CUARTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

– 3 de febrero de 2019 –

Padre Joaquín Rodríguez

Queridos hermanos:

En este domingo Jeremías, el profeta, nos relata el origen de su vocación: Dios le revela que lo ha escogido para esa misión antes de formarlo en el seno materno (Jeremías 1, 4-5.17-19), también le explica que será presa de la hostilidad de muchos. -Ser profeta auténtico de Dios es una profesión peligrosa; gloriosa en su origen y destino, pero sufrida en la trayectoria del cumplimiento y nunca aceptada de buen grado por los destinatarios: el pueblo de Dios y el mundo en general.

Si tienes éxito como profeta, entonces revisa tu vida y tu testimonio, porque una de las señales de autenticidad suele ser el rechazo y la persecución. – Jesús encontrará parecida oposición dentro de su propio pueblo de Nazaret, pero esa repulsa suponía una liberación en la medida en que le impulsaba a llevar a otros la Buena Nueva (Lucas 4, 21-30); Jesús, como Elías y Eliseo, no es enviado sólo a los judíos.

- ¿Recuerdas haber sido rechazado, tú o tus argumentos, por tener una mente y actitud abiertas a la verdad y la razón y alejada del fanatismo y (o) el exclusivismo y prejuicios de los que creías eran de los tuyos?

– Muchas misiones sumamente exitosas, que han abierto fronteras y superado obstáculos antes insalvables, han sido realizadas por personas que fueron rechazadas en otro lugar, usualmente en su propio pueblo, cultura o familia; y esto tanto en el campo religioso como en el de la sociedad donde pertenecían y trataban realizar sus vidas y proyectos. –Los reformadores o innovadores casi siempre tienen que buscar nuevos horizontes; por otra parte, la verdad, si se impone, suele hacerlo “cuesta arriba”.

San Pablo, después de haber recordado a los cristianos el pasado domingo que eran un solo cuerpo en Cristo, fueran cuales fueran sus funciones, les dice hoy que la caridad es la ley de la vida común, (I Corintios 12, 31-13, 13). El conocido y amado “himno del amor” nos enseña que Dios (o sea, el Amor) tiene que estar presente en toda obra para que ésta tenga valor verdadero y duradero.

Los cristianos preferimos hablar de este “don-virtud” en su acepción original de “CARIDAD”, palabra que se refiere al mismo en su origen. Debido a que la palabra amor, ya sea por su usual uso coloquial, ya sea por el abuso de la misma en aplicaciones tan variadas como relativizantes y degradantes, se aplica con poca o ninguna precisión, LA CARIDAD, entendida como amor puro y sobrenatural, expresa mucho mejor la realidad que queremos definir y servir: “La Caridad, en este caso, está comprometida sólo con Dios y su obra”.

– Una de las mejores páginas de san Pablo, el “Himno del Amor”, invita a la comunidad a fijarse en lo sustancial por encima de los demás carismas: imitar y hacer propio el amor que es la esencia de Dios, no formado por deseos o preferencias sino por la donación de sí, la comprensión y la mansedumbre.

 

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