LOS RIESGOS DE UNA CONVENCION ABIERTA.

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

 

Con la prolongación del debate y las confrontaciones muchas veces enconadas entre los candidatos que compiten en las primarias republicanas, muchos analistas políticos han comenzado a hablar de las altas probabilidades de que se produzca una convención abierta en la cita convocada para el próximo 27 de agosto en la ciudad de Tampa. Una situación en la cual ninguno de los actuales aspirantes habría acumulado los 1144 votos necesarios para asegurar su postulación. Un desenlace que sería un inmenso regalo para el Presidente Obama y podría concluir en un rotundo desastre para el partido del elefante. Ese es el motivo por el cual la alta jerarquía del partido realiza febriles gestiones para poner fin a esta contienda por la postulación a la mayor brevedad posible.

Las convenciones de partidos tienen sin dudas ingredientes de circo político. Pero una cosa es un circo político y otra cosa es un suicidio político. Por eso los estrategas republicanos están tratando de evitar que se repita el circo suicida de la convención republicana de 1948 en la ciudad de Filadelfia. Los republicanos tenían ese año un candidato con las credenciales, los atributos y la popularidad del gobernador de Nueva York, Thomas Dewey. Pero cuando el puntero Dewey no logró la cifra mágica de los 1144 votos la convención fue declarada abierta y se vio obligado a competir con otros siete aspirantes.

Entre ellos se encontraban el popular senador de Ohio Robert Taft y el Héroe del Pacífico, General Douglas MacArthur. El resultado fue una debacle que abrió las puertas al senador por Carolina del Sur, Strom Thurmond, como candidato de un tercer partido. Esto resto suficientes votos a Dewey para facilitar la victoria de un Presidente Truman que, hasta la víspera de las elecciones, andaba rezagado en las encuestas y que obtuvo solamente el 49 por ciento del voto popular.

Resulta interesante señalar que, al igual que en este 2012, la plataforma republicana de 1948 tuvo como prioridad la reducción de la deuda nacional. Por otra parte, el presidente Truman, sin grandes aciertos en su gestión de gobierno, realizó una campaña de guerra sin cuartel contra un congreso que denunció como inepto. Barack Obama parece haberse aprendido la lección y estar aplicando la misma táctica electoral.

La repetición de este ominoso panorama no parece, sin embargo, restar ímpetu a algunos aspirantes de última hora que apenas pueden ocultar su euforia ante las posibilidades de una convención abierta. Son la versión republicana del mesianismo de Barack Obama que ponen protagonismo personal por encima no solo de los intereses de su partido sino del bienestar de su patria. Aunque el número es aún mayor, el principal peligro lo constituye una trilogía del oportunismo que comprende a Donald Trump, Sarah Palin y Jeb Bush. Trump parece haberse aburrido de su fortuna de más de 3,000 millones y necesita alimentar su ego insaciable ejerciendo control sobre 300 millones de norteamericanos. Se le olvida que, en una democracia, gobernar no es mandar y amenazar sino educar y convencer, dos cualidades totalmente ajenas a su carácter arrogante y ególatra.

La Palin es casi un caso trágico. Una mujer con un valioso atractivo personal que la convirtió en una estrella política de la noche a la mañana cuando John McCain la seleccionó como su compañera de boleta en la campaña del 2008. Sus probabilidades de convertirse en un baluarte de la derecha conservadora parecían entonces ilimitadas. Sin embargo, ha seguido repitiendo los mismos lemas populistas y lugares comunes durante los últimos tres años y medio. No ha tenido la visión ni la disciplina de profundizar sus conocimientos y ampliar sus horizontes. Una potencial Margaret Thatcher se ha convertido trágicamente en una Lady Gaga del Partido Republicano.

Así llegamos a Jeb Bush con sus aspiraciones a ser el tercero de su dinastía en llegar a la Casa Blanca. Confronta, sin embargo, dos obstáculos. Los Estados Unidos no son una monarquía y sus dos antecesores gobernaron desde la izquierda de un partido que se inclina cada vez más hacia la derecha, quizás como respuesta a la ofensiva de izquierda desatada por Obama. Su padre, Bush 41, lanzó una campaña militar contra Irak en agosto de 1990 que se vio coronada por un éxito inmediato gracias a los recursos materiales y la preparación profesional de los militares norteamericanos. Pero no supo terminar lo que empezó cuando en febrero de 1991 suspendió las hostilidades y dejo con vida al dictador Saddam Hussein. Con ello, su Tormenta del Desierto se convirtió en lo que los guajiros llamamos un "viento platanero".

Su hermano, Bush 43, terminó en el 2003 lo que había dejado inconcluso Bush 41en Irak y desarrolló una política digna de elogio garantizando por ocho años la seguridad norteamericana frente a ataques islámicos. Pero su política económica en el frente doméstico fue una negación del gobierno pequeño que ha sido piedra angular de todas las plataformas republicanas a través de los años. Su llamado conservadurismo compasivo en el campo de los beneficios sociales, combinado con sus reducciones de impuestos, duplicó la deuda nacional en los 8 años de su mandato, de 5 millones de millones en el 2000 a 10 millones de millones en el 2008. Sin dudas, el preámbulo al actual gasto desorbitado y el argumento que está siendo esgrimido por los propagandistas de la presente campaña de Barack Obama para justificar los 16 millones de millones en que se encuentra la deuda nacional en este momento.

En este 2012, los Estados Unidos confrontan el reto más formidable a su estabilidad como sociedad próspera y nación poderosa desde la desastrosa administración de Herbert Hoover a principios de la década de 1930. En este caso es urgente evitar otros cuatro años de la política de control del estado sobre la vida del ciudadano norteamericano en la que sigue empecinado Barack Obama. Una política que utiliza como táctica el mismo populismo de izquierda que ha destruido las economías de media docena de naciones de Europa Occidental.

Este reto demanda una respuesta inmediata con nuevas caras y nuevas agendas donde se proteja a los débiles sin atar las manos a quienes producen riqueza. Por eso es necesario cerrar el ciclo de las primarias lo más pronto posible y poner los recursos del partido detrás de un solo candidato. Porque una guerra sucia entre republicanos en el verano de Tampa sería un escenario para protagonismos conflictivos y podría garantizar la reelección de Obama.

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