EL ENGAÑO LIBERAL

Por Hugo J. Byrne

 

Cuando llegué a estas tierras libres y hospitalarias hace ya más de cincuenta años, me consideraba filosóficamente liberal. ¿En qué basaba esa convicción? En que sencillamente la palabra liberal se origina en la palabra libertad y ésta a su vez en el término latino “libertas”, que se define como capacidad de pensamiento y acción sin interferencia ajena. Esa filosofía implicaba amplitud de criterio y respeto por el ajeno. 

 

Entiéndase bien que respeto a las ideas (o a los individuos que las sustentan) no implica en modo alguno aceptar la opinión ajena y muchísimo menos tolerar a quien intente imponernos la suya. Nunca he dado crédito a la noción de que el pensamiento humano se compone sólo de opiniones y que ellas son todas respetables y relativamente equivalentes. Hace varios años escuché de labios de un respetado “sicólogo”, de esos muchos que influencian al público con “ideas doctas” en debates televisados, la siguiente frase: “Recuerden que la realidad no existe, sólo la percepción.”

 

Para mí ese comentarista está en el mismo nivel intelectual que “Sitting Bull” (Toro Sentado), el notorio brujo de los Lakota Sioux en los Black Hills, durante su enfrentamiento con el ejército norteamericano. En sus arengas a los bravos Toro Sentado enfatizaba la superioridad numérica abrumadora que poseían las varias tribus indígenas que temporalmente unieran fuerzas para enfrentarse a la caballería norteamericana bajo las órdenes del General George A. Custer. Es evidente que este bovino sedentario nunca había visto unidades de caballería mayores que unos pocos centenares de soldados, como las que formaban el destacamento de Custer. El encuentro en el que la tropa de Custer fue aniquilada, pareció vindicar ese mal informado criterio.

 

Empero, el viejo brujo simplemente confundía la realidad con su percepción de la capacidad militar de los Estados Unidos. El combate de “Little Big Horn River” además de la primera y la última victoria indígena, fue también el canto del cisne para los guerreros Sioux, marcando el principio del fin para la cultura independiente de los nativos norteamericanos. La realidad es incontrovertible. Ignorarla puede acarrear devastadoras consecuencias. Aquellos cuya agenda política implica regimentar la sociedad estrechamente desde el poder político, han manifestado siempre la tendencia de apropiarse de nombres y consignas ajenas. Eso se dice que hicieron con el himno conocido como “La Internacional” y en este país han tenido éxito secuestrando el adjetivo “liberal” impúdicamente. Una vez que alcanzan el poder, se roban todo lo demás también. 

 

Lo más curioso de cómo los colectivistas norteamericanos se posesionaran del adjetivo “liberal” es que sus opositores lo permitieran. Nunca he comprendido eso y debo admitir que el calificativo “conservador” todavía me molesta un poco.

 

No obstante, es hora de aclarar que quienes se identifican como “liberales” en el discurso político norteamericano contemporáneo, no son otra cosa que socialistas, aunque no sean capaces de aceptarlo. Totalmente ajenos a la realidad, los “liberales” norteamericanos de hoy se aferran con fervor digno de mejor causa al mito colectivista. Ciegos ante el fracaso rotundo y el sufrimiento horripilante que ocasionaran más de setenta años de experimento socialista en la fenecida Unión Soviética, todavía propugnan su implementación “pacífica.”   Muchos, ignorando la evidencia histórica, afirman todavía que el planeamiento económico puede sustituir a los mecanismos del mercado libre y que la llamada “propiedad colectiva” es una alternativa factible, justa y deseable.

 

Recordemos las proféticas palabras del anarquista Mikhail Bakunin durante la “Primera Internacional” de 1872, en respuesta a las teorías abrazadas por Marx:

“Un estado socialista no podría contentarse con gobernar a las masas políticamente como hacen todos los otros gobiernos de hoy. También tendría que administrarlas económicamente, concentrando en las manos del estado la producción y la división de la riqueza, el cultivo de la tierra… y todo eso implicaría el reino absoluto de la ‘inteligencia científica’, el más aristocrático, despótico, arrogante y elitista de todos los regímenes. Habría una nueva clase, una nueva jerarquía… el mundo se dividiría entre una minoría dirigente en nombre del ‘conocimiento’ y una inmensa mayoría ‘ignorante’. Y entonces…¡que se prepare la mayoría de ignorantes!”

 

La misma fábula “liberal” que todavía acredita “logros” en la llamada “revolución” castrista, enfatizando como tales la “educación y la salud”, hace cincuenta años ensalzaba “similares logros” en la Unión Soviética. Para los “liberales”, la evidencia abrumadora de la monumental estafa propagandística tras esos cantos de sirenas, es invisible. No importa que esa evidencia sea presentada hoy ante el mundo por los mismos individuos que antaño fabricaran la estafa. No importa que el “experimento socialista” causara depauperación económica y despotismo político dondequiera que se haya impuesto. 

 

Para los “liberales” norteamericanos, los fracasos del socialismo (cuando son reconocidos) nunca residen en la inhumanidad intrínseca del sistema, sino en el error humano. Los crímenes del marxismo-leninismo en la fenecida Unión Soviética y la bancarrota político-económica de ese estado brutal, son para los llamados liberales, culpa de Stalin. El hecho incontrovertible de que Stalin simplemente aplicaba la agenda socialista tal y como la enunciara Marx y la desarrollara Lenin, no puede afectar una actitud que desprecia la razón y se mantiene sólo mediante fe ideológica.   Los “liberales” norteamericanos se aferran al absurdo con un fanatismo digno de la Inquisición o del fundamentalismo musulmán. Para ellos, tal como para los “sabios” de Salamanca que debatieran a Colón en el siglo quince, la tierra sigue siendo plana.

  

 

 

 

 

 

COMENTARIOS


Efectivamente, esa es la clave, Esos se apoderaron del calificativo "liberal" para apoyar aquellos que están detrás que inexorablemente se apoderarán del mando y luego ejercerán su mesiánica labor, que no es otra que su codicia desmedida. Lo demás son pretextos de prevalescencia.
Hace 2592 dias.

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