CIRCO SIN PAN NI LIBERTAD

Por Hugo J. Byrne

 

En Castrolandia desde hace mucho florece lo que en inglés llaman “performing arts”. Esa campaña artística fue promovida por el régimen desde principios de la década de los 70. Surgió junto a otros elementos de propaganda de la tiranía, como los deportes. En esto, como en todas las movidas de Castro, nunca hubo originalidad alguna. Simplemente se copiaba verbigracia la agenda de la fenecida Unión Soviética, tiranía de la que el deletéreo barbudo decidió que Cuba debía parecerse hasta en los detalles más insignificantes.

 

Recuerdo vivamente un levantador de pesas soviético de la división super pesada, ganador olímpico de la medalla de oro. Este personaje más que un atleta parecía un cerdo cebado para una feria agropecuaria. Tanto su medalla como su volumen eran sin duda producto de drogas para aumentar la capacidad muscular. Hoy todos esos “enhacements” están prohibidos, tanto en el reino amateur como en el profesional. Para confirmar su condición de amateur, el levantador de pesas era presentado como “minero”. Apuesto cien contra uno a que ese gordo nunca en su vida había visto el interior de una mina. Sin embargo, era una forma muy eficiente de hacer propaganda de ”los logros del deporte amateur” en la URSS.

 

Cuando todavía no existían regulaciones estrictas en las Olimpiadas y el Comité Olímpico Internacional era presidido por el caradura de Avery Brundge, circulaban insistentes rumores de que las hombrunas competidoras soviéticas y de la parte de Alemania arrebatada forzadamente bajo la férula comunista, se afeitaban diariamente y orinaban de pie. Brundage, para quien las Olimpiadas fueron una muy productiva carrera desde 1912, fue forzado a renunciar después de la masacre de Munich en 1972, cuando decidió que los juegos continuaran sin un pestañeo. Imagino que estaría muy satisfecho: mamó de esa ubre durante 60 años.

 

La presente administración de Estados Unidos ha liberalizado las regulaciones de viajes desde La Habana y las visas para que artistas que colaboran con el régimen castrista visiten y actúen profesionalmente en este país. Todo bajo el pretexto de “intercambio cultural”. No creo necesario recordar a los lectores que los artistas cubanos que residen aquí no tienen la menor posibilidad de entrada en los predios de Castro y compañía y aún menos de compartir su arte con la población de la Isla. 

 

Sin embargo, el injusto sistema se mantiene para que los “promotores” de espectáculos puedan continuar forrando sus bolsillos. Algunos pocos trabajan por su cuenta, pero muchos de ellos son también agentes no muy encubiertos de la tiranía. No hace mucho un payaso octogenario de esos que vinieran recientemente y en seguida fueran invitados a participar en programas de la televisión llamada “hispana”, hizo gala de su protagonismo en una película de propaganda del régimen en la que los villanos eran los alzados del Escambray y el héroe y mártir un esbirro de la tiranía que se infiltrara para delatarlos. La película estaba basada en un hecho histórico real.  

 

Como resultado de esa delación fue capturada casi toda la guerrilla de Pedro Emilio Carretero y todos los jefes principales ejecutados, entre ellos Carretero. Esos verdaderos héroes cubanos fueron al patíbulo cantando el Himno Nacional. Eventualmente el delator recibiría su merecido a manos de otro jefe guerrillero. De aquí su condición de “martir”.

 

Para sorpresa de nadie el “presentador”, un privilegiado en Castrolandia hasta que emigrara a Estados Unidos en 2002 y su payaso invitado, al mencionar el título de la película, recibieron una ovación cerrada del “público asistente” (léase la claque procomunista organizada por el payaso para el evento).

 

El mismo canal de televisión que presenta toda esa inmundicia, también ha exhibido a bombos y platillos esa película entre otras varias producciones de propaganda del régimen. Curiosamente, el director de casi todas ellas, cuyo innegable talento rivalizara sólo con su proverbial desvergüenza, al verse consumido por el cáncer buscó y recibió tratamiento especializado en Estados Unidos, donde falleció.

 

No es nueva ni improvisada la política de promover el arte y la música en fiestas y conciertos, especialmente en las playas de Cuba, como procedimiento para mantener a la gente ocupada y entretenida. Estas actividades que estimula abiertamente la tiranía, constituyen una válvula de escape donde canalizar las energías de los jóvenes, que es el segmento de la sociedad que más temen los sátrapas de La Habana.

 

La Colonia de España hacía otro tanto con los esclavos, permitiéndoles organizar sus Cabildos, en los que se buscaba mantenerlos dóciles mediante sus celebraciones y fiestas, en las que reinaba no sólo la música rítmica en instrumentos de percusión, sino también la nostálgica continuación de las tradiciones de sus cercanos ancestros de África. Así se buscaba al mismo tiempo que mantenerlos en la ignorancia, también que estubieran ocupados y separados de otros esclavos de diferente procedencia y costumbres. 

 

De esa manera se pretendía que nunca descubrieran la verdadera razón que los hermanaba aún mucho más fuertemente que la raza: la esclavitud. Esta fue la historia de la Colonia hasta la mañana del 10 de octubre de 1868. En esa fecha, un visionario terrateniente llamado Carlos Manuel de Céspedes, liberó a todos sus esclavos, invitándolos a unirse voluntariamente a una lucha emancipadora contra esa Colonia, para que se considerasen, junto al resto de sus compatriotas, futuros ciudadanos de la República de Cuba.

 

 

 

 

COMENTARIOS


Comentario
*El Administrador de la Nueva Nacion se reseva el derecho de no aprobar comentarios inapropiados.
 
Missing Image