ESCOGER AMERICANOS: ¿VIOLENCIA O LEY?

Por Hugo J. Byrne

La definición política del país donde vivimos es república constitucional. Estados Unidos tiene una ley fundamental, la que como todo lo planeado por el hombre, no es perfecta. Es precisamente esa imperfección humana la que tuvieron en cuenta los fundadores del estado cuando prescribieron en ella métodos civiles y pacíficos para usarla y hasta para modificarla en caso necesario.

Nuestra constitución es muy concisa. Como si fuera un catecismo laico, siempre llevo una copia en el bolsillo de mi camisa, ya que abarca solo ciento cincuenta y siete páginas. Lo esencial, la constitución propiamente dicha, cubre solamente treintaitrés páginas, porque el tomo dedica espacio para los aforismos y pensamientos de los forjadores. Las medidas del librito son 3.5" X 4.75" y el espesor es 5/16". Se compone de siete artículos y veintisiete enmiendas. Nunca pudo ser aprobada en su forma original y su primera edición ya contaba con diez enmiendas.

Esas diez enmiendas son conocidas como el "Bill Of Rights" y su función determina en quien reside el poder real en la república. Varios estados de la Unión reusaron aprobar la constitución hasta que se le agregaran esos "Diez mandamientos" de la ley de los hombres. Si el lector atisba un elemento de religiosidad en mi veneración por nuestra ley fundamental, no está despistado. Nunca he alimentado antagonismo hacia la religión. Por el contrario, siempre la he visto como una noción que puede ser beneficiosa a la felicidad social, cuando está exenta de fanatismo o de proselitismo forzoso. Mi preocupación es con la iglesia organizada. Esta sí es peligrosa. Incluso puede llegar a ser totalitaria y abusiva.

Tratar de proteger a la sociedad del peligro terrorista no equivale, como la mayor parte de la prensa sugiere, a la implementación de la "fobia contra el Islam". Es simplemente la obligación de todos y cada uno de los miembros electos a posiciones del gobierno, sean estos a nivel federal, estatal o local. En los próximos días se decidirá el futuro de Estados Unidos como nación y la supervivencia de sus instituciones republicanas. En muchas áreas de nuestra república se ha perdido ya el instinto de conservación colectivo y el ambiente doméstico se ha dividido en grupos políticos, étnicos y raciales. El imperio de la ley está en mortal peligro de extinción y entre quienes desafían abiertamente la legalidad republicana se cuentan miembros de ambos cuerpos legislativos, casi la mayoría absoluta de ellos militando en el llamado "Partido Demócrata".

Esas comillas son un recordatorio al fundador de ese partido y segundo presidente de Estados Unidos, quien como la constitución, tampoco era perfecto: Thomas Jefferson. A pesar de sus muchísimas imperfecciones, Jefferson contribuyó protagónicamente a redactar esa constitución que ha dirigido los rumbos de nuestra república por lo menos durante los últimos 228 años. La única otra república que la supera en longevidad es la Confederación Helvética, mejor conocida popularmente como Suiza. Sin embargo, Suiza en la actualidad cuenta con una población solamente de ocho millones y medio a nueve millones de habitantes: aproximadamente dos veces la población de la ciudad de Los Ángeles.

Para establecer una comparación más justa, examinemos la historia de Francia, durante ese mismo tiempo. Francia tiene en la actualidad una población cercana a los setenta millones de habitantes.

En menos tiempo que la duración de esta Unión Americana, Francia tuvo un rey absoluto, una revolución en caos que concluyó en medio de una era apropiadamente llamada "el Terror". Después, un régimen de tres Cónsules, el autoritarismo del llamado Primer Cónsul, un nuevo Imperio, una restauración y una segunda república. Esta fue seguida de otro Imperio y, después de 1870, una tercera república. A la derrota de 1940 siguieron los más de cuatro años de ocupación alemana, y después de la liberación una cuarta república que terminó en un golpe militar y una quinta república. No me atrevería a hacer una lista de las distintas cartas de gobierno o "constituciones" que amparaban los fueros de todos esos estados. Harían la lista impresionante.

Mientras tanto y a pesar de esa comparación tan favorable con otra república occidental, muchos americanos de hoy preferirían vivir en un caos ingobernable como ese, antes que acatar una constitución que ha sido la salvaguarda de nuestras libertades individuales y nuestra prosperidad colectiva. No importa si esa legalidad constitucional aún nos brinda hoy una economía envidiada del orbe, con un índice de desempleo de menos de 3.7%, con casi un millón de empleos que no pueden cubrirse por falta de mano de obra y un GDP de más del 4% anual.

Algunos conciudadanos parecen añorar tiempos de ruina. La inconsciencia es aún peor que la ignorancia, como demostró el pandemonio de la confirmación del Juez Kavanaugh a la Corte Suprema. La ambición del poder político supera a la soberanía de la ley. Un acusado puede ser convicto de cualquier cosa sin el requerimiento legal de evidencia alguna. Como si eso fuera poco, justifican la violación de los derechos civiles de aquellos a quienes se oponen. Se trata de lo que Frederick Bastiat llamara, el mandato de la turba.

Pregunta ¿cuál es la diferencia entre el Che Guevara, los Castro y los mequetrefes de aquí, tales como la senadora Tamala Harris, su carnal y colega Dianne Frankenstein, Espartaco Booker y la cornuda Clinton?

¿Quién quiere irse a vivir a "Castrolandia" o establecer aquí el mismo régimen?

 

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