LOS ULTIMOS DIAS DE JOSE MARTI
Por: Maria Teresa Villaverde Trujillo
ashiningworld@cox.net

 

EL  “DIARIO” DEL  DELEGADO.

 

 “Hay un cúmulo de verdades esenciales que caben en el ala de un colibrí,...” (Jose Marti, 1884)

El Diario del Apóstol -de Cabo Haitiano a Dos Ríos- es un sorprendente trasunto del ambiente de las revoluciones, ya que sobre el guerrero predomina el pensador y el escritor, y al detalle, meramente militar, lo enriquecen la filosofía y el arte, dándole perennidad la pintura de los caracteres y el paisaje.




Se destacan varias escenas de las que el Delegado describió en su Diario desde la llegada a Playitas en abril 11, y muestro ahora cuando el Apóstol hombre humilde y previsor, movido por las reiteradas muestras de afecto que recibe, estampa el  9 de mayo:


“...Me sorprende, aquí como en todas partes, el cariño que se nos muestra, y la unidad de alma, a que no se preemitirá condenación, y a la que se desconocerá, y de la que se prescindirá, con daño, o por lo menos el daño de demora, de la revolución, en su primer año de ímpetu...”

Mas, a esta nota en que recoge la cariñosa adhesión de todos, añade los siguientes, angustiosos y proféticos presentimientos:

 

“..El espíritu que sembré, es el que ha cundidlo, y el de la Isla, y con él, y guía confirme a él, triunfaríamos brevemente, y con mejor victoria, y para paz mejor. Preveo que, por cierto tiempo al menos, se divorciara a la fuerza de la revolución de este espíritu, -se le privará del encanto y gusto, y poder de vencer de este consorcio natural, -se le robará el beneficio de esta conjunción entre la actividad de estas fuerzas revolucionarias y el espíritu que las anima..”

 

Y el mismo día 9, hallamos en su Diario este curioso episodio, que trasunta el carácter y la austeridad de principios republicanos del General en Jefe y el Delegado:

 

“Un detalle: Presidente me  han llamado, desde mi entrada al campo, las fuerzas todas, a pesar de mi pública repulsa, y a cada campo que llego, el respeto renace, y cierto suave entusiasmo del general cariño, y muestras del goce de la gente en mi presencia y sencillez. -Y al acercarse hoy uno: Presidente, y sonreír yo:


Trata de aclarar el Generalísimo:

 

“No me le digan a Martí Presidente: díganle General, él viene aquí como General: no me le digan Presidente,..
 

A lo que replica Miró a Máximo Gómez:

 

_”¿Y quien contiene el impulso de la gente, General?...eso les nace del corazón a todos.”

 

Y ratifica Gómez:

 

_”Bueno, pero él no es Presidente todavía: es el Delegado.

 

Callaba José Martí pero notó el embarazo y desagravio en todos, y en algunos como el agravio, porque ya todos querían reconocer al Delegado como el actual Presidente.

 

Sus anotaciones referentes a la reunión en La Mejorana, cuatro páginas están perdidas... Alguien las arrancó y ...¡perdidas están! Al examinar Gonzalo de Quesada y Miranda y Bernardo Gómez Toro el archivo del Generalísimo encontraron el Diario de campana del Apóstol, pero ausentes las cuatro páginas –de la 18 a la 31-.

Me atrevo a tomar el relato de Arnaldo M. Fernández en su artículo “las páginas que faltan”:

 

“...Ramón Garriga y Cuevas testificaría que había hojeado el diario y recordaba que las páginas faltantes se referían el disgusto del general Antonio Maceo con el manejo de los fondos para la guerra: «Yo las vi cuando las escribió. Yo guardaba el diario en mis alforjas. Cada vez que Martí me lo pedía, se lo entregaba. Gómez lo recibió completo de mis manos» (Diario de la Marina, febrero 22 de 1948). Este coronel mambí recalcaría «que al diario de campaña, cuando él lo entregó, no le faltaba hoja alguna, y que fueron seis pliegos los que Martí escribió el día 6 de mayo [de 1895]» (Carteles, octubre 25 de 1953). A pesar de la inexactitud, pues sólo faltan cuatro cuartillas, Garriga deja en pie que Gómez recibió el diario entero...”

 

Y continua diciéndonos el Sr. Fernández haciendo hincapié en lo anotado por el Delegado en su propio Diario::

 

“La calidad del testigo excepcional está fuera de duda. Martí anotó el 28 de abril de 1895 que ese día «vino Luis Bonne (…) para crearme una escolta. Y de ayudante trae a Ramón Garriga y Cuevas, a quien de niño solía yo agasajar, cuando lo veía travieso o desarmado en New York, y es manso, afectuoso, lúcido y valiente». Al día siguiente escribió: «Ramón queda a mi lado». Cuando Gómez lo dejó a pie (mayo 17, 1895) en el campamento de Dos Ríos, por salir «con los cuarenta caballos» en el insignificante empeño de hostigar un convoy (que nunca encontró), Martí apuntó: «Me quedó escribiendo con Garriga y Feria».

 

Y  Fernández añade en el mismo artículo:

 

“El comandante mambí Luis Rodolfo Miranda dejó también por escrito que esas cuartillas contenían relación al detalle de cómo se habían distribuido los fondos para la revolución, incluyendo «las cantidades enviadas a distintos patriotas»  
(Antorchas de libertad, 1945, página 11).

 

Así llama la atención la intranquilidad que se percibe en las narraciones de José Martí en su Diario, a medida que se van produciendo los hechos, discordantes de aquel absoluto desinterés, agonía y deber que para él, la patria significaba. Temores que asaltan al estadista insigne, -casualmente unos días antes de su caída en Dos Ríos- y que parecen emanados de una honda reflexión sobre el estado y el futuro de la guerra.  Así escribió en su Diario::

 

“...Escribo, poco y mal, porque estoy pensando con zozobra y amargura. ¿Hasta que punto será útil a mi país mi desistimiento?  Y debo desistir, en cuanto llegase la hora propia, para tener libertad de aconsejar, y poder moral para resistir el peligro que de años atrás preveo, y en la soledad en que voy, impere acaso, por la desorganización e incomunicación que en mi aislamiento no puedo vencer, aunque a campo libre; la revolución entraría, naturalmente, por su unidad de alma, en las formas que asegurarían y acelerarían su triunfo...”

 

Pensamiento interrumpido por la llegada de alguien que llega a caballo, a paso sereno, bajo la lluvia..

 

“...un magnifico hombre, negro de color, con gran sombrero de ala vuelta, que se queda oyendo, atrás del grupo... Es Casiano Leyva,... Entre los triunfadores el primero, con su hacha potente: y al descubrirse le veo el noble rostro, frente alta y fugitiva, combada al medio, ojos mansos y firmes, de gran cuenca. Entre pómulos anchos, nariz pura; y hacia la barba aguda la pena canosa: es heroica la caja del pecho, subida en las piernas delgadas: una bala, en la pierna...  Habla suavemente; y cuanto hace tiene inteligencia y majestad”...


El calendario marca casi mediados de mayo. Todos andan siguiendo Cauto arriba, por allí por donde un ancho recodo al frente se encuentran los dos ríos, el Contramaestre que entra al Cauto. En otra ocasión recuerda “el baño en el contramaestre: la caricia del agua que corre: la seda del agua”...  Igual nos deja saber de la persuasión de Pacheco, el Capitán que expone con firmeza “que el cubano quiere cariño, y no despotismo: que por el despotismo se fueron muchos cubanos al gobierno y se volverán a ir: que lo que está en el campo, es un pueblo, que ha salido a buscar quien lo trate mejor que el español, y halla justo que le reconozcan su sacrificio.”

Y continúa la demostración de afecto hacia el Delegado.  Marcos, el dominicano, exclama  “¡Hasta sus huellas!”. Rosalio en su arrenquín, con el fango a la rodilla, lleva el almuerzo a José Martí, a la vez que este sencillo hombre, exclamando abiertamente, le asegura:
“por usted doy la vida”...

ULTIMOS DOCUMENTOS MARTIANOS


“...la naturaleza humana, y en especial la dignidad cubana, aborrecen el abuso y a los que lo cometen” escribe José Martí el 14 de mayo de 1895 cuando redacta y firma junto a Máximo Gómez la «Circular a los jefes y oficiales del Ejército Libertador», último de los documentos organizativos a cargo de el Delegado en esa ocasión de la guerra “justa y necesaria”.

En tanto está muy turbia el agua crecida del Contramaestre, cerca del campamento Dos Ríos, Martí anota unos pocos datos el 17 de mayo en su Diario:

 

“...Gómez sale, con los 40 caballos, a molestar el convoy de Bayamo. Me quedo, escribiendo con Garriga y Feria, que copian las Instrucciones Generales a los jefes y oficiales, -conmigo doce hombres bajo el Teniente Chacón, con tres guardias... Junto a mi Graciano Pérez... Rosalío me trae, en su jaba de casa, el almuerzo cariñoso: “por usted doy mi vida””...,


 
Mas como en un extraño recuento este día menciona a todos los jóvenes que se han incorporado a la contienda:


“...y Desiderio Soler, de 16 años, a quien Chacón trae como hijo. Otro hijo hay aquí. Ezequiel Morales de 18 años de padre muerto en las guerras. ....y Rosa Moreno, la campesina viuda que le mandó a Rabí su único hijo, Melesio de 16 años...”

 

¿Recordaría quizás el Apóstol a su hijo Pepito, a buen resguardo junto a doña Carmen Zayas Bazán en Cuba, o quizás ya, muy cerca a New York?

 

No existe anotación alguna en el sábado 18 de mayo, aunque sí sabemos que estuvo muy concentrado escribiendo una larga carta a su entrañable amigo mejicano Manuel A. Mercado, la que posiblemente quedó inconclusa con la llegada del General Bartolomé Masó al campamento y envía Marti nota a Máximo Gómez notificando la llegada del patriota.

La carta a Mercado, la que data “Campamento de Dos Ríos, 18 de mayo de 1895”, la había iniciado con esta confidencia:

 

“Mi hermano queridísimo: Ya puedo escribir; ya puedo decirle con qué ternura y agradecimiento y respeto lo quiero, y a esa casa que es mía, y mi orgullo y obligación; ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país,...”

 

y después de expresarle su ideario político inter-americano, le narra la verdad de su pensamiento, de su espíritu, de él como posible combatiente....He aquí un fragmento de la carta:

 

“...Nuestra alma es una, y la sé, y la voluntad del país; pero estas cosas son siempre obra de relación, momento y acomodos. Con la representación que tengo, no quiero hacer nada que parezca extensión caprichosa de ella. Llegué, con el General Máximo Gómez y cuatro más, en un bote en que llevé el remo de proa bajo el temporal, a una pedrera desconocida de nuestras playas; cargué, catorce días, a pie por espinas y alturas, mi morral y mi rifle;—alzamos gente a nuestro paso; —siento en la benevolencia de las almas la raíz de este cariño mío a la pena del hombre y a la justicia de remediarla; los campos son nuestros sin disputa, a tal punto, que en un mes sólo he podido oír un fuego; y a las puertas de las ciudades, o ganamos una victoria, o pasamos revista, ante entusiasmo parecido al fuego religioso, a tres mil armas; seguimos camino, al centro de la Isla, a deponer yo, ante la revolución que he hecho alzar, la autoridad que la emigración me dio, y se acató adentro, y debe renovar conforme a su estado nuevo, una asamblea de delegados del pueblo cubano visible, de los revolucionarios en armas.”

 

“La revolución desea plena libertad en el ejército, sin las trabas que antes le opuso una Cámara sin sanción real, o la suspicacia de una juventud celosa de su republicanismo, o los celos, y temores de excesiva prominencia futura, de un caudillo puntilloso o previsor; pero quiere la revolución a la vez sucinta y respetable representación republicana,—la misma alma de humanidad y decoro, llena del anhelo de la dignidad individual, en la representación de la república, que la que empuja y mantiene en la guerra a los revolucionarios.”

 

“Por mí, entiendo que no se puede guiar a un pueblo contra el alma que lo mueve, o sin ella, y sé cómo se encienden los corazones, y cómo se aprovecha para el revuelo incesante y la acometida el estado fogoso y satisfecho de los corazones. Pero en cuanto a formas, caben muchas ideas, y las cosas de hombres, hombres son quienes las hacen. Me conoce. En mí, sólo defenderé lo que tengo yo por garantía o servicio de la Revolución. Sé desaparecer. Pero no desaparecería mi pensamiento, ni me agriaría mi oscuridad. Y en cuanto tengamos forma, obraremos, cúmplame esto a mí, o a otros...”

 

 

Si desea leer la carta inconclusa de José Martí a Manuel Mercado,
considerado su “testamento político”,  favor visitar:

 

https://habana1964.wordpress.com/2011/01/19/carta-de-jose-marti-a-manuel-mercado/

 ORGANIZÓ Y DEJÓ FUNCIONANDO LA CAUSA QUE INSPIRARÍA AL PUEBLO DE CUBA.  
HABÍA PREPARADO LA GUERRA JUSTA Y NECESARIA.


“...no es el insano triunfo de un partido cubano sobre otro, ni la cuna de tiranías y de odios raciales, sino el producto disciplinado de fundadores de pueblos..”
(José Martí)


Sabiendo el General Gómez de que un gran convoy acababa de llegar a la población entonces conocida como Palma de Soriano -ubicada en las orillas del Río Cauto- y el séquito custodiado por fuerte columna española al mando del Coronel José Ximénez de Sandoval, estimó de suma importancia atacarlo. Para dicha operación militar escogió cuarenta hombres de Caballería, dejando a Martí encargado del campamento La Bija con el resto de los insurrectos.

Después del día 17 no hay nota alguna en el Diario del Delegado.  Quizás la alegría desbordante con la llegada del General Bartolomé Masó y su tropa no le dejó minutos libres para redactar su día a día anotaciones. Igual la inconclusa carta a Manuel A. Mercado le tomaría gran parte del 18 y si quizás también algunos minutos del amanecer del 19, día en que tampoco aparecen sus acostumbradas notas mañaneras. Solo escribió una muy pequeña carta a Máximo Gómez notificando la llegada de Masó con la caballería estropeada. El Generalísimo recibe poco antes del mediodía el aviso del Delegado y le contesta: "que acampe y espere..."

Mas en vista de que no había señales del enemigo –el que sigilosamente había escapado del área de Gómez-  y a sabiendas de que Martí y Masó lo esperaban en la "La Bija" y consciente de que sus hombres  "habían apenas comido y habían tenido que soportar un plaguero terrible", Gómez decide emprender la marcha hacia el campamento tomando por la margen derecha del Contramaestre, camino que va de Remanganaguas a Dos Ríos. Pero los dos patriotas y las fuerzas se habían trasladado a “Vuelta Grande” y hacia allí se dirigen el General en Jefe y su agotada caballería.

Poco después de la una de la tarde llegan y cunde el entusiasmo en el campamento. Formaron las fuerzas; Gómez y Masó hablaron, y Martí -desde la montura de su caballo blanco, obsequio de José Maceo- con un patrio discurso enardece a los soldados allí reunidos. El General en Jefe consigna que Martí habló con verdadero ardor y espíritu guerrero.




“La multitud rompió el silencio –dice el historiador Pedro Roig- y se desbordó en entusiasmo, aclamando al Apóstol, al caudillo y al primer magistrado de la Republica...La escena fue indescriptible, cuando el general Masó, mas conmovido que ninguno otro, abrazó a Martí en presencia de la tropa oriental...”

Eran los veteranos de la Guerra Grande impresionados ante las emotivas frases del que había logrado unificar el pasado y el presente en la guerra justa y necesaria.

En tanto en el campamento cubano se disfrutaba de inocua alegría, la columna española de Ximénez de Sandoval había hecho prisionero a Carlos Chacón, a quien el Delegado y Gómez habían encargado hacer ciertas compras en el entonces pequeño caserío Ventas de Casanovas. Obligado a declarar bajo fuertes amenazas, el hombre habló detallando el lugar donde se encontraban los patriotas cubanos.

No había pasado un par de horas de la llegada de Gómez al campamento, cuando una de las avanzadas produce la alarma, ...por la desembocadura de Dos Ríos. El enemigo, parapetado y en diversos grupos se disponía a resistir la acometida de los mambises.

Los libertadores emocionados por la arenga del Apóstol, formaron con prontitud tan pronto Gómez da el aviso de enemigo a la vista ...y ordena al Delgado "retirarse hacia atrás que aquél no era su puesto".

Pero el puesto del Delegado, del Apóstol y del patriota había sido siempre a donde más le necesitaban.  Y ese instante de expectativa y movilización no podía ser la excepción. En un arranque de valor Marti dice al Ayudante del General Masó, Angel de la Guardia: "vamos a la carga, joven". Y seguido por el mozalbete emprende una carrera por lugares para él desconocidos; guiado quizás por el sonido de los disparos; o a donde le llevaba el brioso caballo blanco, ..a encontrarse y cumplir con el desafortunado destino del jinete..

 Y EL FARO SE APAGO AQUEL 19 DE MAYO

 "Se pelea mientras hay por qué, ya que puso la Naturaleza la necesidad justicia en unas almas,
y en otras la de desconocerla y ofenderla. Mientras la justicia no está conseguida, se pelea."
José Martí en La Nación, Buenos Aires, Argentina.
-3 de octubre de 1888-

 Habían tenido un mediodía hermoso.  Discursos patrios habían inundado el ambiente.  Pero llegó la noticia de enemigos a la vuelta del campamento. Gómez ordena a sus hombres montar y dice a Masó que lo siga con su gente.  Antes de emprender la acción, el General ordena a José Martí permanecer en la retaguardia y le deja con unos cuantos hombres, ...y con el joven Angel de la Guardia a su lado.

El combate se generaliza aquel domingo 19 de mayo. Las descargas llenaban el espacio. El Delegado presiente la situación. Comprendiendo el peligro a que estaban expuesto los cubanos, Martí olvida la orden del General en Jefe y en un arranque, decidido a enfrentar al enemigo, empuña su revólver y siguiendo el ejemplo de los demás, invita a Angel de la Guardia a seguirlo. Insta su corcel y el animal con la preciada carga, corre por la anchurosa sabana. Montaba él un hermoso caballo blanco de crines rubias, de seis y media cuartas de alzada, gallardo y muy brioso que le había regalado José Maceo. El animal corría sin saber a donde iba, guiado solamente por el sonido de los disparos que llegaba lejano y proveniente de lugar desconocido. Además, no lo guiaba experto jinete.

En su imprudente carrera atraviesan el río Contramaestre, el mismo donde bañándose había sentido la caricia del agua que corre: la seda del agua, aunque días después había escrito en su Diario que estaba muy turbia el agua crecida del Contramaestre. Corcel y jinete suben por una cuesta del camino, doblan un recodo, saliendo a la recta que desemboca en "La Jatía".

 

La cerca que servía de parapeto a los españoles, tenía una portada sobre el camino, y por ella cruzaron Martí y su acompañante de la Guardia, avanzando hacia la zona de los fusiles enemigos;  ignorando que allí cerca de la barranca del río se había colocado una avanzada de los hombres de Ximénez de Sandoval. Los españoles abrieron intenso fuego sobre ellos, pero José Martí siguió avanzando hasta caer mortalmente herido, de cara a un sol semi oculto, más allá de la línea enemiga. Acaso cuando quiso reaccionar, ya era tarde. El Delegado, tan amado por todos aquellos campesinos que le habían conocido en los tan pocos días de deambular por la manigua, caía a unos cuantos metros de la margen derecha del Contramaestre, entre un fustete y un dagame.

 

El sitio se llama La Jatia, cubierto de monte, destacándose entre la vegetación las Algarrobas –el árbol por antonomasia-, y unas Ceibas majestuosas. Allí quedaba el hombre impetuoso ante las penas patrias tendido sobre su tierra amada. Allí firmó con su propia sangre su credo de amor a Cuba.

Tres disparos impactaron su cuerpo: una bala penetró por el pecho, al nivel del esternón; otra entró por el cuello, destrozando, en su trayectoria de salida, el lado izquierdo del labio superior; la tercera bala penetró en un muslo. Por tres heridas vertíase su preciosa vida en aquella tarde
infausta de 1895. Y nunca más el mundo oyó la voz del faro excelso de su doctrina patria.

 

“Ya nos falta el mejor de los compañeros y el alma, podemos decir, del levantamiento”

(Máximo Gómez en su Diario de Campana)


Sin embargo, como expresó Samuel Feijóo en su articulo Martí encuentra su paisaje, publicado en la revista Bohemia, La Habana, en enero de 1954:

 

“Murió con el íntimo goce de haber amado enteramente a su tierra,
a la alegre gloria vegetal de su tierra, de monte suave y río claro.
Le fue dada esa dicha final. Murió entre árboles cubanos”



 NOTICIAS DE LA MUERTE DEL DELEGADO


“Los grandes derechos no se compran con lágrimas, sino con sangre”
(José Martí)


Sin formalidad alguna fue enterrado al siguiente día del combate en Dos Ríos, en una fosa común, en plena tierra, sin ataúd, y junto al cadáver de un militar español. El cuerpo de José Martí había sido identificado por el capitán del ejército español Enrique Santué, quien tenía conocimiento sobre el Apostol desde Montecristi, República Dominicana, ya que Martí había visitado varias veces esa ciudad para entrevistarse con el General Máximo Gómez. Certificado oficial español del Combate en Dos Rios.

 

Extracto de la hoja de servicios del General de Brigada Don José Ximénez de Sandoval y Bellange, tal como se conserva en el nuevo Archivo General Militar, situado en la ciudad de Segovia y en su Alcázar; al igual que alli se custodia toda la documentación militar de Cuba y Puerto Rico, en un solo archivo general.

 

Don José Ximénez de Sandoval, General de Brigada, Jefe de la segunda Brigada de la 1ª División del 1er Cuerpo del Ejército de operaciones en la Isla de Cuba.
 
Certifico que:  

Al frente de una columna compuesta por fuerzas de la media Brigada a sus órdenes, batió al enemigo en los montes de Isabelita y Mogote causando varios muertos al enemigo, entre ellos un titulado Capitán. Reorganizó las fuerzas de voluntarios de los importantes poblados de Palma Soriano y San Luis, organizó las guerrillas locales de estos puntos, Dos Caminos, el Cristo, Cobre y Cuba, dirigió las defensas interiores y exteriores de los mismos y levantó el espíritu de los poblados citados, operando al propio tiempo en su extensa zona teniendo frecuentes encuentros y tiroteos con el enemigo, dando en uno de ellos, y a la inmediación de Palma Soriano muerte á un titulado Coronel.
 
A instancia propia le fue confiado el mando de la columna protectora de un numeroso convoy de acémilas, para Remanganaguas y ventas de Casanova, y teniendo noticias en este último punto de que los insurrectos en número de setecientos caballos y trescientos infantes con sus Jefes de mayor prestigio se hallaban acampados en las orillas del río Contramaestre, marchó con su columna al amanecer del diecinueve de Mayo en dirección a su campamento, donde sostuvo rudo combate rechazando varias cargas de caballería quedando su columna victoriosa, si bien con numerosas sensibles bajas quedando muerto sobre el campo el titulado presidente de la República Cubana D. José Martí á pesar de los inauditos esfuerzos que por retirar su cadáver hicieron.

 

En esta acción dejó el enemigo sobre el campo catorce cadáveres más, y multitud de caballos muertos y heridos, correspondencia de importancia, muriendo además los titulados Coroneles Vellito y Lora, Comandante Estrada, titulado Teniente Coronel Norte americano Voiton y un corresponsal de un periódico americano.
 
Al dirigir personalmente y a la cabeza de una compañía un ataque a la bayoneta, fue atravesado de un balazo el caballo que montaba, que tuvo que sustituir por otro. Por este hecho de armas le fue concedida la Cruz de María Cristina de segunda clase.


CAÍA MORTALMENTE HERIDO DE CARA AL SOL.


“Creo he dado a mi tierra, desde que conocí la dulzura de su amor, cuanto hombre puede dar. Creo que he puesto a sus pies muchas veces fortuna y honores. Creo que no me falta el valor necesario para morir en su defensa.” (José Martí)



Obra del pintor cubano Esteban Valderrama

-Breve nota referente a este pintura-

El lienzo original, de gran tamaño, fue destruido por el propio pintor ante la insistencia de una soez crítica que señalaba errores de inexactitud histórica, los cuales no existían en el óleo. Además de documentarse cuanto le fue viable, Valderrama se trasladó a Dos Ríos, en el propio mes de Mayo. Todos sus bocetos los realizó a la hora de la trágica caída del Apóstol, colocando el modelo en la posición que los varios testigos y biógrafos habían declarado ocupaba José Martí en aquel instante. Utilizó la luz en la dirección adecuada. Llevó a cabo esa extraordinaria obra sin otra ambición que su grande amor al Apóstol y su fervor artístico. No hubo propósito alguno de lucro. Del lienzo sólo quedaron dos fragmentos: la cabeza del patriota, que está tratada de manera admirable y uno de los caballos en fiera postura.

 ¡CUÁNTO DAÑO PUEDE HACER LA ENVIDIA!

 Al momento de ser herido mortalmente en la zona de Dos Ríos, Oriente, Cuba, dijeron las autoridades españolas que José Martí llevaba entre sus prendas un reloj de oro con sus iniciales, revólver con culatín de nácar, machete, alforjas de cuero, retratos y espuelas vaqueras.  Cartas, papeles y alguna que otra fotografía. Llevaba además una escarapela cubana bordada con mostacilla la que se dice usó Carlos Manuel de Céspedes en la Guerra de los Diez Años y un pequeño libro manuscrito con la propia letra del Padre de la Patria.

 En la mano derecha portaba una sortija de hierro con la palabra CUBA; y todos  sabemos fue realizada con un eslabón de la cadena que usaba atada a su cintura en las Canteras de San Lázaro, en La Habana.  La sortija se la entregó Doña Leonor en su visita a New York en 1887.  Desde entonces el Apóstol siempre la usó en su mano derecha.

 
JOSÉ FRANCISCO MARTÍ Y ZAYAS-BAZÁN

Siendo muy joven aún, sus estudios quedaron interrumpidos temporalmente por la muerte trágica de su padre en Dos Ríos. Trataron –él y doña Carmen- de manera infructuosa ante la autoridad española en la ciudad de La Habana de obtener el necesario permiso para recuperar el cadáver del Apóstol y darle sepultura en la ciudad. Ante tal imposibilidad marcha a Nueva York con la madre. A los 18 años de edad se enrola en la expedición comandada por Carlos Roloff llegando alcanzar el grado de Capitán del Ejército Libertador, finalizada la guerra de independencia.

Recién llegado al exilio con doña Carmen –después de la caída de Marti en Dos Ríos-,  envió una carta a Gonzalo de Quesada que evidencia el gran dolor por la irreparable pérdida:

“... Mi amor de hijo se ha resistido largo tiempo a creerlo. La horrible realidad se ha impuesto a mi espíritu de tal suerte, que mi pensamiento no puede apartarse de ese dolor. Soy hijo y todo lo suyo me es sagrado. Tengo 16 años pero las energías todas
de mi alma, están dispuestas para llorar a mi padre, como hijo y como cubano..."

 “La libertad cuesta muy cara; es necesario o resignarse a vivir sin ella,
o decidirse a comprarla por su precio”

(José Marti)

 

 

 







 

 

 

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Más de cien años, y aún duele haberlo perdido. Después de él, la palabra PATRIA es diferente cuando sale de los labios de un cubano...
Hace 3034 dias.

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