DIALOGO DE LA TERCERA REPUBLICA

Por Alfredo M. Cepero.

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Con ese título estimulante y sugestivo el abogado y banquero cubano Alberto Luzarraga nos ofrece una fórmula para la libertad y la prosperidad de la nación cubana. En 327 páginas llenas de análisis, conceptos, experiencias y sugerencias Luzarraga reta al lector a que piense en serio sobre la forma de contribuir a la reconstrucción de Cuba y a la restauración de los mejores valores de la nación cubana. Por eso su primer capítulo se titula: “Volver a ser nación”. Es además un libro que, haciendo honor a su título de “diálogo”, ni dicta ni sienta cátedra. De su lectura se desprende que el propósito del autor es proporcionar lo que bien podríamos calificar como guía del ciudadano responsable por medio de un prontuario de disciplinas diversas. Cada una de ellas contenida en capítulo separado y redactadas con una claridad y fluidez poco comunes en profesionales de materias tan complicadas como el derecho constitucional, las relaciones laborales, la política monetaria y la deuda externa solo para citar unas cuantas. Luzarraga no es solo un abogado ilustre y un banquero experimentado. Es un escritor de primera línea. Y por eso su libro nos cautiva al punto de no poder cerrarlo cuando empezamos su lectura.

 

Por otra parte, si tenemos en cuenta que medio siglo de arengas y retórica no han sido capaces de llenar el vacío de planificación y preparación para enfrentar la tarea gigantesca que literalmente se nos viene encima de reconstruir sobre cimientos sólidos la nueva nación cubana no hay dudas de que este libro llega en el momento indicado. Ahora bien el autor está consciente de que su obra no es una cura milagrosa para nuestros males. Sabe que, para que sus fórmulas se conviertan en realidades tangibles, será necesario estimular en el pueblo cubano virtudes cívicas como responsabilidad ciudadana, austeridad fiscal, honestidad gubernamental, productividad obrera, justicia laboral y sensibilidad empresarial. Por eso esta no es una obra escrita para las elites intelectuales sino para el ciudadano de a pie que un día decidirá con su voto el rumbo de la nación cubana. Una obra que debe ocupar lugar destacado en el programa de estudios de cualquier centro educativo para la formación de nuestros próximos dirigentes políticos. Quienes, dicho sea de paso, son mas importantes que todos los banqueros, los abogados, los médicos y los ingenieros, con el perdón de todos ellos si he herido en forma alguna sus egos, a la hora de mantener libre y prospera a nuestra patria. De ahí que se han concentrado esfuerzos y recursos para asegurar que esta obra circule entre los activistas de la democracia y la libertad tanto dentro como fuera de Cuba. Luzarraga sabe que:“La libertad no se mantiene sin cuidado diario”. Y partiendo de esa premisa es fácil concluir que los mejores guardianes de nuestra libertad serán los hombres y mujeres de nuestro pueblo. Porque con un pueblo informado y vigilante los demagogos irán a la quiebra y los gobernantes corruptos irán a parar a la cárcel.

 

Otro de los méritos de la obra es que no ha sido escrita para estimular simpatías ni ganar adeptos. Ha sido escrita para hacer del cubano un ciudadano más responsable y, por ende, dueño de su destino. Y de Cuba una nación soberana, libre, justa y democrática para el disfrute de todos sus hijos. Ahora bien, el autor no se engaña y toma en cuenta los obstáculos y los riesgos de la transición de una tiranía despiadada a una república democrática. Sabe además que la libertad con el estómago vacío pierde su atractivo y hasta su sentido. Por eso expone verdades y propone soluciones que mi abuelo campesino habría calificado de “cura de caballos”. Entre ellas que el gobierno tiene la responsabilidad de garantizar igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos pero no la obligación de asegurar bienestar material a aquellos que se consideren con derecho a vivir del cuento por el solo hecho de haber nacido en Cuba.

 

Sabe asimismo que un pueblo oprimido por tanto tiempo demandará con urgencia de los nuevos gobernantes los beneficios que le fueron prometidos y jamás hechos realidad por sus tiranos. Y advierte al nuevo gobierno que no incurra en la debilidad o la demagogia de imprimir moneda devaluada por la falta de la correspondiente producción nacional y caer en el pozo ciego de la inflación. Y le dice al ciudadano “tu trabajo te hará libre no solo para decidir tu vida sino para poner y quitar gobernantes”, (las comillas son mías). A los inversionistas que se han asociado con los tiranos y explotado a nuestros obreros les dice que un día responderán ante los tribunales por sus fechorías y tendrán que indemnizar a sus víctimas. Y a los acreedores internacionales que le han prestado a la mafia de los Castro que se vayan con su música a otra parte.

 

No quiero, sin embargo, cerrar esta nota sin destacar lo que considero los principales méritos del autor. Que para mí no son su inteligencia ni su erudición a pesar de tenerlas en demasía. Son su acendrado amor a Cuba y su probada generosidad. Este libro ha sido editado con los fondos personales de Luzarraga y muchos de los ejemplares destinados a Cuba fueron enviados en forma gratuita. Para este patriota del Siglo XXI, como para Francisco Vicente Aguilera en el Siglo XIX, si la memoria no me traiciona, “sus éxitos no valen mucho mientras no tenga patria”.

 

 

 

 

 

 

 

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