HISTORIA DE LA APARICION MILAGROSA

DE NUESTRA SEÑORA DE LA CARIDAD DEL COBRE,

SACADA DE UN MANUSCRITO,

ESCRITA POR EL PRIMER CAPELLAN QUE FUE DE ELLA,

PRESBITERO DN. ONOFRE DE FONSECA, QUE LA COMPONIA POR EL AÑO DE 1703.

Por el Dr. Salvador Larrúa

Hace 310 años, en 1701, comenzó a escribir una Historia de la Virgen de la Caridad el capellán del Santuario del Cobre, P. Onofre de Fonseca, con lo que dos años después quedó terminado el primer libro de Historia escrito en la Isla de Cuba, que no por casualidad se refería a la Virgen que los criollos escogieron como Reina, Madre y Patrona, aunque es más adecuado decir que Ella nos escogió a nosotros, los cubanos, para que fuéramos sus hijos.

 

ANTECEDENTES: LOS PRIMEROS TEXTOS ESCRITOS EN CUBA O SOBRE CUBA

 

Sin contar las actas capitulares de los ayuntamientos de las primeras villas, los sermones y oraciones compuestos por sacerdotes y los informes de administradores, alcaldes y capitanes generales de la isla, ni los autos sacramentales que eran obras de tipo teatral con carácter alegórico-religioso que se amenizaban las celebraciones eclesiásticas y que en buena ley no responden a la concepción de literatura formal, la primera expresión literaria donde se habla de Cuba y de su historia es la que escribió el franciscano andaluz fray Alonso Gregorio de Escobedo bajo el título de La Florida a finales del siglo XVI, probablemente en 1598.

 

Se trata de un largo poema que ha sido considerado una verdadera historia escrita en verso, también en octavas reales. Consta de 21,000 versos de los cuales, alrededor de 600 corresponden a descripciones de San Cristóbal de La Habana y de Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa, así como de las bellezas naturales de la isla, según fueron vistas y apreciadas por la mirada del fraile. Se trata, entonces, de un poema donde un andaluz habla de Cuba, pero su tema central es la historia de la Florida. Esto no debe extrañarnos puesto que en aquella época Cuba, con el territorio de la Florida y Jamaica, formaban una unidad política, religiosa y militar aunque los territorios contaban con administraciones independientes. Por esta causa, y por estar muy vinculados los frailes de Cuba y la Florida que pertenecían a la misma Provincia de Santa Elena, fray Alonso visitó La Habana y Baracoa, donde probablemente escribió algunos fragmentos del poema.

 

Otros textos de gran importancia fueron los Autos de 1627-1629, levantados por disposición del Obispo de Cuba, Mons. Leonel de Cervantes y Carvajal, y del gobernador de Santiago, Alonso Cabrera. El obispo permaneció en Cuba desde el 1 de diciembre de 1625 al 17 de diciembre de 1629 y el gobernador Cabrera estuvo en su cargo desde 1627 hasta 1630, por lo que los Autos primitivos sobre la aparición se redactaron entre 1627 y 1629, período en el que coincidieron ambos personajes.

 

Estos Autos, según referencias no discutibles de importantes personajes eclesiásticos y civiles, se destruyeron durante un temporal de agua que azotó la región oriental en la primera mitad del siglo XVII, entre 1627 y 1650. Su desaparición tuvo por consecuencia que se levantaran posteriormente los Autos de 1687-1688, en los que declararon testigos de vista de la aparición y de los primeros años posteriores al hallazgo de la Virgen, que constan de 114 páginas y que fundamentaron la erección de una capellanía en el Santuario del Cobre.

 

Según se observa, el tema religioso era de gran importancia en la Cuba de entonces, y dentro de él, la Virgen de la Caridad ejercía una atracción maravillosa que se manifestó desde los primeros momentos.

 

LA PRIMERA OBRA LITERARIA

 

Sin contar estos elementos anteriores como verdadera literatura se puede afirmar, entonces, que la primera obra literaria que surgió en Cuba y escrita por una persona que residía en la isla, es la titulada Espejo de Paciencia, un extenso poema épico que consta de 1,211 versos y data de 1608, escrito en octavas reales por el canario Silvestre de Balboa y Troya de Quesada, que trabajaba como escribano del cabildo en la villa de Santa María del Puerto del Príncipe, actualmente Camagüey.

 

El poema trata del secuestro del obispo fray Juan de las Cabezas Altamirano por el pirata francés Gilberto Girón en 1604, cerca de San Salvador de Bayamo. Girón pidió un rescate para libertar al prelado, y un grupo de decididos bayameses asaltó poco después a los bandidos del mar, con el resultado de que un negro esclavo, Salvador Golomón, dio muerte al cabecilla pirata y puso en salvo el honor de los criollos.

 

EL PRIMER LIBRO DE HISTORIA ESCRITO EN CUBA FUE LA HISTORIA DE LA VIRGEN DE LA CARIDAD DEL COBRE

 

La historia propiamente dicha comenzó después. El primer libro de historia escrito en Cuba fue la Historia de la Aparición Milagrosa de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, sacada de un manuscrito, escrita por el primer capellán que fue de ella, presbítero Don Onofre de Fonseca, que la componía por el año de 1703. Como ya se ha dicho, el autor fue el Padre Onofre de Fonseca y Arce de Bracamonte, primer capellán del Santuario del Cobre, que nació en la isla vecina de Jamaica y que pasó a Cuba con su familia acompañando a numerosos residentes que abandonaron su tierra natal después de la invasión inglesa que tuvo lugar en 1655. Los terratenientes jamaicanos, y entre ellos los familiares del P. Fonseca, se integraron con rapidez a la sociedad santiaguera, a la que se sentían unidos por la proximidad geográfica, la religión y los intereses económicos, y los miembros de la jerarquía eclesiástica fortalecieron pastoralmente la iglesia del oriente cubano.

 

 Pero regresemos a la Historia de la Aparición Milagrosa… que redactó el P. Onofre de Fonseca. Se trata de un libro pequeño y ameno, de apenas 120 páginas, escrito en prosa con cuidadoso estilo que denota una buena instrucción, y en él se relatan los hechos acaecidos desde el hallazgo de la imagen de la Virgen flotando sobre las aguas de la bahía de Nipe, en 1612, así como los hechos posteriores haciendo especial énfasis en los milagros y la intercesión de María de la Caridad para favorecer a los habitantes de la villa de Santiago del Prado o villa del Cobre, hasta la erección de la capellanía en el Santuario.

 

Pronto se advierte que el libro se basa sobre todo en los Autos de 1687-1688 levantados con los testimonios de Juan Moreno, testigo de vista y presencia al aparecer la Virgen, y numerosos personajes del pueblo del Cobre que dieron fe de numerosos eventos sucedidos después de la entronización de la imagen en la parroquia (1612 a 1615) y después en la ermita erigida en lo alto del cerro de las minas.

 

Tiene una importancia capital. En primer lugar, porque narra los primeros pasos de la Virgen de la Caridad, en segundo lugar, porque es el primer libro de historia escrito en nuestra patria.

 

IMPORTANCIA DE LA RELIGIÓN EN LA HISTORIA

 

La Historia de la Aparición Milagrosa es una prueba fehaciente de la importancia que se concedía a la religión en los albores del siglo XVIII. Era una época en la que se vivía, gracias a Dios, al son de las campanas. Las campanas avisaban los nacimientos y las muertes, las fiestas patrias y la proximidad de un enemigo, las bodas y los duelos, el cumpleaños del rey y la conmemoración de las victorias. Su sonido, alegre o solemne, jubiloso o grave, era un indicador de la profunda religiosidad del pueblo. La gente nacía en la iglesia con el bautismo, y a la hora de la muerte comenzaba a descansar bajo las bóvedas de los templos, en la eterna paz de Dios. La vida, la muerte, la existencia, la gloria, los festejos, el peligro, se vinculaban a la iglesia y los toques de las campanas daban siempre el aviso.

 

Los valores, las enseñanzas y las tradiciones de la iglesia eran los cimientos de la vida de los hombres. Marcaban las fronteras del pecado, de lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, lo correcto y lo incorrecto, del odio y del amor, y enseñaban con caridad, misericordia, paciencia, diálogo, fe, esperanza, trascendencia, vida y redención; frente al odio, el rencor, el resentimiento, la avaricia, la lujuria, el dolor y el pecado y la muerte…

 

Si el cristianismo, el catolicismo, constituyen la religión de la historia desde aquel momento germinal en que Jesús dijo a sus apóstoles: haced esto en conmemoración mía, a nadie debe parecer extraño que la primera Historia escrita en Cuba fuera la historia de la Virgen de la Caridad, porque la Virgen –antes que el himno, la bandera y el escudo- es la primera expresión de la religiosidad de los cubanos, o sea, es la primera expresión de esa verdadera vida que es la que transcurre bajo la enseñanza del Evangelio.

 

OTROS TEXTOS DE HISTORIA DE CUBA

 

Luego, mucho después, se escribieron otras historias. En 1760, el obispo Pedro Agustín Morell de Santa Cruz y Lora terminó de redactar su Historia de la Isla y Catedral de Cuba, 59 años después de la Historia de la Virgen escrita por el P. Fonseca. La Historia de Morell, también obra religiosa por excelencia como su título lo indica, fue editada mucho después, entre 1929 y 1931, por la Academia de la Historia de Cuba. Se ha valorado con justeza el hecho de que las dos primeras historias (la Historia de la Aparición Milagrosa de Nuestra Señora de la Caridad…, de Fonseca; y la Historia de la Isla y Catedral de Cuba, de Morell; diciendo que

 

Excepto por la Historia de la Aparición Milagrosa de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre de Onofre de Fonseca (escrita entre 1701 y 1703) y unos pocos manuscritos de los que se conservan fragmentos más o menos extensos, la historiografía cubana comienza alrededor de los años comprendidos entre 1755 y 1760. Durante estos años el obispo Pedro Agustín Morell de Santa Cruz escribió la Historia de la Isla y Catedral de Cuba, y el profesor Nicolás José Ribera realizó el primer estudio antropológico-geográfico de Cuba.

 

Al mismo tiempo, un regidor de San Cristóbal de La Habana, Don José Martín Félix de Arrate, preparó su Llave del Nuevo Mundo, Antemural de las Indias Occidentales, La Habana descripta: su fundación, aumento y estado. En 1931 la Academia de la Historia de Cuba publicó la primera edición de la obra del Obispo Morell, tomada de una copia incompleta. Gracias al profesor Rivera pudo llegar a nosotros un índice de los contenidos que escapó a la destrucción del olvido y el tiempo[1].

 

Siguieron otros libros. En 1810, Don Ignacio José de Urrutia y Montoya escribió su Teatro histórico, jurídico y político-militar de la isla Fernandina de Cuba, que se imprimió en 1876-1877 formando parte de la recopilación realizada por el Dr. Rafael Ángel Cowley bajo el título Los tres primeros historiadores de la Isla de Cuba, que se publicó en 1877.

 

Al cabo de tres años, en 1813, Antonio José Valdés terminó su Historia de la isla de Cuba y en especial de La Habana, que se imprimió ese año por la llamada Oficina de la Cena.

 

Entre 1844 y 1846, José María Zamora y Coronado culminó una obra que en muchos aspectos brinda información de gran interés sobre Cuba: su Biblioteca de legislación ultramarina en forma de diccionario alfabético, impreso en esos años en Madrid, por la editora Alegría y Chaslam.

 

Aparece a continuación el prócer José Antonio Saco con su Colección de papeles científicos, históricos, políticos y de otros ramos sobre la Isla de Cuba, ya publicados, ya inéditos, que se publicó en París por la Imprenta D´Aubusson y Kugelmann, en 1858-1859.

 

Un famoso autor español, Jacobo de la Pezuela y Lobo, terminó y publicó en 1866 su Diccionario geográfico, estadístico, histórico, de la isla de Cuba, y en 1868 los dos tomos de la Historia de la isla de Cuba.

 

PROTAGONISMO DE LA VIRGEN DE LA CARIDAD EN LA HISTORIA DE CUBA

 

En villas cubanas los nombres siempre fueron expresión de catolicismo: Santiago de Cuba, Sancti Spíritus, Trinidad, San Salvador de Bayamo, San Juan de los Remedios; y de España llegaron las advocaciones de la Virgen María, Madre de Dios. Todas eran familiares a los españoles, todas tocaban algún o varios aspectos de su religiosidad ancestral. Los isleños o canarios que llegaron a Cuba llegaron con su devoción a la Virgen de la Candelaria, con sus festividades y características, y una de las siete primeras villas, Santa María de Puerto Príncipe, fue bautizada precisamente bajo esta advocación.

 

Recordando la fiesta de la Asunción de Nuestra Señora se puso nombre a la ciudad primada, Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa. Los padres dominicos trajeron con ellos la devoción a la Virgen del Rosario, los franciscanos la de la Purísima Concepción, los mercedarios la de Nuestra Señora de la Merced. Otras advocaciones como las de Nuestra Señora de la Soledad, la de las Angustias, la de los Dolores, etc., aludían a momentos de la vida de la Virgen o resaltaban alguna de sus virtudes.

 

En la ermita del cerro de las minas, al lado del pueblo del Cobre, se encontraba una imagen de Nuestra Señora de Guía Madre de Dios de Illescas. La había traído consigno el administrador de las minas, Sánchez de Moya, quien le tenía gran afecto y sincera devoción. Era una Virgen que se veneraba y venera localmente en Illescas, España, y la advocación de Guía tiene mucho que ver con la idea de que la Virgen anuncia el camino de la salvación y nos dirige o guía por él mediante el ejemplo de su divino hijo. Sin embargo, para los habitantes del Cobre que nada tenían que ver con Illescas, aquella era una imagen que respetaban aunque no la comprendían.

 

 

Como decía, todas estas representaciones o advocaciones de María eran frecuentes a los sacerdotes y frailes españoles y a los vecinos de Cuba que habían nacido en España. Formaban parte de sus tradiciones, de la religiosidad de su familia y su niñez, de su acervo cultural y sus creencias. Las asociaban con ciudades y ríos, con historias y eventos, y formaban parte de su herencia cultural. Pero no sucedía así con los criollos, descendientes de españoles, nacidos en Cuba, ni con los negros, indios y mestizos de todas las razas que se mezclaban constituyendo la base humana de la nación. Para ellos, que no eran canarios, la Candelaria era sólo una imagen de la Virgen María y lo mismo pasaba con la de la Merced o la del Rosario, la Purísima o la Soledad o la Virgen de Regla. En el mejor de los casos, estas advocaciones tuvieron repercusiones locales más o menos amplias, pero no sucedió lo mismo con la Virgen de la Caridad del Cobre.

 

La Caridad del Cobre no era española. Vino por el mar para quedarse en Cuba y fue encontrada por tres cubanos humildes, dos monteros indios y un negrito aprendiz. No era blanca y rubia, sino morena, tal vez aindiada, de pelo negro. No portaba atributos parecidos a los que se veían en las imágenes de las Vírgenes españolas. No se parecía a nada. El conjunto de la imagen, mostrando al Divino Hijo en un brazo y la cruz en la otra mano, daba un claro mensaje evangelizador. La advocación de la Caridad, claramente manifestada por escrito, daba fe de que portaba el infinito Amor de Dios… todos estos aspectos, tan singulares, lograron que los criollos vieran en ella una imagen próxima, familiar, mestiza como muchos de ellos, india tal vez, aparecida en Cuba con un mensaje de amor.

 

Y la Virgen de Cuba se impuso a las Vírgenes que llegaron de España. Lo que empezaba a ser una concepción nacional se sobrepuso a la que igualmente empezaba a ser cosa extraña y extranjera, o sea, todo lo que se vinculaba a España. Cuba respondía a otra forma de vida, otro clima, alimentos diferentes, geografía característica, otras costumbres y tentaciones, peligros distintos. 

 

Diferentes éxitos económicos y otros logros comenzaron a diferenciar a los habitantes del Cobre del resto de los criollos. Eran unos esclavos especiales que siendo esclavos, podían tener ayuntamiento, votar para elegir un alcalde, poseer un pedazo de tierra, vivir de sus frutos y vender los excedentes, y comerciar con las escorias de las minas. A manera de hombres libres, tomaban parte en la vigilancia de las costas y en la defensa. Podían tener y ahorrar dinero. Muy pronto levantaron en su corazón un Santuario a la Virgen, y con el dinero le construyeron un Santuario de leyenda en la cima de la montaña, en lo alto de la Sierra del Cobre. Los esclavos de las haciendas cercanas veían su progreso, igual que los que vivían en Bayamo y Santiago de Cuba. Vivían como hombres libres, tenían tierras, ayuntamiento, alcalde… ¿por qué todo esto? Y los esclavos de las haciendas y pueblos próximos contestaban: todo esto lo tienen porque está con ellos la Virgen de la Caridad.

 

Efectivamente, la Virgen de la Caridad hizo libres de hecho a los cobreros, y en 1800 los convirtió en libres de hecho y de derecho en virtud de una Cédula Real. Fueron los primeros esclavos que fueron libres por decreto en Cuba, 86 años antes que los demás, y para esa época, hacía ya casi doscientos años que en la práctica vivían como hombres libres.

 

Y así la Virgen de la Caridad se convirtió, más temprano que tarde, en el primer símbolo de la libertad de Cuba antes que el himno, la bandera y el escudo, y por esta causa fue también conocida y nombrada con el apelativo de Virgen Mambisa.

 

El libro del capellán Onofre de Fonseca y Arce de Bracamonte cuenta los primeros pasos de su historia que, por todas las causas apuntadas antes, es también y al mismo tiempo, como una inmensa prueba de devoción y fe, el primer libro de Historia escrito en la Isla de Cuba.

 

Dr. Salvador Larrúa

Miami, 18-19 de agosto de 2011

 

 



[1] Cf. The Hispanic American Historical Review, Vol. 30, No. 4 (November, 1950), pp. 527-529. Published by Duke University Press.

 

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