempo y los fracasos han demostrado que, en nuestro caso, la oposición no violenta es útil únicamente como detonador de un movimiento de fuerza que los obligue a abandonar el poder para salvar el pellejo. De haberse multiplicado a lo largo y ancho del país, acciones como esta de la Iglesia de la Caridad pudieron dado origen a una situación de desorden público primero y, más tarde, de confrontación militar entre ellos mismos. No tengo duda alguna de que, ante este tétrico panorama de tiranos moribundos en La Habana y en Caracas, son muchos los que dentro del régimen están listos para dar el salto, salvar la vida y comprar acceso a una transición futura.

En un templo reclamó Jesucristo respeto para la dignidad de su Padre en el Cielo utilizando incluso la violencia contra usureros y mercaderes. En la Iglesia de la Caridad, nuestra Cachita rebelde y mambisa, estos valientes siguieron el mandato del Sermón de la Montaña de "hacer la voluntad de Dios". Y la voluntad de Dios fue hacer libres a todos sus hijos. No condenarlos a vivir en cadenas, aún cuando esas cadenas hayan sido forjadas con la ayuda de mercaderes y esbirros con sotanas. AMEN.

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COMENTARIOS


Como catolica practicante estoy verdaderamente molesta, por no decir palabras mas duras, contra la jerarquia de nuestra iglesia en Cuba. Estoy segura de que Jesucristo debe de estar tremendamente triste y tan adolorido como cuando fue crucificado por nuestra salvacion.
Hace 2555 dias.

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