LOS FLANCOS VULNERABLES DE OBAMA    

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

 

Hasta las sorpresivas victorias de Rick Santorum en Missouri, Minnesota y Colorado los estrategas de campaña de Mitt Romney daban por seguro que la crisis económica sería el tema central de las elecciones de noviembre. Pero, después de la triple corona ganada por Santorum hace un par de semanas, son muchos los que opinan que, aunque la crisis económica sigue siendo un tema de importancia, no será el factor determinante que se pensó hasta hace poco tiempo. Las últimas encuestas sobre intención de voto en las primarias republicanas, donde Santorum supera 30 a 28 por ciento a Romney, confirman la necesidad de imprimir mayor diversidad a su estrategia de campaña si los republicanos quieren ganar las elecciones a un presidente que todavía disfruta de un respetable nivel de aprobación. 

 

Ahora bien, Obama tiene, a nuestro entender, cuatro flancos vulnerables: el económico, el social, el energético y el de seguridad nacional. Entre los cuatro aspirantes que quedan en la que parece ser la recta final de la carrera de las primarias republicanas quien más énfasis ha puesto en el campo social ha sido Rick Santorum. De ahí su vertiginosa ascensión en las encuestas después del artero ataque de Obama contra las doctrinas milenarias de la Iglesia Católica, así como contra la libre expresión del pensamiento garantizada por la Primera Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos.

 

Vayamos por parte. Nadie podría negar que, aunque Obama heredó una deplorable situación económica, sus tres años y medio de mandato la han empeorado en proporciones astronómicas. En estos tres años y medio ha acumulado un déficit presupuestario superior al acumulado por George W. Bush en sus ocho años en la presidencia. Recibió un país con un nivel de desempleo por debajo del 6 por ciento y, durante su mandato, llegó a superar el 9 por ciento. Y la deuda nacional supera los 16 millones de millones de dólares, una cifra sin precedentes y de difícil comprensión para cualquier ciudadano promedio.

 

Sin embargo, tampoco podemos negar que el principio de este 2012 ha traído noticias favorables a las aspiraciones reeleccionistas de Obama. La Bolsa de Valores ha mostrado ganancias saludables durante el mes de enero y lo que va de febrero. Por su parte, el nivel de desempleo ha bajado al 8.3 por ciento a nivel nacional y el índice de construcción de nuevas viviendas aumentó en el 9 por ciento durante el pasado mes de noviembre. Y, aunque sabemos que entre los hispanos y los afroamericanos el nivel de desempleo anda por cifras de dos dígitos, también se ha demostrado que ambas comunidades forman parte del voto duro que apoya a Obama por razones ideológicas más que económicas. Si a todo esto sumamos una prensa nacional que destaca toda noticia que le favorece e ignora aquellas que le perjudican, Obama podría darle una sorpresa a quienes lo consideren un candidato derrotado.

 

Este hombre, por otra parte, no será un buen gobernante pero es un maestro de la política populista y un incansable candidato en constante campaña. Ha enviado al congreso proyectos como la reducción del impuesto sobre salarios, la educación de jóvenes indocumentados y un descabellado presupuesto nacional a sabiendas de que todos serian opuestos por los republicanos. Todo para su mayor beneficio. Porque todos ellos le servirán de argumentos en la campaña de división y demagogia que comenzó desde el año pasado y que, a falta de verdaderos éxitos en su presidencia, continuará hasta el próximo mes de noviembre.

 

No conforme con estas maniobras, ahora se presenta como el gran benefactor de quienes perdieron sus viviendas por no haber cumplido las condiciones de sus hipotecas. Sus amigos de los grandes bancos le pagan ahora el favor de haberlos salvado de la bancarrota otorgando una compensación de 26,000 millones de dólares a 750,000 familias que perdieron sus viviendas por falta de pago. Comprando votos con el mismo descaro de Hugo Chávez.

 

Por todo esto, los republicanos tienen que confrontarlo con el universo total de de sus fracasos en su deplorable trayectoria como presidente. Veamos por ejemplo su desastrosa política energética. Empecinado en apaciguar a la izquierda manejó con lentitud y torpeza la crisis del derrame de petróleo ocasionado por la empresa BP en el Golfo de México. Como resultado, los estados de las costas del golfo perdieron centenares de miles de empleos y sufrieron una profunda crisis económica.

 

Dentro del mismo contexto de su empecinamiento ideológico se ha opuesto a toda exploración petrolera frente a las costas norteamericanas y a la explotación de los ricos yacimientos de Anwar en Alaska. Sin embargo, prometió ayuda económica a Brasil para sus proyectos de exploración petrolera frente a las costas brasileñas y ahora tolera sin chistar las exploraciones petroleras por parte de la tiranía cubana casi a las puertas de Cayo Hueso. Y en el último insulto al consumidor norteamericano, se ha opuesto hace solo semanas al proyecto del oleoducto Keystone que traería petróleo desde Canadá hasta las refinerías de Houston.

 

Los canadienses, por su parte, han amenazado con dirigir el oleoducto hacia su costa del pacífico y vendérselo a China Comunista, nuestro principal rival en el comercio internacional en estos momentos y una potencia militar que se está armando a pasos agigantados. No en balde, el galón de gasolina que costaba menos de dos dólares en el 2008 ha subido a casi cuatro dólares durante su presidencia y los expertos vaticinan un precio de cinco dólares antes del mes de noviembre. Esto, sin contar con el impacto que podría tener sobre el precio de este combustible cualquier conflicto instigado por Irán en el Medio Oriente.

 

No es necesario ser un experto en política internacional para alarmarse ante el impacto negativo de estas decisiones ineptas sobre la seguridad nacional de los Estados Unidos. Este hombre, que se atribuyó poderes de persuasión para apaciguar al loco de Mahmud Ahmadinejad , ignoró los pedidos de ayuda de la oposición iraní en su revuelta del 2009 y perdió la oportunidad obtener un cambio de régimen sin comprometer efectivos militares norteamericanos. De la misma manera, ha ignorado en los últimos meses la masacre desatada por el tirano Bashar al-Assad contra el heroico pueblo sirio.

 

Otro ejemplo de su incapacidad en asuntos de política internacional ha sido la forma tímida con que ha manejado la mal llamada primavera árabe en Egipto que ha devenido en un régimen fanático dominado por la Hermandad Musulmana. Un régimen que ahora secuestra a 19 ciudadanos norteamericanos que osaron predicar democracia entre fanáticos islámicos. Un panorama muy similar al secuestro de diplomáticos norteamericanos durante la revolución islámica contra el Sha de Irán.

 

Los republicanos tienen ahora la oportunidad de convertir este Egipto de Obama en algo similar al Irán de Jimmy Carter. Como Carter, Obama fue honrado con el Nobel de la Paz que, en el caso de los norteamericanos, se le otorga únicamente a aquellos que, como estos dos ideólogos trasnochados, odian y vilipendian a su país. Como Carter es importante que Obama termine en el basurero de la historia. De lo contrario, sería el pueblo norteamericano el que podría terminar en el mismo basurero ideológico y financiero de los pueblos de Grecia, Italia, Portugal, Irlanda y España.

 

Sus amigos y apologista dicen que Obama es un hombre inteligente. Yo digo que es sólo un loro que sabe leer un telepronter, porque los hombres inteligentes aprenden de sus errores y son capaces de analizar los acontecimientos sin viseras ideológicas. Y su reciente decisión de reducir en 614,000 millones de dólares el presupuesto del Pentágono es un síntoma inequívoco de que no entiende el peligro que representa un débil aparato militar frente a un mundo hostil a los Estados Unidos. Una hostilidad que causó tres mil muertos a este país en el ataque contra las Torres Gemelas del Centro Mundial de Comercio en Nueva York en septiembre del 2001.

 

Como hemos visto, Obama es vulnerable en una multiplicidad de frentes. El económicos es solo uno de ellos. Compete a los candidatos y al Partido Republicano asegurarse de que el pueblo norteamericano comprenda los peligros que le asechan en caso de reelegir a este presidente. Un ideólogo empeñado en cambiar la exitosa tradición individualista de este en un colectivismo foráneo al carácter norteamericano. Un colectivismo donde todos seamos iguales en la mediocridad y en la dependencia de un estado todopoderoso encabezado por su Majestad Obama. 

 

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