LAS CUMBRES DE LOS MISERABLES

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

 

La histórica Cartagena de Indias, puerto desde el cual zarpaban en tiempos coloniales rumbo a la metrópolis española las flotas cargadas de riquezas americanas, será escenario dentro de un mes de uno de esos circos periódicos de lo absurdo que han dado en llamar Cumbres de las Américas. En uno de esos irónicos cambios de fortuna, la ciudad antaño sembrada de fuertes para repeler a corsarios y piratas dará la bienvenida esta vez a piratas del Siglo XXI. Estos señores podrán ostentar investiduras de jefes de estado pero, en su gran mayoría, son tan inmorales y corruptos como sus antecesores de horca y cuchillo. Estos calificativos podrían parecer fuertes pero son más que merecidos por estos miserables. Veamos.

Hugo Chávez y sus secuaces financiados del ALBA, en sus intentos por erradicar todo vestigio de democracia en América, decidieron hace un mes boicotear la Cumbre de Cartagena. Para ello, amenazaron con que no asistirían a la misma si los tiranos ensangrentados de Cuba no eran invitados como representantes de un pueblo al que no han consultado por más de medio siglo. Los profesionales del apaciguamiento se dieron de inmediato a la tarea de aplacar al burro de Caracas y a los diablos de La Habana. El infame de José Miguel Insulza, quién mantuvo su puesto gracias a los votos controlados por Chávez con petrodólares venezolanos, le pasó la papa caliente a Colombia y dijo que invitar a Cuba no era potestad de la OEA sino del país anfitrión. 

Ni tardo ni perezoso, el cuervo que crió Uribe para que le sacara los ojos, agarró un avión y se fue a La Habana a reunirse con sus nuevos amigos Hugo Chávez y los hermanos Castro. Juan Manuel Santos regresó a Bogotá afirmando que los Castro habían declinado la invitación y prometiendo que solicitaría la inclusión de Cuba Comunista en futuras Cumbres de las Américas. Este Santos, que ya ha demostrado no ser tan santo, se ha ganado un lugar en el altar de la ignominia americana.

Por otra parte, el potencial tsunami político llegó incluso al Capitolio de Washington cuando Ileana Ros-Lehtinen, Presidenta del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes, le preguntó a la Secretaria de Estado si Cuba sería invitada a la Cumbre de Cartagena. Hillary Clinton, con la astucia de los diplomáticos y la ambivalencia de quien esconde sus simpatías por la izquierda, dijo que no había intención de invitar a Cuba porque su gobierno "no encaja en la definición de los países democráticos".

Sin embargo, se fue por la tangente cuando Ileana le preguntó si Estados Unidos asistiría aún cuando el régimen comunista participara en la cita de Cartagena. La Secretaria de Estado, de quien se dice que podría sustituir a Joe Biden como compañera de boleta de Barack Obama en las próximas elecciones, no se dejó atrapar en esa trampa. Está muy consciente de que una foto de Obama con Raúl Castro equivaldría a un beso de la muerte en el estado de la Florida. Un estado sin el cual puede despedirse de la Casa Blanca.

Pero si vamos a hablar de cumbres y de miserables tenemos que mencionar por fuerza a las Cumbres Iberoamericanas, más antiguas, más numerosas y tan improductivas e inocuas como las Cumbres de las Américas. Comenzando en 1991, los jefes de estado de España, Portugal y de los países de América, excepto Estados Unidos y Canadá, se han reunido en 21 ocasiones. Ninguna de esas cumbres ha producido beneficios tangibles para sus pueblos, ni han tenido el más mínimo pudor en violar sus propios acuerdos a los efectos de promover agendas ideológicas y adelantar intereses materiales. Y prueba al canto.

El caso más obvio y reprochable ha sido la violación de los acuerdos sobre gobernabilidad y democracia adoptados en 1996 durante la Sexta Cumbre Iberoamericana en Viña del Mar, Chile. En la misma se determinó que "los procesos electorales y referéndum...constituyen un paso adicional para el fortalecimiento de la democracia". La tiranía cubana fue signataria de esos acuerdos y, a pesar de continuar violándolos en forma ostensible y consuetudinaria, sigue siendo invitada y hasta cortejada para que participe en esas Cumbres Iberoamericanas.

La vigésimo segunda Cumbre Iberoamericana, pautada para el mes de noviembre en Cádiz, España, es prueba fehaciente de la veracidad y certeza de nuestros juicios críticos con respecto a los promotores de estos eventos. Durante una reciente comparecencia ante el Congreso de los Diputados, el nuevo Secretario de Exteriores, José Manuel García-Margallo, manifestó: "Garantizo que antes de la cumbre de Cádiz, el rey, la reina, los príncipes, el presidente y yo vamos a visitar a todos y cada uno de los países de la Cumbre Iberoamericana." ¡El Rey!. El mismo rey que en un arranque de justa furia mando a callar a Chávez en la cumbre de Chile en el 2007 y que unos meses más tarde hizo las paces con el enajenado de Miraflores cuando éste último amenazó con intervenir empresas españolas en Venezuela.

Se afirma, por otra parte, que el viaje a La Habana estará a cargo del propio García-Margallo, el mismo que hace unos días dijo que España se mantendría firme en el respaldo a la Posición Común adoptada por la Unión Europea en que se castiga a Cuba Comunista por su violación flagrante de los derechos humanos. Con este giro de 180 grados queda demostrado que las autoridades españolas ponen los intereses de Repsol, Sol Meliá y compañía por encima de principios morales o consideraciones humanitarias.

Mirado desde un punto pragmático y cruel las empresas españolas le temen a una Cuba democrática donde no tendrían a su disposición el trabajo esclavo que les garantiza la tiranía. Con ello, queda demostrado que, en la promoción de esos intereses mezquinos, en nada se diferencian los socialistas de Zapatero de los populares de Rajoy.

Este es a grandes rasgos el panorama deplorable de nuestros pueblos. Pueblos que han renunciado a sus derechos ciudadanos, abdicado de su responsabilidad de vigilar al gobierno y puesto su destino en manos de demagogos y de ladrones. En muchos de ellos floreció una mística revolucionaria devenida en religión política. Todo empezó en La Habana en 1959, amplió su doctrina en el Foro de Sao Paolo en 1990 y adquirió un segundo aire en la Caracas de 1999 con el advenimiento de Hugo Chávez al poder.

Pero ese poder, aún cuando es legítimo, gasta a quienes lo ostentan. Y el poder totalitario e ilegítimo gasta doblemente. A tal punto, que desaparece vertiginosamente cuando los pueblos pierden el miedo a la represión de sus opresores. Eso ya está pasando en muchos países de nuestra América. Por eso estamos convencidos de que se acercan tiempos de redención y de esperanza en que nuestros pueblos tomaran el control de sus destinos y en que los miserables y sus cumbres terminarán en el basurero de la historia.

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COMENTARIOS


Estoy completamente de acuerdo con este articulo, es repugnante como se ha comportado España, no solo con los cubanos, sino con los miles de españoles que hicieron su vida y familia en Cuba y les fueron robados todos sus bienes por el gobierno de Castro, y España apoya a los nuevos españoles que han ido a invertir en las tierras de sus compatriotas robados.
Hace 2620 dias.

Comentario
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