REEDITANDO LA HISTORIA CUBANA
por Esteban Fernandez

Al cumplirse 60 años de los discursos del monstruo en el parque Céspedes de Santiago de Cuba y pocos días después en La Habana yo me rompo la cabeza imaginando como este humilde güinero hubiera cambiado nuestra historia para evitar que esto sucediera.

Para comenzar hubiera retenido a José Martí en Tampa y a Maceo en Costa Rica, y hasta los hubiera metido en unas urnas de cristal para evitar sus martirologios.

Porque lo cierto es que me hubiera costado mucho trabajo escoger entre Bartolomé Masó y Don Tomás Estrada Palma. Por lo tanto en 1902 hubiera preferido elegir a José Martí como Presidente, y nombrado a Máximo Gómez jefe del ejército, a Maceo al frente de Oriente y a Calixto García Iñiguez como primer ministro.

Hubiera tratado que estos nuevos y gloriosos representantes del recién estrenado gobierno hubieran entablado conversaciones con los norteamericanos para que abandonaran rápidamente el país dejando UNA BASE MILITAR EN CADA UNA DE LAS SEIS PROVINCIAS.

Hubiera apoyado la presidencia de Gerardo Machado por lo constructivo que para el país sería, pero no le hubiera permitido la prórroga de poderes por lo dañina que hoy sabemos fue.

A los únicos cubanos que les hubiera impuesto una mordaza hubiera sido a Eduardo R. Chibás y a José Pardo Llada. Callarlos rotundamente hubiera sido fenomenal para el futuro de la nación.

A cajas destempladas hubiera eliminado a Ruperto Cabrera como jefe del Ejército Constitucional del gobierno Auténtico y nombrado al coronel Eduardo Martín Elena o al general Quirino Uría en su lugar. Eso hubiera dificultado muchísimo el golpe de Estado del 10 de Marzo.

SI NO HUBIERA LOGRADO ESTO, y Batista asumiera el poder, entonces hubiera llevado a Fidel Castro a una corte marcial y pasado por las armas 48 horas más tarde del ataque al Moncada.

Y si esto no hubiera sucedido y Castro hubiera llegado a alzarse en la Sierra Maestra, hubiera eliminado a Pancho Tabernilla Dolz como jefe del Ejército, nombrado a José Eleuterio Pedraza en su lugar, junto a Rolando Masferrer, a Ángel Sánchez Mosquera y al chino Alfredo Abón Lee, para dirigir las operaciones en la Sierra. Al frente de todos los aparatos de inteligencia del país hubiera nombrado a José Castaño.

Y desde luego, obligar a que él general se hiciera presente en el campo de operaciones en lugar de estar jugando "canasta" con cuatro viejas en La Habana.

Si no hubiera conseguido esto entonces hubiera dejado ganar las elecciones (no a Márquez Sterling como muchos sustentan) sino a Ramón Grau San Martín que era un viejo zorro, taimado y cojonudo y había prometido bajar a Castro de la Sierra a sombrerazos o de lo contrario barrerlo del mapa con Napalm.

Y si todo hubiera fracasado entonces hubiera conseguido que el coronel Ramón Barquín hubiera dado órdenes de bombardear a Fidel Castro cuando venía en caravana rumbo La Habana decidido a implantar una tiranía.

Ustedes ríanse de mi sueño dorado, pero créanme que si yo hubiera tenido un Poder Divino - y sabiendo lo que iba a pasar - yo hubiera salvado a Cuba de la hecatombe.

 

COMENTARIOS


Comentario
*El Administrador de la Nueva Nacion se reseva el derecho de no aprobar comentarios inapropiados.
 
Missing Image