EL FLACO EXILIADO

Esteban Fernández

El "flaco cubano" recibió una sorpresiva y agradable noticia al llegar al exilio en el año 1962: que aquí en los Estados Unidos  ES BUENO y siempre está de moda ser flaco, porque la verdad es que el pobre flaco cubano sufrió críticas en Cuba desde que era un niño por ser flaco.

 

Hasta su mamá, que con tanto amor él recuerda, fue la primerita que trató de acomplejarlo. Desde que el flaco cubano abrió los ojos al mundo tuvo que escuchar a su madre diciéndole a todo el mundo: "¡Este niño no me come nada, parece un fideo!"

 

¡Cuantas veces tuvo el flaco cubano ( por gusto, sin estar enfermo ) que acompañar a su mamá a la Clínica del pueblo, al Hospital, simplemente para escuchar a su progenitora quejándose ante el médico de que "¡Doctor, yo no sé lo que pasa, pero este niño está completamente desnutrido, recétele algo, por favor!"

 

Y, acto seguido, al llegar el "flaco cubano" al colegio, su flaquencia  se convierte en sobrenombre, y por mucho que insista en repetirle a todos sus compañeros de clases: "Yo me llamo José Julián Otero" todos comienzan a llamarlo "el flaco Otero". A esa tierna edad el apodo lo incomoda, pero al pasar los años se acostumbra, y llega el momento en que llama por teléfono a un amigo y dice: "Oye, te habla el flaco, sí, chico, el flaco Otero"...

 

¡El pobre flaco cubano, durante toda una vida, tuvo que dispararse 20 mil pomos de Emulsión de Scott, mil "reconstituyentes", comer gofio, Malta Hatuey con leche condensada y tomarse un odioso jugo, llamado  "bistí",  producto de exprimir el hígado de la res!  

 

A pesar de que el "flaco cubano" se casa y constituye una familia,    tiene que soportar (su esposa más que él) que su mamá le siga teniendo "lástima"  y a cada rato le diga: "Yo pensaba que este matrimonio te iba a asentar, pero de eso nada, es al contrario, cada día estás más raquítico ¿tú mujer no te está dando las vitaminas B12 que yo te daba? Dile que te haga una batido de trigo por las mañanas".

 

 Ya, como les dije, el flaco cubano estaba acostumbrado a que lo llamen "el flaco" entre sus amigos, pero nunca llega a aceptar de buena gana que le digan "el palillo de dientes, esqueleto rumbero, güin, fideo y saco de hueso" Y mucho menos le agrada la increíble costumbre cubana de "enfermar al flaco" y que a su alrededor se corran rumores sobre su "precaria salud".

 

Solamente el "flaco cubano" tose un par de veces en el parque del pueblo y ya la gente comienza a decir: "Para mí que tiene tuberculosis, tiene anemia, está tísico". Si además de flaco,  "el flaco cubano" es curda,  entonces la gente dice: "¡Muchacho, el flaco lo que tiene es cirrosis hepática!"...

 

Como el flaco cubano no tiene nada, está bien, está fuerte, está saludable, NO SE MUERE, y eso no hace desistir a nadie a su alrededor y entonces dicen: "Lo que pasa es que está ENCARTONADO, se está tomando 10 cucharadas de azúcar prieta al día".

 

A lo mejor el "flaco cubano" tenía dinero pero los cubanos cometemos el error de creer que la gordura es sinónimo de opulencia económica, y entonces pensamos que "el flaco cubano" está flaco porque "se está comiendo un cable". Y, desde luego,  aunque "el flaco cubano" tenga  una cuenta bancaria que no la brinca un chivo, todo el mundo en su entorno dice: "¡ El pobre flaco, a la legua se ve que está pasando dos varas de hambre!".

 

Nunca imaginó el "flaco cubano" (quien al abandonar a Cuba, a principios de la década de los 60's, sólo aspiraba a salir de la tiranía) que al llegar a los Estados Unidos la cosa cambiaría radicalmente, y que la gente le iba a decir: "¡Muchacho, pero qué bien estás, qué delgado, que bien luces!" Y que todavía, encima de eso, se iba a dar el lujo de contestar: "¡Qué va, de eso nada, estoy a dieta, quiero bajar 15 libras más, ahora estoy corriendo cuatro millas diarias!"...

 

 

 

 

 

 

 

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el mejor periodista costumbrista del exilio Esteban Fernandez. Juan Alvarez
Hace 2934 dias.

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