MENSAJE A LOS CUBANOS REPUBLICANOS

Hugo J. Byrne

Amable lector, si usted tiene la solución a todos los problemas que nos esperan en un futuro más o menos inmediato y nada lo inmuta ni lo preocupa, felicidades. Siga siendo feliz y no lea esto. Por el contrario, si tiene la impresión deductiva o intuitiva de que algo no está funcionando como debe en el orden social y político en Estados Unidos, por favor no pare en este párrafo.

Para curarse de cualquier mal es necesario antes que nada un diagnóstico del problema. El cáncer, por ejemplo, es una de las dolencias más letales. Muchas veces no apreciamos sus síntomas hasta que resulta imposible la curación. En mi criterio los síntomas inequívocos de un cáncer social en América, muy cercano a la metástasis, están a la vista.

No soy infalible, ni remotamente presumo de ser el Nostradamus del exilio. Como todos, con frecuencia me equivoco, pero me he involucrado en la política doméstica de este país desde el momento en que desembarqué en el aeropuerto de Miami. Lo que pase aquí, malo o bueno, me afectará y afectará a mis descendientes. No brindo soluciones. No las tengo. Solo expongo aquí los peligros tremendos que se ciernen sobre la nación. Si algo de lo que explico en este trabajo es exagerado o distorsionado, las correcciones son bienvenidas.

La inmensa mayoría de mis lectores están como yo, afiliados al Partido Republicano. Somos además política y filosóficamente lo que aquí llaman conservadores o libertarios. Nuestras capacidades para avanzar nuestros derechos varían con cada individuo, pero la agenda tiránica de los enemigos avanza inexorablemente. ¿Piensa usted amigo lector que nos libramos de la tiranía futura por haber mantenido el Senado en manos republicanas? Observen sin pasión los pírricos porcentajes de victoria de los candidatos republicanos.

Tanto en la Florida como Ohio, tradicionales baluartes conservadores, los márgenes de victoria fueron de unos pocos puntos porcentuales. Aunque suene increíble a los más jóvenes lectores, California en un tiempo fue un baluarte republicano y conservador. Gracias a Howard Jarvis y su rebelión contra los impuestos estatales, me salvé de una muy probable bancarrota y segura pérdida de mi residencia en la década del 70. En esa época California progresaba por "leaps and bounds".

Honestamente creía que esa bonanza sería indefinida. ¡Tremendo error! ¿Qué pasó en California desde entonces? La respuesta viene en dos o tres párrafos por delante. Texas era considerada un baluarte conservador, el único populoso de la Unión. Sin embargo, aunque Ted Cruz finalmente derrotó a "Beto" O'Rourke, esto fue solo después de varias horas de conteo y su margen de victoria fue de una sola cifra.

Un indicio de nuestro problema es que todos los estados del Pacífico están dominados políticamente por la izquierda demócrata y que esta se vuelve más radical y totalitaria a medida que transcurre el tiempo. Incluso Nevada, Arizona y Colorado están también poco a poco cayendo en el redil izquierdista. ¿Qué está pasando?

La respuesta es dura, pero simple. California por ejemplo, tiene una gran semejanza con "Castrolandia" en que es un estado de un solo partido político. Aunque abrumadoramente derrotado, Cox al menos compitió como candidato republicano a la gubernatura en contra del inútil "pisa bonito" Gavin Newsom. No así la campaña por la senaduría federal, en la que se la disputaban dos demócratas radicales: Diane Feinstein, quien es una política profesional devenida en multimillonaria en el proceso. Su oponente, dicen que más izquierdista que ella, fue el derrotado Kevin de León. De león tiene el mismo "pasado laboral" que el del ex presidente Obama: sargento político.

Lo primero que me puso a pensar en este tema fue que en California los votantes derrotaron una proposición que derogaría un porcentaje grotesco del precio del galón de gasolina, establecido por el Gobernador Jerry Brown. Cualquier aumento del costo del combustible sube el precio de todos los artículos que requieran transporte, incluidos muchos de primera necesidad, contribuyendo a la inflación y perjudicando a todos.

¿A todos? No necesariamente. ¿Sabe el amable lector cuántos adultos con derecho al voto pagan impuestos por ingreso? De acuerdo a la oficina del censo solamente el 53%. En otras palabras el 47% no paga impuestos, pero puede votar. La relación entre causa y efecto es evidente y desastrosa. Batir palmas por victorias en el Senado es frívolo.

La Cámara de Representantes o congreso, es quien decide las prioridades en los gastos del gobierno federal. Que el ejecutivo pueda realmente negociar con esta manada incongruente es una soberana fantasía. Muchos entre quienes encabezarán los comités del congreso han demandado la cabeza de Trump, como la abiertamente comunista Maxine Waters, entre otros muchísimos traidores con poder político.

A causa de la porosidad de nuestras fronteras ese problema se seguirá empeorando, a menos que pongamos barreras infranqueables. En esto, como en otras muchas cosas, la Casa Blanca tiene toda la razón. Reconozcamos que perdimos la Cámara baja por lo menos hasta enero de 2021 y que esa pérdida va a tener consecuencias. No creo que los fondos para costear la pared estén disponibles hasta entonces.

¿Qué relación negativa existe entre la inmigración furtiva y los impuestos? Los lectores la conocen al dedillo, por lo que no es necesario repetirla. Básteme indicar que los estados con más influjo de extranjeros ilegales son los más afectados por impuestos ruinosos y déficits impagables.

Mis prioridades políticas son: Inmigración y seguridad en las fronteras, defensa nacional, economía, inversión, empleos y respeto por las leyes y la constitución. No tengo otras prioridades. ¡Pero las demando todas al mismo tiempo y ahora! Si los aprovechados con vocación de tiranos y los acéfalos con vocación de esclavos resultan mayoría, me importa medio pepino: al igual que antaño haré cuanto necesite para borrarlos del mapa.

 

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