EL ROMANCE SUICIDA DE LOS REPUBLICANOS

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

 

En política, al igual que en religión y en deportes, es muy difícil lograr que mucha gente se ponga de acuerdo en cuanto a temas, hechos y hasta estadísticas. Sin embargo, la mayoría de los expertos y analistas en cuestiones electorales coinciden en que las elecciones del 2012 serán no solo las mas importantes y reñidas en mas de un siglo sino las mas virulentas y sucias en muchos años. 

 

Las razones: un presidente con tal expediente de fracasos y mentiras probadas que no puede aspirar señalando sus éxitos ni su integridad de carácter, que dispone de una inaudita cuenta de campaña de MIL MILLONES de dólares y que tiene en el bolsillo a una prensa de izquierda dedicada a mantener en la Casa Blanca al aliado ideológico que ayudaron a elegir en el 2008.

 

Un Obama triunfante establecería regulaciones más onerosas sobre la empresa privada, aumentaría los impuestos a los creadores de empleo, mantendría a los Estados Unidos a merced del chantaje de la OPEP limitando el desarrollo de fuentes tradicionales de energía en territorio norteamericano, debilitaría la capacidad de este país para competir frente adversarios comerciales como China Comunista, incrementaría el control del gobierno sobre la vida privada de los ciudadanos y hasta pondría en peligro la seguridad nacional de los Estados Unidos.

 

 Estas son solo unas pocas muestras de la larga lista de tragedias que desataría sobre la sociedad norteamericana un ideólogo con una agenda radical, fortalecido por la reelección y sin aspiraciones a un tercer período. Un Obama que, para implantar esa agenda, no tendría la menor inhibición de llevar a la nación al deplorable estado de la Europa social demócrata que se hunde por estos días en una horrible bancarrota financiera y moral. 

 

De ahí la extraordinaria importancia de que el Partido Republicano seleccione al candidato con mayores probabilidades de derrotar a Barack Obama. Un candidato con las credenciales, el expediente y el temperamento que le permitan atraer a una proporción considerable del 30 por ciento de electores norteamericanos que se declaran independientes. Ellos son quienes van a determinar el resultado de los comicios, no el otro 70 por ciento integrado por demócratas y republicanos que sabemos que, a la hora de la hora, votarán por el candidato de su propio partido. 

 

Empecemos por reconocer que dentro del Partido Republicano existen en la actualidad dos escuelas de pensamiento. Están quienes piensan que Barack Obama no tiene probabilidad alguna de resultar reelecto y que, por lo tanto, cualquier candidato republicano será capaz de derrotarlo el próximo mes de noviembre. Estos son los que se inclinan a postular a un candidato con las sólidas credenciales conservadoras que predominan en la base militante del partido. Estos sentimientos están reflejados en el ascenso vertiginoso de Newt Gingrich en las últimas encuestas sobre primarias republicanas.

 

Por otra parte, hay quienes consideran que Obama sigue siendo un formidable adversario que sólo será derrotado por un candidato con la capacidad de lograr el apoyo de votantes fuera de la ideología conservadora sustentada por la base del partido. Estos los que apoyan a Mitt Romney y que, sin dudas, constituyen una minoría dentro del partido.

 

El peligro reside en que las primarias republicanas se conviertan en una avalancha emocional que postule a un candidato atractivo a la base pero sin probabilidades de derrotar a Barack Obama en las elecciones generales de 2012. Y cuando la razón es apabullada por el fanatismo ideológico los resultados son casi siempre desastrosos.

 

La experiencia nos demuestra que la política no es la ciencia de lo perfecto sino el arte de lo posible. Que las opciones están limitadas por las realidades del momento político y que la mayoría de las veces se reducen a la selección del menor entre varios males. Una simple mirada a las desastrosas campañas presidenciales del Partido Demócrata en los últimos años debería servirle de advertencia al segmento del Partido Republicano que por resabios ideológicos se resiste a apoyar la candidatura de Mitt Romney.

 

En los 40 años transcurridos entre 1968 y 2008 la Casa Blanca fue domicilio de 5 presidentes postulados por el Partido Republicano (Nixon, Ford, Reagan, Bush padre y Bush hijo) que gobernaron por un total de 28 años. En el mismo período, sólo dos presidentes postulados por el Partido Demócrata (Carter y Clinton) lograron llegar a la Casa Blanca y sus períodos combinados de gobierno sumaron un total de 12 años. Asumiendo el riesgo de que muchos entendidos reten mi explicación, considero que la razón para este desequilibrio fue el empecinamiento de los demócratas de anteponer ideología a elegibilidad a la hora de postular a sus candidatos.

 

Hagamos un simple recorrido para ilustrar esta afirmación. A partir de 1968, los demócratas decidieron someter a sus candidatos a una prueba de pureza ideológica en concordancia con la izquierda política de la base más vociferante del partido. Precisamente en 1968 y 1972, los demócratas se negaron a postular a un candidato centrista como el Senador Henry Jackson, quien habría sido un adversario formidable frente a Nixon, y se empecinaron en postular a dos abanderados de la izquierda como Huber Humphrey (1968) y George Mc Govern (1972). Este fue el inicio de una cadena de derrotas en que Nixon le ganó 49 estados a McGovern en 1972, Reagan le ganó 44 estados a Carter en 1980, y 49 estados a Mondale en 1984 y Bush padre le ganó 40 estados a Dukakis en 1988.

 

En 1992, tuvo que venir el gobernador de un estado sureño como Arkansas, quien no era conservador pero tuvo la habilidad de poner sordina a su ideología de izquierda, para romper el maleficio y poner fin al largo invierno demócrata fuera de la Casa Blanca. Con ello se puso a tono con la corriente de centro derecha que predomina en la sociedad norteamericana y, aunque por estrecho margen, ganó las elecciones. Bill Clinton parecía, sin embargo, estar destinado como Carter a ser presidente de un solo período pero lo salvó la campana de las elecciones parciales de 1994.

 

Ese año los republicanos ganaron control de la Cámara de Representantes por primera vez en 40 años. En vez de confrontarlos como hace el ideólogo incurable de Barack Obama, Clinton tuvo la habilidad de moverse hacia la derecha y pactar con sus adversarios para balancear el presupuesto y llevar a cabo una reforma radical del programa de bienestar social. Con ello se aseguró la reelección en 1996. Para su infortunio y sin dudas el de los Estados Unidos, Barack Obama ha demostrado que carece del pragmatismo y la habilidad política de Bill Clinton. Luchará hasta la última bala y, si es reelecto, destruirá a la nación. Por eso hay que derrotarlo en el 2012.

 

Para lograrlo, los republicanos tienen que liberarse de la euforia ideológica que hasta ahora ha caracterizado a las primarias y tomar nota de las encuestas sobre las posibilidades de sus candidatos de derrotar a Obama en los comicios del próximo noviembre. En la mayor parte de ellas, Romney aparece como el hombre con mayores posibilidades de salir exitoso. La razón es su habilidad de atraer el imprescindible voto independiente. Sabemos que las encuestas son fotografías en un momento específico y pueden cambiar de la noche a la mañana pero quien las ignora corre el riesgo de pagar el precio.

 

En este caso el precio sería demasiado alto para arriesgarnos a tener que pagarlo. Nos encontramos en la hora definitoria en que la razón debe predominar sobre el corazón. De evitar que cualquier romance ideológico nos conduzca a un suicidio político. De aplicar la sabia y simple advertencia de “better safe than sorry” o en traducción libre: “Mejor ir al seguro que lamentar la derrota”. Por eso yo, que estoy ideológicamente más cerca de Gingrich, echo a un lado la ideología y, por el bien del país y la felicidad de mis nietos, apoyo a Mitt Romney como el camino seguro para salir del pantano en que nos ha metido Barack Obama.

 

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COMENTARIOS


ESTOY 100% DE ACUERDO CON USTED, LO MALO QUE AL VIVIR EN PR NO TENGO DERECHO AL VOTO DEL PRESIDENTE AMERICANO.
Hace 2654 dias.

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