LOS GENERALES DE UNA TIRANIA EN AGONIA

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

 

Es altamente probable que, al ver el título de este trabajo, muchos de mis lectores lleguen a la conclusión apresurada de que haré referencia a la banda de farsantes que integran la cúpula de la tiranía cubana y que se han puesto estrellas de generales sin ganar una sola batalla. De ser así, llegarían a conclusiones erróneas. Por eso les sugiero que sigan leyendo. En poco más de una semana esa tiranía cumplirá 53 años y las únicas batallas que han ganado sus testaferros han sido libradas contra ciudadanos aterrorizados por la seguridad del estado, opositores desarmados, campesinos famélicos, niños indefensos y las Damas de Blanco armadas con gladiolos.

 

Su gran batalla naval fue el hundimiento del Remolcador “13 de Marzo” con 68 hombres mujeres y niños a bordo en busca de la libertad que les negaba su propio gobierno. El saldo macabro 37 muertos. El gran triunfo de su aviación militar fue el asesinato a mansalva de cuatro tripulantes de dos avionetas civiles de los Hermanos al Rescate que cumplían misiones humanitarias. Por eso cuando hablo de generales no me refiero a ellos sino a los generales fantasmas de la indiferencia, la improvisación, el egoísmo, la intriga, el oportunismo y la resignación que han sido aportados por nosotros mismos y a los cuales haré referencia mas adelante en este artículo.

 

Algo así como el célebre General Invierno que protegió a los rusos de las invasiones desatadas contra su territorio por Napoleón Bonaparte en 1812 y por Adolfo Hitler en 1941. En ambas campañas los ejércitos rusos fueron derrotados en un principio por las fuerzas invasoras que los superaban en recursos, organización y tecnología militares. Contrario a la posterior propaganda soviética los generales rusos huyeron como ratas, renunciaron al honor y delegaron la tarea al General Invierno.

 

Las inmensas distancias de las fuentes de aprovisionamiento de los invasores y las inhóspitas condiciones climáticas lograron la victoria que no fueron capaces de anotarse los generales en fuga. En 1812, Napoleón se retiró derrotado dejando atrás bajas de medio millón de hombres entre muertos, heridos y desaparecidos. La derrota de Hitler en 1941 produjo al ejército alemán un saldo alucinante de un millón de bajas entre muertos, heridos y desaparecidos. 

 

Por otra parte, lo nuestro no fue una revolución sino una farsa donde dos mafias de malhechores, los de Batista y los de Castro, midieron debilidades y vicios—no fuerzas y virtudes—para repartirse el botín de nuestra infortunada patria. No fue en forma alguna una guerra civil al estilo de la norteamericana o de la española con saldos respectivos de centenares de miles de bajas. En el campo de Batalla de Gettysburg 50,000 norteamericanos ofrendaron la vida en 1863 en defensa de principios opuestos pero inspirados por ideales de servicio a su pueblo. Un escenario similar tuvo lugar en 1938 cuando 80,000 españoles se inmolaron en la Batalla del Ebro para decidir si su destino como pueblo estaría gobernado por la providencia de Dios o bajo la opresión del diablo soviético. La historia ha demostrado que, en ambos casos, salieron triunfantes los pueblos de España y de los Estados Unidos. 

 

En el nuestro, el pueblo de Cuba fue el gran perdedor. Lo nuestro, no fue una guerra civil inspirada por ideologías y principios encaminados a garantizar la libertad, promover la democracia, materializar las aspiraciones del pueblo de Cuba y servir los intereses de la nación cubana. Fue una disputa entre bandidos que no estaban dispuestos a jugarse la vida por intereses mezquinos y cuyas batallas no pasaron de escaramuzas esporádicas lanzadas desde escondites en remotas e inaccesibles montañas. Al extremo de que el cobarde comandante en jefe de la mal llamada revolución hacia alarde de su puntería para matar casquitos (soldados de Batista sin el necesario entrenamiento) con su rifle de mirilla telescópica sin atreverse a bajar de su segura madriguera. Incluso, la pregonada batalla de Alegría del Pío produjo una docena de muertos y medio centenar de presos entre los 82 invasores harapientos que habían desembarcado del Granma. 

 

Como los generales rusos, los Castro no tendrán el valor ni la capacidad de presentar batalla cuando el pueblo de Cuba decida sacudirse el yugo de la opresión. Su permanencia en el poder ya no puede ser atribuida al engaño al pueblo de Cuba, a un apoyo internacional que se esfuma en forma vertiginosa o a la eficiencia de un aparato represivo que todos sabemos los abandonará a la primera señal de un conflicto generalizado. Permanecen en el poder en virtud de las grietas en el carácter del pueblo cubano que les ha permitido hacer uso de los generales fantasmas que mencionamos al principio de este trabajo.

 

Nuestra mentalidad tradicional ha sido de casi total indiferencia en lo referente a asuntos políticos. Muy cerca de esta característica ha estado un egoísmo que nos ha llevado a buscar nuestras metas en el campo personal sin tomar en cuenta nuestras obligaciones como miembros de una comunidad nacional. También ha sido un ingrediente presente en nuestro carácter colectivo una opinión inflada de nuestra habilidad para analizar acontecimientos y hasta intuir sus consecuencias—la endémica viveza del cubano—sin molestarnos por planificar proyectos y definir metas. Como ya sabemos, esa improvisación nos ha conducido a rotundos fracasos. Con estas lacras hemos estado lidiando no solo desde el inicio de la república sino desde nuestras mismas guerras de independencia.  

 

Por desgracia esas tendencias perduran aún en estos momentos tanto en la Isla como en el exterior, con el agravante de los vicios añadidos por la acción corrosiva de la tiranía sobre la sociedad cubana. En estos años de escaseces, desconfianza y miseria material y moral muchos cubanos han recurrido a la intriga y al oportunismo para logar cualquier pingüe beneficio de la cúpula totalitaria que otorga privilegios a sus incondicionales. De esos infelices—que un día tendrán que rendir cuentas ante la justicia—se nutren los Comités de Defensa y las Brigadas de Respuesta Rápida. 

 

Pero el más alarmante y peligroso de estos generales para la causa de nuestra libertad es el General Resignación. Si invertimos el orden de las dos palabras tendremos el diagnóstico de la enfermedad que sufre una proporción desproporcionada de la población cubana dentro y fuera del país: Resignación General. De un tiempo a esta parte la hemos estado sufriendo, pero asomó su cabeza despreciable en forma multitudinaria en los últimos días en el Internet y en la prensa internacional que informa sobre asuntos cubanos. Más del 50 por ciento de los encuestados en Cuba y en Miami dijeron oponerse rotundamente a cualquier tipo de legislación norteamericana que reduzca o limite los viajes y remesas que ayudan a mantener a la tiranía en el poder.  

 

Unos dijeron que ya era hora de poner fin al odio como si el odio fuera promovido por quienes reclamamos libertad para el pueblo de Cuba y no por los tiranos que lo han usado para dividirnos y mantenernos en la opresión por más de medio siglo. Otros hablaron de que debíamos doblar la página o hacer un borrón y cuenta nueva porque ya había pasado demasiado tiempo. Frases que constituyen una despreciable abdicación de nuestros derechos y deberes como seres humanos. Nos proponen nada menos que nos convirtamos en una manada de ovejas resignadas a ir al matadero besando la mano y garantizando el cargo al matarife que nos degüella.

 

Quienes así se expresan son testimonio irrefutable del terrible legado de materialismo y de cinismo que nos ha dejado la tiranía y que llevará muchos años borrar de la mente y del alma del cubano. Para su vergüenza y nuestro infortunio no entienden que los pueblos que ignoran afrentas y no aprenden de sus experiencias están condenados a la más horrible de las miserias, que es la miseria moral.

 

Quienes no vendemos nuestros principios ni renunciamos a nuestros derechos seguiremos la lucha contra la tiranía agonizante y los generales fantasmas que la han mantenido en el poder. Esos son los generales que tenemos que derrotar porque los Castro—con todos sus alardes de guapos de barrio—ya se baten en retirada derrotados por el calendario, por su ineptitud y por su creciente aislamiento. Estas encuestas no deben restarnos energías ni reducir la intensidad de nuestra lucha por crear una nación libre, próspera y justa que sea admiración y envidia de otras naciones de la tierra. Como Gandhi, a quien ya he citado en múltiples ocasiones, quienes somos la reserva de honor y vergüenza de la patria cubana tenemos que decir: “En asuntos de conciencia la mayoría no cuenta”.

 

VISITENOS: A los efectos de tener acceso a comentarios como el que usted acaba de leer y a otros temas y noticias de actualidad internacional lo invitamos a que visite http://www.lanuevanacion.com 

 

 

 

 

 

COMENTARIOS


Alfredo no sólo tiene el testimonio de una vida dedicada a promover la libertad para Cuba, sino el de ser una de las más claras mentes patrióticas del exilio sobre la tragedia cubana. El castrismo llega a su fin -ya nadie tiene dudas de eso-, lo terrible es que si los buenos cubanos no se unen para arrebatar a los tiranos la Patria,los tiranos y sus discípulos tratarán de repartírsela como han hecho hasta ahora. Es cierto que la tiranía está agónica -como dice Alfredo-, pero es por ello aún más peligrosa. Pongámos los intereses de la libertad de Cuba por encima de todo, para que Cuba sea de una vez libre. Este es el tiempo, este es el momento. Lázaro Tirador Blanco
Hace 2577 dias.

Se puede decir de otras maneras, pero no más claro. Después de 53 años de resignación general y politiqueos en la diáspora cubana y del quítate tú para ponerme yo. Y del apoyo económico de todo tipo, por parte del exilio al sistema mafioso de Cuba; la conclusión es solo una: que por ese camino lo único que se ha conseguido es perpetuar la miseria de todo tipo en Cuba como ya quedó palpablemente demostrado en estos 53 años. Cuando la invasión de Playa Girón, con independencia de sus inmensos fallos estratégicos y tácticos, sumados a la ignominiosa traición del tristemente recordado Kennedy; la situación en la isla no había alcanzado los niveles de depauperación que ahora sufre. Si aquella invasión hoy estratégica y tácticamente se planificasen adecuadamente; sin lugar a dudas, en un muy alto porcentaje ello produciría una completa victoria, por múltiples razones; dado que una inmensa mayoría de la juventud y las tropas saben que no tienen ningún futuro con el sistema del que no esperan más de lo que han recibido, se unirían al ejercito cubano invasor produciéndose el desplome del ya de por si descompuesto sistema mafioso-gobernante. Que desorganizadamente se replegaría en franca y clara desbandada más rápido que lo hizo el General Batista ya que carecen de moral de combate y ausencia de altos mandos. Cundiendo el pánico al comprobar que el poder hegemónico militar sería inexistente. Un hecho significativo y fácilmente demostrado es que la mafia-gobernante desde hace unos años en previsión de está situación, está situando a sus familiares fuera de Cuba e invirtiendo lo robado en el extranjero dado que tienen claro que su desplome es cuestión de no más de una década. Más en un momento en el que se avecina una profunda crisis económica mundial. Ahora a los cubanos solo nos toca decir lo que Julio Cesar dijo al cruzar el Rubicón "Alea iacta est" (Los dados están echados). Dios, patria y libertad José Cal Cotta Miembro del Gobierno Constitucional de la República de Cuba
Hace 2578 dias.

Muy acertado en todo lo fundamental. Un analisis profundo y util de nuestros principales males, que tendremos que enfrentar con decision y con el ejemplo ahora y siempre. Rodolfo Nodal y Tarafa.
Hace 2579 dias.

Comentario
*El Administrador de la Nueva Nacion se reseva el derecho de no aprobar comentarios inapropiados.
 
Missing Image