EPIFANIA DEL SEÑOR

– 6 de enero de 2019 –

Padre Joaquín Rodríguez

Queridos hermanos:

Este primer domingo del año estamos celebrando la Epifanía del Señor, Solemnidad que nos invita, en la liturgia romana, a extender la celebración del misterio de la Encarnación en este ciclo litúrgico que llamamos muy apropiadamente de “las manifestaciones del Señor”.

El término griego Epifanía tenía el significado de ‘entrada poderosa’, por méritos propios, en la fama de las gentes, y se refería a la llegada del rey a una ciudad. También servía para indicar la aparición de una divinidad o de su intervención prodigiosa.

Esta fiesta nació en las iglesias de Oriente en la segunda mitad del siglo cuarto al mismo tiempo que la Navidad en Occidente, y tenía como objeto celebrar el nacimiento y el bautismo de Cristo.

Posteriormente las dos fiestas se celebraron en todas partes, quedando la Epifanía en Oriente como memoria del Bautismo mientras que en Occidente se celebra, sobre todo, la venida de los Magos, presentados como primicia de los gentiles, manifestándose Jesús como Señor de todos los pueblos.

Se revela así el misterio escondido de Dios: “Que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la Promesa en Jesucristo, por el Evangelio” (Efesios 3, 2-3ª.5-6). Es, pues, una solemnidad que desborda el tema concreto de los Magos de Oriente, cuya venida se recuerda en la lectura evangélica (Mateo 2, 1-12) y cuyo significado es profetizado en la primera lectura (Isaías 60, 1-6) y el Salmo responsorial (S. 71 con la antífona: “Se postrarán ante ti, Señor, todos los reyes de la tierra”).

En la liturgia romana la Epifanía del Señor tiene tres momentos que se entrelazan en las oraciones, lecturas y antífonas de la Liturgia de las Horas y la Eucaristía: “La adoración de los Magos”, “El Bautismo del Señor” y “Las Bodas de Caná”, (domingo siguiente al Bautismo del Señor en el ciclo C de lecturas que leemos este año).

Como podemos ver, la multitud de temas no se agotan en las liturgias que celebramos en este corto ciclo de Adviento-Navidad-Epifanía ya que, debido a la riqueza de significados extraídos de las Sagradas Escrituras y de la Tradición somos iluminados y llevados de la mano a contemplar en profundidad el gran misterio, nunca agotado, de la Encarnación; primer acontecimiento visible de nuestra Redención.

El tema de la luz concurre en esta fiesta por medio de una estrella, que nos llama a descubrir esa Luz única y verdadera que nos ilumina interiormente, y que consiste en el don de Aquel que es, El mismo, la “Luz del mundo” que ha venido para que ya no anduviésemos en tinieblas y podamos llegar a poseer su “Luz admirable”, que es “Jesucristo el Señor”.

 

COMENTARIOS


Comentario
*El Administrador de la Nueva Nacion se reseva el derecho de no aprobar comentarios inapropiados.
 
Missing Image