MEURICE: APOSTOL DE CRISTO Y DE LA PATRIA

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

 

Cuando vino al mundo hace 79 años en el entonces bucólico pueblito de San Luís, rodeado por las majestuosas montañas orientales, sus padres le pusieron Pedro. El nombre que denota la solidez y firmeza de la piedra sobre la cual descansan las verdades reveladas a la humanidad por el Salvador del mundo. Pedro como el apóstol sobre el cual hace dos milenios el dulce rabino de Judea decidió edificar a la Madre de todos sus hijos, la Iglesia Católica, Apostólica y Romana.

 

El Arzobispo Pedro Meurice Estiú desplegó a plenitud esas extrañas virtudes de la humildad y del servicio que rehúyen cualquier forma de protagonismo. Amó y sirvió a su Iglesia con la pasión de los creyentes y los iluminados, pero amó y sirvió con la misma pasión a su pueblo oprimido, hambreado y humillado. Sacerdote y patriota de las estirpes inmaculadas del Padre Félix Varela y del Obispo Eduardo Boza Masvidal.

 

Ofició ante dos altares, el de su religión y el de su patria. El de Cristo y de Cuba. Desde ambos habló con energía y coraje en su más memorable momento de liturgia religiosa y patriótica cuando en 1998 se dirigió al Papa Juan Pablo Segundo en la emblemática Plaza Antonio Maceo de Santiago de Cuba. Ante un incrédulo y disgustado Raúl Castro vibró la voz acusadora del San Juan Bautista cubano.

 

Monseñor Meurice le dijo al Papa: “Le presento, además, a un número creciente de cubanos que han confundido la Patria con un partido, la nación con el proceso histórico que hemos vivido las últimas décadas, y la cultura con una ideología.” Y, como para que no quedaran dudas, nos amonestó diciendo que los cubanos teníamos que “aprender a desmitificar los mitos”.

 

En aquella mañana santiaguera, Meurice habló inspirado en las enseñanzas y motivados por los ejemplos de Varela y de Boza Masvidal. El Varela que, escribiendo en El Habanero, dijo a los cubanos de su tiempo que: “Lo que mas debe desearse en la isla de Cuba es que los verdaderos patriotas se persuadan que ahora mas que nunca están en la estrecha obligación de ser útiles a su patria”. El Varela que predicaba la caridad con el ejemplo de entregar a una viuda menesterosa el reloj regalado por sus discípulos. 

 

Y, en tiempos mas recientes, el Boza Masvidal que, en su libro “Voz en el Destierro”, subrayaba la importancia de que todos los cubanos trabajemos por “la patria que soñó Martí, basada en un concepto espiritualista de la vida, el respeto a la dignidad plena del hombre, el amor fraterno ‘con todos y para el bien de todos’ y la soberanía nacional”.

 

El Boza Masvidal que nos dio la fórmula para garantizar nuestro futuro de libertad cuando advirtió: “Así hemos de aprender a seguir programas y no hombres. La era del caudillismo debe terminar”. El mismo Boza Masvidal que en 1961 irradiaba santidad en su humilde exilio de Los Teques, en Venezuela, sin más atuendo que dos sotanas y un par de zapatos y quién me dijo que su mayor anhelo era volver a la patria.

 

Regresando a Monseñor Meurice, por invitación de su hermana Clara tuve la satisfacción y el privilegio de asistir a una misa privada que ofició en Miami hace unos pocos años. Estreché su mano y conversamos por breves minutos porque eran muchos los que reclamaban su bendición. Pero hay momentos que por su significado espiritual y emotivo adquieren dimensiones de eternidad. Sobre todo cuando estamos en presencia de un santo en la Tierra. Y aquel fue uno de ellos, que he vivido de nuevo escribiendo este merecido homenaje a un sacerdote excepcional y un cubano extraordinario.

 

Ahora nos ha dicho hasta luego. Por extraños designios del destino, como Varela y como Boza Masvidal, murió fuera de la patria hostigado en vida e ignorado en la muerte por los enemigos de su pueblo. Pero, como sus dos ilustres compatriotas y hermanos de fe, Meurice nunca se fue de Cuba ni Cuba se apartó de su corazón como lo demuestra el hecho que la honraba con su prédica y la enaltecía con su ejemplo.

 

Es mas, el apóstol de Cristo ratificó hasta su último aliento ser un consagrado apóstol de la patria. Pidió que llevaran a descansar sus restos en el Cementerio de Santa Ifigenia, junto al apóstol de la libertad de Cuba y rodeado de las montañas que lo motivaron a alcanzar cumbres de santidad. Dos apóstoles y un mismo desvelo: la libertad de Cuba y la felicidad de su pueblo. Martí y Meurice diciendo a las generaciones futuras: “De altar se ha tomar a Cuba para ofrendarle nuestra vida y no de pedestal para levantarnos sobre ella”. Meurice y Martí alumbrando el camino de la reconstrucción de los valores morales del pueblo de Cuba. ¡Que Dios acoja en su santa gloria al Arzobispo Pedro Meurice Estiú!

 

VISITENOS: A los efectos de tener acceso a comentarios como el que usted acaba de leer y a otros temas y noticias de actualidad internacional lo invitamos a que visite http://www.lanuevanacion.com 

 

 

 

 

 

 

 

COMENTARIOS


En el Arzobispo Pedro Meurice Estiúho, se dió la famosa premisa de José Martí en "Los Tres Héroes": "Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres". Qué descande en paz el Alma de este valiente sacerdote cubano. María Luisa Morales
Hace 2790 dias.

Comentario
*El Administrador de la Nueva Nacion se reseva el derecho de no aprobar comentarios inapropiados.
 
Missing Image