LA TEOCRACIA MILITANTE

Por Hugo J. Byrne


El proyecto de construir una mezquita en el corazón de Manhattan, a sólo dos cuadras de donde hasta hace casi nueve años se levantaran las torres gemelas del “World Trade Center”, ha sido llevado a nivel de debate político nacional en Estados Unidos.  

 

Los dos líderes que han hecho posible ese escenario de actualidad son cronológicamente el Alcalde de New York Michael Bloomberg y el presidente Obama. Ambos han roto lanzas en favor del proyecto. Primero Bloomberg desató con sus opiniones una tormenta de protesta pública en la Gran Manzana y más tarde Obama extendió esa tormenta al plano nacional y diplomático.


Es una ironía, para usar un término moderado, que quienes se placen en retorcer la constitución norteamericana como si fuera una banda elástica, traten de presentarse ahora como ortodoxos defensores de la primera enmienda.  ¿Piensa Bloomberg que nadie conoce su historial en relación a la segunda?  ¿Cree Obama que el público norteamericano no resiente su contínua expansión inconstitucional del poder ejecutivo?  Para empezar, ese debate no es sobre derechos constitucionales.  No conozco a nadie que dispute el derecho de construir una mezquita a dos cuadras de “Ground Zero”.  Las fuertes objeciones a su construcción en ese lugar son de diferente carácter.
 
Mi contribución a ese debate tampoco se relaciona con derechos, ni con muy justificadas sensibilidades, sino con otras realidades históricas que la mayoría del público ignora.  Amigo lector, me acusarán implacablemente de mil cosas, a lo que desde hace mucho rato estoy acostumbrado.  Quizás pierda estima entre algunos buenos amigos que profesan la fe musulmana, lo que sería penoso para mí.  Sin embargo, ese es el precio que se paga cuando se aprecia la realidad más que el dogma.  Quizás por no ser dogmático y nunca tomar en serio el precepto cristiano de brindar la otra mejilla, haya llegado a viejo.

 

El entonces Presidente Bush dijo inmediatamente después de ocurrido el genocidio de septiembre 11, que la inmensa mayoría de los fieles del Islam en América eran buenos ciudadanos y personas respetuosas de la ley: “No estamos en guerra contra el Islam”. El Presidente Obama con frecuencia se ha hecho eco de tal convicción.  ¿Quién tiene elementos de juicio para poner eso en duda?  


Acto seguido el Ejecutivo del 2001 afirmó que el Islam era una religión de amor. Esa, amigo lector, es harina de otro muy diferente costal.  Históricamente ese es un concepto altamente debatible.  Veamos por qué.
 
Muslín es una palabra arábiga que traducida al castellano se define como “sumisión” o “sometimiento”.  Ese nombre con el que se identifican los miembros de esta fe, en sí mismo nos puede dar una buena pista de la naturaleza de ella y un elemento de juicio para quienes consideramos el libre arbitrio como la esencia de la vida humana. Aunque he viajado bastante, entre todas las rutas que he recorrido en mi vida las que más he frecuentado están en los libros de historia.  
 
Ellos indican que Mahoma, el profeta del Islamismo, empezó a predicar su fe en la ciudad de Meca en el año 610 de la Era Cristiana.  Desde un principio la relación entre Mahoma y aquellos que no aceptaban su doctrina (a quienes llamaba infieles) fue antagónica y violenta. Doce años después Mahoma se vio precisado a huír a la ciudad de Medina para evitar que lo asesinaran.  Esta “emigración” forzada es llamada Hégira entre los fieles del Islam y a partir de esa fecha empieza el Calendario Islámico.


Mahoma regresó en el año 630 a Meca al frente de un ejército de fieles musulmanes y de otros convertidos a esa fe.  Su campaña militar fue exitosa y conquistó Meca, convirtiendo un gran edificio idólatra llamado Kaaba en el principal templo de su fe. Los habitantes de Meca prontamente se convirtieron al islamismo. Aunque la historia “políticamente correcta” de hoy no define exactamente cuál fue su motivación para ello, el amigo lector puede sacar sus propias conclusiones.  Meca y Medina se convirtieron en ciudades sagradas para el Islam.


Los preceptos y enseñanzas islámicos fueron compilados en un libro sagrado conocido como Koran, palabra que en arábigo significa “recitación”.  El Islam es un credo que demanda el eterno avance de la fe y eventualmente la unificación del universo bajo “el mandato misericordioso de Dios”.

Los musulmanes siempre han sido fieles a ese dogma y para ello han utilizado singularmente la conquista militar. Dominaron todo el Oriente Medio, expandiendo su poder político-religioso por todo el Norte de África.  Escasamente 70 años después de que Mahoma conquistara Meca, los ejércitos del Islam cruzaron el Mediterráneo invadiendo España y conquistando a los Visigodos.  A excepción de los pequeños reinos cristianos de Aragón, Castilla, Galicia, León y Navarra, el Islam dominó toda España por casi 8 siglos y hubiera conquistado el resto de Europa de no haber sido parados en seco en las cercanías de Tours por las hachas de guerra de los Francos comandados por Carlos, “El Martillo”. Estos últimos habían abrazado la fe cristiana desde que su caudillo Clodoveo, el primer reinante Merovíngeo y origen del estado francés, se bautizara (quizás el único baño en toda su vida).
 
Los Turcos Otomanos, los musulmanes más poderosos y sanguinarios en su tiempo, más tarde casi logran dominar el Mediterráneo. Si no lo hicieron fue sólo por la oposición brevemente unida de Venecia, España y Génova, las que dirigidas con gran pericia por Don Juan de Austria, nuevamente los pararon en seco.  Esta vez al sur de Grecia, en la archifamosa batalla naval de Lepanto.
 
Nada diferente de la ley musulmana de antaño existe en la llamada “Sharía”, estatuto político con raíces en los Califatos establecidos por el Islam en las regiones conquistadas.  Esa ley, que considera a las mujeres una especie sub-humana que sólo sirve para reproducir y dar placer y a la que se le debe apalear regularmente como saludable disciplina, es sólo observada en dos países de nuestra época. Uno es Irán, enemigo totalitario de Israel y Nortemérica. El otro es Arabia Saudita, satrapía teocrática, oficialmente amiga de este país, al que vende crudo y del que ha recibido en la persona de su mandamás, obsequiosos paseos presidenciales tomado de la mano y humillantes reverencias.

 

El “Imam” Rauf, místico que dirige el proyecto de construir la mezquita gigantesca a la vera de “Ground Zero” y quien denuncia al terrorismo musulmán como una aberración de la fe, también afirma que “Estados Unidos tiene más sangre musulmana en sus manos, que Alqaeda la sangre de inocentes no-islámicos”.  Este santón muslín quien viaja al Medio Oriente por comisión del Departamento de Estado, “construyendo puentes diplomáticos entre el Islam y Norteamérica”, rehusa publicar las fuentes de financiamiento de su proyectada mezquita.   
 
Sólo sabemos que el nombre del templo será “Córdoba”, el mismo del que existió en la ciudad y la provincia del mismo nombre en España y que en la actualidad es una catedral católica.  Esa mezquita y su nombre simbolizan la quinta esencia de la conquista de España por el Islam.  ¿Coincidencia?  

¿Hay o nó algo bien sospechoso en darle la bienvenida a las avazadas triunfalistas del Islam conquistador?  ¿Hay o nó algo fundamentalmente corrupto en tratar de igual a igual a esta teocracia militante?      
 
   
 
 
 

 

 

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